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Perspectivas 2018

Mirando a Cataluña

"En Cataluña se suspendió ‘de facto’ la vigencia del Estado de derecho".

Enrique Cebrián 02/01/2018 a las 05:00

Creo que no hay duda de que el año que ahora concluye ha supuesto un antes y un después en las relaciones entre Cataluña y el resto de España. Estamos acostumbrados al uso desmedido de expresiones como esta del ‘antes y el después’, de igual modo que cada semana asistimos a uno o dos acontecimientos ‘históricos’. Pero las cosas se han deteriorado tanto que creo que esta vez, con justicia, podemos hablar de un antes y un después. Los historiadores que en el futuro estudien este asunto por fuerza habrán de conceder a 2017 una atención especial.

Antes de seguir, debo confesarles algo: el párrafo que acaban de leer no es nuevo. Lo escribí hace tres años. Hacía referencia a 2014, en lugar de a 2017. Lo publicó HERALDO DE ARAGÓN en un especial como este. Si hoy la lectura de esas palabras no les ha sorprendido –como creo que no lo habrá hecho– se debe a que la cuestión última ha seguido existiendo y, si hacemos un diagnóstico, deduciremos además que se ha ido deteriorando progresivamente.

Una característica de nuestro tiempo es la de que, incluso cuando el tema de fondo permanece, la actualidad varía a gran velocidad. Por ello, hacer un listado de los episodios del año que termina en relación con la llamada ‘cuestión catalana’ sería una labor casi inabarcable. La tragedia, la farsa y el esperpento han hecho su aparición en demasiadas ocasiones, con la ayuda de las posverdades de turno y en una coyuntura política y social propicia a la perversión del lenguaje y al ensalzamiento del factor emocional en detrimento del debate razonado. Ha escrito Eduardo Mendoza en ‘Qué está pasando en Cataluña’: "Ahora el panorama es sombrío. No se le ve salida, entre otras cosas, porque se ha llegado muy lejos sin saber cómo ni para qué. A la vista de los acontecimientos recientes, uno se pregunta si lo sucedido responde a un plan rigurosamente concebido y llevado a término, o a una alocada improvisación, o a una combinación de lo uno y lo otro".

Pese a la dificultad de hacer un relato detallado, existen algunos hechos que no debemos pasar por alto: la mayoría independentista en el Parlament aprobó una declaración de independencia. Antes se habían aprobado la Ley del referéndum de autodeterminación y la de transitoriedad jurídica y fundacional de la república, ambas sin el respeto a los procedimientos parlamentarios recogidos en el Reglamento y destinados a garantizar el pluralismo político y la protección de las minorías, contraviniendo también las resoluciones del Tribunal Constitucional, el informe de los letrados de la Cámara y los informes del Consell de Garanties Estatutàries. Asimismo, se había celebrado un referéndum cuya convocatoria había sido suspendida por el Constitucional; con la voluntad de evitar su celebración, las fuerzas de seguridad del Estado cumplieron su cometido correctamente, pero es cierto que, aunque excepcionales, hubo casos de clara extralimitación en el ejercicio de sus funciones que deben denunciarse. Con todo lo relatado, lo que ocurrió en Cataluña fue que se suspendió ‘de facto’ la vigencia de la Constitución y del Estatuto de Autonomía; se suspendió, en definitiva, la vigencia del Estado de derecho. Las autoridades catalanas se levantaron contra aquellas normas de las que deriva su legitimidad, basándose en dos contraposiciones peligrosas: la establecida, como ha denunciado Roberto Blanco, entre el ‘pueblo’ de Cataluña y una ‘nación’ catalana concebida exclusivamente como la nación de los nacionalistas catalanes. Y otra, que es la que marca una diferencia falaz –hoy y aquí–, entre democracia y Estado de derecho.

El Estado tuvo la obligación urgente de garantizar la legalidad, que es tanto como garantizar los principios democráticos y los derechos de los ciudadanos. Al terminar de escribir estas líneas, hace pocas horas que se han conocido los resultados de las elecciones al Parlament. La realidad es compleja, pero es responsabilidad de los representantes políticos trabajar con esa realidad existente y no con situaciones soñadas. Hay mucho en juego. Sería deseable, al menos, que, al terminar el 2018 que ahora empieza no tuviera sentido que un artículo como este pudiera iniciarse otra vez con el párrafo con el que se abrió.





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