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Egipto

La plaza Tahrir se alza contra Mursi y el "dominio islamista"

Decenas de miles de personas corearon con una sola voz que "la revolución continúa" y que "el pueblo quiere la caída del régimen".

Marina Villén (Efe). El Cairo Actualizada 27/11/2012 a las 20:11
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La Plaza de Tahrir durante las protestas contra MursiEFE

El espíritu revolucionario se adueñó de la plaza cairota de Tahrir para exigir que el presidente egipcio, Mohamed Mursi, dé marcha atrás en sus últimas decisiones y reivindicar que los islamistas no dominen todos los resortes del poder. 

Decenas de miles de personas corearon con una sola voz que "la revolución continúa" y que "el pueblo quiere la caída del régimen", en un nuevo paso en sus demandas contra lo que consideran la "dictadura" de Mursi y de los Hermanos Musulmanes, el grupo al que perteneció el mandatario hasta que asumió la Presidencia.

"Mursi es mucho más peligroso que (el expresidente Hosni) Mubarak. Solo piensa en los Hermanos Musulmanes, que buscan controlar todo", dijo Ihab Yusef, empleado en un banco.

Para Yusef, el presidente quiere "acumular todos los poderes" con el acta constitucional emitida el pasado jueves, que blinda sus decisiones ante la Justicia al declararlas inapelables y definitivas hasta la entrada en vigor de una nueva Constitución.

Este sentimiento era mayoritario en Tahrir, en cuyo centro plagado de tiendas de campaña desde hace cuatro días, destaca una pancarta que reza "Egipto para todos los egipcios".

Los presentes en Tahrir criticaron no solo la citada declaración constitucional, que ha sido la gota que ha colmado el vaso de su paciencia, sino el dominio de las fuerzas islamistas en la asamblea que redacta la nueva Carta Magna.

El manifestante Gamal Aburinad explicó junto a una de las tiendas levantadas en la plaza que es necesario cambiar la Asamblea Constituyente, de la que se han retirado las fuerzas liberales.

"Los Hermanos Musulmanes han monopolizado el poder en esta comisión y en todas las instituciones de Egipto", denunció Aburinad, que pretende seguir en Tahrir hasta que se cumplan sus demandas.

Entre las medidas adoptadas por Mursi el pasado jueves, figura que la actual Asamblea Constituyente y la Cámara alta del Parlamento sean indisolubles.

Pese a los temores al predominio de los islamistas, los presentes en Tahrir, simpatizantes de las fuerzas liberales, se mostraron felices al ver que su pulso contra Mursi y la cofradía estaba teniendo éxito.

"La plaza está llena sin los Hermanos Musulmanes", gritó un hombre desde un micrófono, en alusión a que en los últimos tiempos las manifestaciones más multitudinarias eran las convocadas por los islamistas.

Tahrir volvió a ser el punto en el que confluyen todos los caminos, con marchas provenientes de varias mezquitas de El Cairo en las que participaron personalidades como el Premio Nobel de la Paz Mohamed el Baradei, el excandidato presidencial Hamdin Sabahi y el conocido escritor Alaa el Aswany.

La división de la sociedad egipcia, palpable desde la llegada al poder de Mursi, se ha hecho aún más evidente desde el acta constitucional.

Para apoyar estas decisiones, los Hermanos Musulmanes habían convocado para esta jornada otra manifestación cerca de la Universidad de El Cairo, que el lunes decidieron cancelar para evitar disturbios con los opositores al presidente.

Aunque se retiraron de El Cairo, los islamistas hicieron una demostración de fuerza en la ciudad septentrional de Alejandría, uno de sus bastiones.

El ambiente en Tahrir se mantuvo tranquilo, pero en la cercana plaza de Simón Bolivar continuaron los enfrentamientos esporádicos entre manifestantes y fuerzas de seguridad.

En estos choques, un joven de 28 años falleció al sufrir complicaciones respiratorias tras inhalar gases lacrimógenos lanzados por la policía.

Al margen de la plaza, pero con un ojo en la misma, los miembros del Consejo Superior de Justicia, críticos con las decisiones de Mursi, mantuvieron hoy una reunión de más de siete horas en la que participó el nuevo fiscal general, Talat Ibrahim, en el cargo gracias al decreto presidencial.

El acta constitucional no solo ha calentado la calle y unido a los liberales, sino que ha reforzado el pulso entre el poder judicial y el jefe de Estado, que no parece dispuesto a que los magistrados se interpongan en su camino.







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