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Real Zaragoza

Carreras y su vía crucis en Vitoria, su casa cinco años

El entrenador del Real Zaragoza se retiró como jugador y comenzó como entrenador en el Alavés. Allí vivió un lustro convulso

Paco Giménez. Zaragoza 01/03/2016 a las 17:07
Lluís Carreras celebra un gol con Rubén Navarro en su época de jugador del Deportivo Alavés.Josu Onandia/El Correo Vitoria

Lluís Carreras vuelve, en cierto modo, a su casa. Porque el entrenador del Real Zaragoza fue ciudadano de Vitoria durante cinco años, y no demasiado atrás en el tiempo: desde el verano de 2004 hasta el del 2009. Al barcelonés, el paseo de la Senda, la avenida de Gasteiz, el parque de La Florida, la emblemática calle Dato o la plaza de la Virgen Blanca le son familiares. Mucho. Y Mendizorroza, el estadio donde se va a jugar al mediodía del próximo domingo un partido clave en las aspiraciones de ascenso del Alavés y el Zaragoza, mucho más. Carreras tuvo en la capital vitoriana su lugar geográfico de referencia en la siempre difícil metamorfosis de un futbolista profesional a entrenador de élite. En Vitoria colgó las botas como jugador y allí mismo se tituló y se escudilló como lo que es hoy, técnico de primer nivel en el fútbol español. A la capital vasca llegó con 32 años y su familia ya formada. Y de allí se marchó con 37, hace solo ocho años.

Lo que debería ser el regreso a un lugar de gratos recuerdos, por cómo fueron esos cinco años, no deja de ser la vuelta a rumiar un sinfín de malas experiencias, de conflictos graves y desagradables, de visitas a los juzgados, de hundimientos deportivos del club en todos sus sectores. Hechos de marcado cariz negativo que impregnan las vivencias positivas que, asimismo, pudiera disfrutar en Vitoria el actual preparador zaragocista, que también las hubo. Porque a Carreras le tocó vivir el caos de Dmitry Piterman, el singular dirigente ucraniano que desembarcó en el balompié español a principios de este siglo XXI para armar los más grandes incendios societarios y futbolísticos hasta entonces conocidos en los clubes por los que pasó: Palamós, Alavés y Racing de Santander. El Alavés, de la mano de Piterman, pasó de Primera División a Segunda B en un proceso de tierra quemada en el que Carreras fue una víctima más de un amplio elenco de profesionales.

En medio de ese lío constante y progresivo, Lluís Carreras, lateral zurdo de largo recorrido que también se adaptaba al medio centro, jugó en el Alavés en tres temporadas. Bastante en la primera, la 2004-05, en la que participó en 24 partidos en el ascenso de los albiazules de Segunda a Primera. Muy poco en la segunda, la 2005-06, donde en la máxima categoría solo jugó en cuatro choques. Y apenas en la tercera, la 2006-07, de nuevo en Segunda División, y en la que apenas se contó con él en los albores de la campaña en las dos eliminatorias coperas que jugó el Alavés contra el Tenerife y el Poli Ejido. El fuerte carácter y la marcada personalidad de Carreras lo convirtió desde el primer momento en adalid de la lucha interna contra Piterman y todo lo que fuese unido al catastrófico presidente alavesista, por ejemplo, el entrenador de cabecera de éste, el cántabro Chuchi Cos, con el que sus encontronazos fueron permanentes. El tercer y último año, acabaría sin ficha y entrenándose solo por el alto de Armentia y los alrededores de Mendizorroza.

Carreras no abandonó nunca la lucha. Siguió en Vitoria cuando, a cualquier otra persona ajena a la ciudad vasca, lo que el cuerpo le hubiese pedido de manera natural hubiera sido marcharse lejos y para siempre. Aguantó ataques personales de los jefes del club hasta que éstos fueron desterrados un buen día. Pero, con pulso firme, tiró hacia delante con sus demandas judiciales (individuales y también colectivas, con otros muchos miembros de aquella plantilla) y, mientras la guerra civil del Alavés bullía sin remedio, él se iba sacando los títulos de entrenador para, un día, enlazar su adiós como futbolista con la nueva etapa al frente de los banquillos.

Cuando Piterman y su gente abandonaron el Alavés, en la liga 2007-08, Carreras fue rescatado como asistente del primer equipo (delegado, segundo) y ejerció las prácticas en los juveniles en la Ciudad Deportiva de Zuazo. El Alavés, herido casi mortalmente por todo lo sucedido en el trienio previo, se hundió en Segunda B. A mitad del curso siguiente, el 2008-09, el baile de entrenadores en el primer equipo (de Josu Uribe se había pasado a José María Salmerón, al que relevaría Manix Mandiola y después Javi López) acabó dejando vacante el banquillo del filial, el Alavés B de Tercera División, que fue adjudicado a Lluís Carreras en enero del citado 2009. Ahí debutó oficialmente como primer técnico de un equipo en categoría nacional. Un estreno con final oscuro, pues ese filial estaba tan tocado o más que el primer equipo y acabó descendiendo de Tercera a Regional Preferente.

Una vez solucionados los múltiples y variopintos problemas que a Carreras (y al resto de jugadores, técnicos y empleados de aquella triste etapa del Alavés), el ya bautizado entrenador de San Pol de Mar decidió volver a su casa. Tras unos meses de transición y readaptación a la paz mental y la normalidad personal y familiar, Carreras arrancó su periplo en el Sabadell en 2010, el lugar donde floreció y creció en el ámbito de los banquillos profesionales y donde tomó impulso para, después de su breve paso por el Mallorca, acabar recalando este año en el Real Zaragoza.

Con el cuadro aragonés volverá el domingo a Mendizorroza. Su casa desde 2004 hasta 2009. La casa en la que poco pudo disfrutar en unos momentos culminantes de su trayectoria profesional. Hace año y medio ya pudo vivir la experiencia como técnico del club mallorquín (perdió 1-0). Esta vez, en un club en el que aspira a coger un vuelo más alto dentro de su incipiente carrera como entrenador, Lluís vivirá una mañana extremadamente especial. Cinco años de una vida laboral es un trecho importante para cualquier persona. Pasarlos en un Alavés como aquel de Piterman y sus nocivas secuelas debió marcar a fuego muchos lugares, rincones y recuerdos de tipos como el actual entrenador zaragocista.







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