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Tribunales

Más de tres años sin Katia, Rocío, Cristina, Teresa y Belén

El padre de una de las víctimas del Madrid Arena escribe una carta homenaje afeando la conducta de los organizadores y la administración.

Agencias Actualizada 12/01/2016 a las 09:35
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Foto de archivo de un homenaje a las víctimas del Madrid Arena.


En la madrugada del 1 de noviembre de 2012, Katia Esteban, Rocío Oña y Cristina Arce, las tres de 18 años, fallecieron como consecuencia de la avalancha que se produjo en el interior de uno de los vomitorios del Madrid Arena por sobreaforo en una fiesta de Halloween. Otras dos jóvenes, Teresa Alonso, de 20 años, y Belén Langdon, de 17, tuvieron que ser ingresadas en estado grave pero muriendo poco después.

Tal y como recoge el escrito definitivo del juez Eduardo López-Palop, se produjo un "exceso de aforo" en el recinto, cuya capacidad es de 10.620 personas mientras que para la fiesta se llegaron a vender en torno a 23.000 entradas.

Así, se asegura en el auto que "la pista central del espacio se encontraba no solamente saturada, sino en una situación de aglomeración y contacto físico entre las personas, que las impedía desplazarse en la dirección deseada, situación de angustia para muchas de ellas".

A ello se añade el hecho de que se metiera "de golpe" a 3.000 personas a la pista central para disfrutar de la sesión del dj Steve Aoki.

Carta homenaje


El padre de Katia, Ángel María Esteban, ligado a la localidad turolense de Montreal del Campo, ha escrito una carta simulando que es su propia hija quien la redacta durante la fiesta en la que critica la conducta de organizadores y de la administración.


En ella, el padre escribe, como si lo hubiera hecho su propia hija, que fue llevada a una sala donde había "unas personas con bata blanca" que la tumbaron en el suelo, pero "no se acercaron y la oscuridad invadió todo".


Al comienzo de la carta, Esteban manifiesta en boca de su hija, que esta "esperaba que hubiese más policía y estuviese más controlado por el hecho de ser un recinto municipal", para del mismo modo reconocer que ni les registraron el bolso ni les pidieron la documentación.

Esteban también reproduce el dolor que sufrió su hija durante la trágica fiesta: "me están apretando, aplastando, me cuesta respirar, poco a poco el dolor me va desapareciendo, ya no siento nada, creo que me voy a morir, papá".

Tras finalizar la misiva con un "papá te quiero", Ángel María Esteban dedica las líneas a "aquel que permitió que hubiese el doble o triple de personas de las permitidas, a las autoridades que permitieron que las puertas de emergencia las cerrasen con las barras del bar, a los que abrieron las puertas para que entrasen en desbandada, a los que permitieron el botellón, a los políticos que no controlaron que se cumpliesen las leyes, a los médicos que no hicieron nada".

Por último, Esteban pide que "ojalá nunca" todas las personas nombradas anteriormente, se encuentren en su situación, "ni con hijos, ni con nietos", ya que, para Esteban, lo que han hecho "no tiene perdón de Dios".







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