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Gastronomía
Vinos

Vinos de terruño alemán, un tesoro

El vinicultor alemán Alexander Barzen, que colabora con Ciriaco Yáñez en la elaboración de los vinos de gewürztraminer y de riesling, visitó la Vinatería Yáñez de Zaragoza.

José Luis Solanilla. Zaragoza Actualizada 15/05/2013 a las 11:42
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Un momento de la cata de los vinos de Alexander Barzen, a la derecha. HA

La Vinatería Yáñez de Zaragoza recibió esta semana una visita especial, la del vitivinicultor alemán Alexander Barzen, que colabora con Ciriaco Yáñez en la elaboración de los vinos de gewürztraminer y de riesling que llegan de allí y que se venden con la etiqueta de la vinatería zaragozana. Alexander Barzen desgranó las características de sus vinos del Rhin, surgidos de empinadas y empedradas parcelas y con una tradición familiar de casi cuatrocientos años de historia, en una pequeña propiedad de dos hectáreas situada en el centro del curso del río Mosel, afluente del gran río germano.

Pudimos disfrutar de toda la gamas de vinos que elabora, empezando por un espumoso, una de las especialidades de la zona, denominado Sekt y con la riesling como auténtica protagonista, para transmitir unas sensaciones de terroir dignas de los mejores paladares. Es un terreno muy marcado por una climatología difícil, donde la maduración lleva unos ritmos bastante más lentos que por estos lares.

Los terrenos son sobre todo pizarrosos, lo cual se trasmite muy bien a los caldos, combinando deliciosamente con la fresca acidez que dejan en la boca.

Se bebieron también dos vinos secos y dos dulces, entre los que estaba el 'eiswein' o vino de hielo que se elabora con las uvas de racimos congelados en la propia cepa, prensados inmediatamente para extraer lo mejor de cada grano.

Barzen destacó la estupenda evolución que tienen estos vinos en botella. Los secos casi exigen al menos dos años de permanencia en el envase para poder beberlos con todo su potencial y pueden ofrecer lo mejor de ellos mismos durante los diez años siguientes. Los dulces pueden aguantar sin pestañear veinte años o más y al abrirlos están en perfectas condiciones. Es un concepto de vinos-tesoro que quizás no casa con los tiempos que nos toca vivir.


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