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Entrevista

Antonio Muñoz Molina: "La cultura y la educación casi nunca se han valorado en este país y eso se acaba pagando"

El escritor participó este pasado miércoles en un coloquio en las Cortes de Aragón dentro del ciclo 'Conversaciones en La Aljafería'.

P. Zapater. Zaragoza 18/02/2016 a las 06:00
Antonio Muñoz MolinaSandra Lario


El escritor y académico de la RAE Antonio Muñoz Molina (Úbeda, 1956) participó este pasado miércoles en la primera edición de 2016 del ciclo 'Conversaciones en La Aljafería', que tuvo lugar en la Sala Goya de la sede de las Cortes de Aragón.

El Premio Príncipe de Asturias de 2013 intervino en un coloquio junto a la librera Julia Millán (Antígona) y el director del Museo Pedagógico de Aragón, Víctor Juan Borroy.

-Este año se conmemora el cuarto centenario de la muerte de Cervantes. Cuatro siglos después, leemos y escribimos más que nunca pero no siempre es literatura...
-Bueno, si hay mucho algo bueno quedará. Es muy difícil saber lo que es literatura. Tener criterios demasiado rígidos sobre lo que es literatura, o sobre lo que es o no es bueno, resulta arriesgado porque existen muchos prejuicios y nos dejamos llevar por ellos. El Quijote era un libro bastante ajeno a lo que se consideraba alta literatura en el momento en que se publicó. Lo que se estimaba como alta literatura en su época eran los grandes poemas épicos, los tratados religiosos... pero lo que Cervantes hacía, que no tenía ni nombre porque el Quijote no se llamó novela en ese momento, era considerado como una cosa popular, de risa. Es decir, la consideración literaria del Quijote llegó mucho después.


-El español es un idioma de suma importancia en el mundo pero, ¿qué nos pasa con la lengua de Shakespeare?

-El español en el mundo es muy importante numéricamente pero le falta presencia cultural. En Estados Unidos se dice mucho que hay más de 50 millones de hablantes de español pero eso me parece irrelevante. La pregunta sería cuántos libros de español se editan y se leen, cuántos buenos periódicos hay en español, cuántos buenos programas de radio y televisión en español se emiten... y entonces puede haber sorpresas.

-Se sigue imponiendo el inglés.
-Ha sido la lengua de los más poderosos y de los más ricos durante mucho tiempo, y aparte de eso la presencia que ha tenido la cultura en la vida inglesa ha sido muy superior a la que ha tenido en la vida española, tristemente. Shakespeare nunca dejó de estar presente en la lengua inglesa, llena de expresiones y de giros que vienen de su literatura. Por si fuera poco, la primera biografía de Cervantes, de mediados del XVIII, se publicó en Inglaterra, no en España; y la primera edición seria del Quijote es inglesa, en español, pero publicada en Inglaterra. Tenemos un país en el que la cultura, el conocimiento y la educación no han sido valorados casi nunca y eso se acaba pagando.

-¿El futuro escenario político podría modificar esa tendencia?
-Una cosa que llama la atención de este gallinero político que estamos viviendo es que apenas se habla de nada importante, pero desde luego de lo que menos se discute es del modelo económico, la educación o el cambio climático. No se dice nada de educación ni de cultura. Es algo a lo que nadie de los que están en la política parece prestarle ninguna atención.

-Sus novelas abordan grandes temas que usted desarrolla a partir de pequeños sucesos que le llevan a iniciar un proceso de búsqueda...
-Me gusta mucho el periodismo. Los periódicos contienen gran literatura, y no me refiero solo a las columnas de opinión, también a los grandes reportajes. Esa literatura extraordinaria muchas veces es mejor que cosas que pasan por la literatura. Algunos de los más grandes escritores españoles del siglo XX han escrito en los periódicos, como Chaves Nogales o Josep Pla. Esa cosa de investigar, de buscar datos, me atrae mucho, me resulta muy atractivo porque te das cuenta de que la imaginación sola no va a ninguna parte. La riqueza de detalles que requiere un libro que te dé una impresión de verdad tiene que salir de lo concreto, de la experiencia vivida verdadera.

-¿Cuándo supo de manera firme que quería ser escritor?
-Es algo gradual. Cuando te haces escritor ya parece que el pasado te conducía obligatoriamente hasta ahí pero eso no es verdad. Uno empieza teniendo ilusiones infantiles o adolescentes. Me acuerdo perfectamente de cuándo me di cuenta de que existían escritores: leyendo las novelas de Julio Verne, como un niño que no sabe que las películas tienen un director. Hasta entonces no sabía que los libros los escribía alguien. Me aficioné a leer a Verne y recuerdo la contraportada de unas ediciones que había en la editorial Molina, en las que venía la foto del escritor con su barba blanca, y entonces dije: “Este es el que ha hecho esto que me gustado tanto. A mí me gustaría ser así”. Fue una revelación. Lo otro va llegando poco a poco y desde luego uno es escritor en el momento en que los demás consideren que lo eres. Es una cosa rara, un trabajo, un oficio, pero también una ilusión.

-A lo largo de su carrera ha sido galardonado con muchos de los premios literarios más prestigiosos y su nombre ha sonado más de una vez como futurible Nobel...
-Creo que un escritor, preferiblemente, no debe pensar en esas cosas. Cualquier premio, si llega, está bien; y si no, también. Muchos buenos escritores no han recibido el premio Nobel, el Cervantes o el Goncourt. También hay malos escritores que han sido premiados. Esas cosas son secundarias y deben serlo porque el único premio al que un escritor debe aspirar es a escribir lo mejor que uno pueda. Todo lo demás, puede venir o no. También puede ser una pesadez. Si te conviertes demasiado en una figura pública no tienes el sosiego que necesitas para escribir, leer, escuchar música o pasear tranquilamente por la calle. Hay escritores a los que veo con una posición pública muy llamativa. A mí no apetece eso.

-Varias de sus novelas se han llevado al cine. ¿Esta satisfecho con el resultado?
-Son cosas que no son asunto mío. Lo mío es escribir la novela. Después, si la película sale bien, pues me gusta. Si no sale bien, pues problema de su director y de la gente que la ha hecho. Soy muy aficionado al cine pero no tengo una relación estrecha, práctica, con el cine. Solo como espectador. Mi mujer -Elvira Lindo-, por ejemplo, ha escrito mucho para cine, hace guiones... A mí me gusta ver películas tranquilamente. El cine es trabajo de ellos y el mío es otro.

-Usted afirma que la literatura es su afición y su trabajo pero que no cree que sea lo más importante de la vida...
-Para cualquiera, el trabajo es prioritario pero hay otras cosas. El bienestar de las personas que uno quiere es más importante que la literatura, por ejemplo. Al menos para mí.







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