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Afganistán

El incierto futuro de los amputados de guerra del Ejército afgano

De las 800.000 personas discapacitadas a causa de la guerra, solo 130.000 reciben una pensión mensual, en muchos casos insuficiente.

Baber Khan Sahel (Efe) Kabul Actualizada 03/01/2018 a las 09:19
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Afganistán

El veterano de guerra Rafiullah Khan tiene 32 años y desde que perdió las piernas hace dos años al pisar una mina colocada por los talibanes, acude a diario a su precaria tienda con la esperanza de ganar algo de dinero para mantener a su familia.

Rafiullah forma parte de los 1.743 miembros del Ejército de Afganistán que quedaron discapacitados entre 2003 y 2017, según datos del Ministerio de Defensa, y es uno más de entre las decenas de miles de afganos heridos gravemente en cuatro décadas de guerra.

La mayor parte de los días, Rafiullah vuelve de su negocio situado al borde de una carretera sin ganar una sola moneda.

"Estaba subiendo por el centro de un camino hacia nuestro puesto de guardia elevado, cuando pisé una mina enemiga y sentí una fuerte sacudida. Al abrir los ojos, estaba en un hospital militar", recordó a Efe el exsoldado.

Las heridas en la parte inferior de su pierna izquierda eran graves y el daño en la derecha era menor, por lo que Rafiullah fue trasladado al principal hospital militar de Kabul con la esperanza de salvar una de sus extremidades.

"Consentí que me amputaran la pierna izquierda, pero cuando después de la operación abrí los ojos vi que mis dos piernas habían sido cortadas", lamentó, quejándose de que los doctores no se esforzaron lo suficiente.

Fue entonces cuando su esperanza de convertirse en un "oficial de alto rango" se desvaneció para siempre.

De vuelta a su ciudad natal, Asadabad, capital de la provincia de Kunar (este), Rafiullah trabaja hasta diez horas al día arreglando generadores eléctricos y ganando unos 5.000 afganis al mes (casi 72 dólares), con los que se alimentan él, su mujer y sus cinco hijos.

El antiguo militar no es el único miembro de la familia víctima de la guerra, una situación que no es infrecuente en Afganistán.

Su hermano mayor, policía, murió en un encuentro con los talibanes, otro de sus hermanos que también hacía carrera en el Ejército murió en la provincia de Helmand (suroeste), y su padre perdió un ojo hace décadas.

En teoría, el Ministerio de Defensa debe pagar una pensión mensual a los militares discapacitados igual al último salario recibido en servicio.

Pero dos años después de la explosión que le arrebató las piernas, el ex soldado no ha visto llegar el dinero prometido por culpa de la burocracia, aunque afirma haber rellenado los formularios necesarios y haber completado el procedimiento.

"Creo que están jugando conmigo, cada vez que visito a los oficiales (para preguntarles) sobre mi pensión me dicen '¡espera, espera!'. Y tengo que esperar", dijo.

Rafiullah sí recibió un pago único de 3.200 dólares, al que los militares tienen derecho además de la pensión mensual, que se esfumó en tratamientos médicos y deudas contraídas por su familia mientras él estaba en el hospital.

Los últimos 540 dólares de ese pago los invirtió en una moto de cuatro ruedas que le permite desplazarse, ya que aseguró que su peso corporal no le permitía utilizar sus prótesis de piernas.

Hay prótesis más ligeras disponibles en Turquía o Alemania, explica Rafiullah, pero con sus problemas económicos viajar al extranjero no es una opción.

El portavoz del Ministerio de Defensa, Muhammad Radmanish, describió a Efe los beneficios con que cuentan los discapacitados militares: "Una pensión única de 3.000 dólares en efectivo, una parcela de tierra junto a 200.000 afganis (2.800 dólares) para construir una casa".

"A algunos les damos un trabajo en el Ministerio para empoderarles y que no se sientan una carga sobre los hombros de la sociedad", añadió.

La ocupación soviética en los años 80, la posterior guerra civil hasta el ascenso de los talibanes en 1996 y la invasión de Estados Unidos y la OTAN desde 2001, han dejado cientos de miles de artefactos explosivos diseminados por todo Afganistán.

El Ministerio del Trabajo, Asuntos Sociales, Mártires e Incapacitados estima que 800.000 civiles y miembros de las fuerzas de seguridad quedaron discapacitados en el país a causa de décadas de guerra.

Sin embargo, solo 130.000 de ellos están inscritos en los registros gubernamentales y reciben una pensión mensual, en muchos casos insuficiente para cubrir las necesidades básicas de la familia.





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