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Zaragoza

Javier Sardá se enfrenta a una charla con valor

El periodista estuvo durante el evento patrocinado por Telefónica y Caixa Bank.

Alejandro Toquero 14/05/2016 a las 06:00
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Javier Sardá se enfrenta a una charla con valor

Aunque Mari Cruz Soriano describió ayer en Zaragoza al periodista Javier Sardá como una persona temperamental e hiperactiva, lo cierto es que se mostró muy comedido. No estaba en la tele y de su interlocutora no le llegaron dardos envenenados, así que se defendió sin necesidad de sacar las garras. Si acaso, se le torció un poco el gesto cuando tras la amable conversación Mari Cruz Soriano se despidió así: “Espero que sigas siendo por mucho tiempo casta, porque sí Javier, tú eres casta de la buena, de esa que tiene connotaciones de gracia, tronío y salero”.

Los dos conversaron en las ´Charlas con valor` que patrocinan Telefónica y Caixa Bank, y lo hicieron ante un público heterogéneo. Asistieron los responsables en Aragón de Telefónica, Federico Tartón, y de Caixa Bank, Raúl Marqueta, e invitados como la directora general de Justicia, María Ángeles Júlvez; la galerista Cristina Marín; Marian Nadal, de la Joyería Ginés; las hermanas Blanca y Verónica Villarroya, de Industrias Químicas del Ebro; Pedro Gil, de la asociación Lupus; Daniel Gimeno, de la Fundación La Caridad; la artista Corita Viamonte y Carmen Corral, de la Asociación para la Defensa y Prevención de la Crueldad contra los Animales.

Javier Sardá recordó su infancia, lo difícil que lo tuvo su padre al quedarse viudo con cinco hijos. “Suerte que estaba Rosa María, que era la mayor”, comentó. De aquella etapa habló del “orden y equilibrio” que para él suponía ir al colegio, “aunque había profesores que te pegaban como si fuera algo normal”. Y rescató la imagen de su padre a la mesa “hablando mucho de la guerra”. “Años después comprendí esa frase que tantos españoles hemos oído: ´Acábate el plato que hay mucha gente que pasa hambre`”, dijo.

La charla enseguida derivó hacia lo profesional y ahí llegaron los momentos más divertidos. Salió a escena el Señor Casamajor y entre el público hubo quien todavía creía que realmente existió. Sardá recuperó su voz para relatar una anécdota radiofónica y recibió la mayor ovación de la velada.

El periodista confesó que el salto a la televisión, más que miedo, le produjo pánico. “No sabré estar, ni sonreír, ni moverme”, pensó. Todo fueron dudas hasta que en ´Moros y Cristianos` comprobó que su inseguridad no tenía razón de ser. “Nada más empezar el primer programa el Padre Apeles le llamó prostituta a Bienvenida Pérez y el griterío que se montó fue de los que hacen época; en ese momento comprendí que no había motivos para estar preocupado porque allí no pintaba nada”.

La etapa de ocho años en ´Crónicas Marcianas` la cerró “por felicidad personal”. “Siempre me he levantado a las siete de la mañana y a las once ya estoy durmiendo, así que durante ese tiempo pasé mucho sueño”. Y fue contundente sobre un posible regreso: “No voy a volver a presentar un programa diario; mis ambiciones profesionales están cubiertas y solo busco la calma”.

La hora de charla dio de sí para repasar el panorama político nacional e internacional. Habló del recurso de inconstitucionalidad contra la reforma del Estatuto catalán como el momento en el que “todo se empezó a torcer” en Cataluña. Sobre el panorama que se avecina con las nuevas elecciones hizo hincapié en el hecho de que “las continuas descalificaciones en las que caen los políticos lo único que consiguen es que la democracia se desgaste, cuando les necesitamos para reconciliarnos a todos”.

Por último, reflexionó sobre la figura de Donald Trump. “No se ha gastado un dólar en televisión, las tiene a todas a su lado para recoger la locura que dice cada día; cualquier candidato necesita estar rodeado de un centenar de expertos y él no tiene a nadie; le dicen que argumente y no descalifique a los suyos y hace lo que le da la gana. Hace unos meses no tenía posibilidades de ganar las elecciones…”. Y ahí dejó la inquietante reflexión minutos antes de despedirse y de prometer que pronto volverá a Zaragoza.







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