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Champions League

Cristiano pone color a las viejas gestas

El jugador portugués anota su primer hat-trick en una eliminatoria de Champions.

Roberto Morales/Efe. Madrid Actualizada 12/04/2016 a las 23:05
Ronaldo celebra el tercer gol de la noche.Efe/J. J. Guillén

Cristiano Ronaldo, con un triplete para los anales de la historia del madridismo (3-0), puso color a las viejas gestas que dieron forma a la historia del Real Madrid, levantó los dos goles de desventaja ante el Wolfsburgo y clasificó a su equipo para su sexta semifinal de la Liga de Campeones consecutiva.

El Santiago Bernabéu rememoró una de sus noches mágicas, recuperó el ambiente de las viejas gestas y disfrutó de la remontada de un equipo que se jugaba la temporada en 90 minutos. Remontó a base de fútbol y garra. De actitud de todo un equipo unido. Zidane dio importancia en la víspera al balón, pero a falta de brillantez en tramos del partido hubo que tirar de otros aspectos y de Cristiano. El verdadero líder salió al rescate con un partido para enmarcar.

No salió a encerrarse el Wolfsburgo pero fue atropellado. El Real Madrid salió a morir, mordía en cada balón con una presión alta que convertía en monólogo el duelo. Toques con velocidad, combinaciones verticales, líneas juntas y todos los rechaces a jugadores de blanco. Los goles, con esa actitud, eran cuestión de minutos.

El peligro lo comenzaba a sentir el Wolfsburgo con un cabezazo en escorzo de Ramos que acabó repeliendo el travesaño. Buscaba el camino al peligro el Real Madrid, rascando en cada balón, mostrando a su rival que para conseguir la que habría sido su primera clasificación a semifinales de su historia iba a tener que sufrir.

No hay remontada posible sin un gol en el primer tercio del partido. Se cumplía el minuto 15 cuando Carvajal, justo el jugador que no jugó en Alemania y se vio a un Danilo superado ante Draxler, puso un centro raso al segundo palo donde sufren los defensas y el portero rival y aparecen los devoradores del gol. Habitaba esa zona de peligro Cristiano que empujó a la red el primero.

Desataba la locura el astro portugués que segundos después encontraba un nuevo centro medido de Carvajal pero su remate lo estrellaba en la defensa. Pasaba tan solo un minuto de abrir la lata cuando inventó un testarazo picado a un saque de esquina de Kroos para firmar su doblete. Era el minuto 17 y el Real Madrid ya había recortado la desventaja de dos goles ante la locura de una afición que lo llevaba en volandas.

Fueron minutos de vendaval blanco. Con un ritmo demoledor se multiplicaba Benzema, que hacía daño en cada acción, con cada movimiento. Solo faltaba por sumarse a la fiesta Bale, caído a banda derecha sin encontrar la forma de brillar pese a sus intentos. Fue cuando el Real Madrid decidió bajar el ritmo y aumentar el riesgo. Permitió resucitar al Wolfsburgo por momentos, entregarle el balón y guardar fuerzas para lo que venía. Aguantar al ritmo inicial era misión imposible.

Comenzó a inquietar el Wolfsburgo a balón parado y acabó sacando la versión salvadora de Keylor Navas. La línea defensiva adelantada alemana hizo caer en continuos fueras de juego a los madridistas. Luiz Gustavo chutaba blando primero y un latigazo minutos después ante el que voló el portero costarricense.

Se le presentaba la opción de contragolpe al Real Madrid. Benzema condujo un tres para tres en el que decidió chutar y Benaglio adivinó sus intenciones por bajo. El jugador más brillante de la ida caía lesionado, Draxler dejaba a los alemanes sin una de sus mejores armas y el Bernabéu temblaba ante una indecisión de Marcelo. Henrique tardó en chutar con todo para marcar y dio tiempo a Ramos para encimarle y sacar el disparo a córner.

Zidane decidió no tocar su sistema. No cambió de banda a Bale, ni pasó a línea de cuatro en el centro del campo. Confiaba hasta el final en su idea inicial. La remontada se pudo firmar en el último segundo del primer acto. Un balón muerto cayó a Benzema que no chutó de primeras y cuando lo hizo ya fue tarde.

Recuperó la fuerza de inicio en el segundo acto el Real Madrid, con Carvajal enchufadísimo, desequilibrando en cada una de sus subidas. Sin ocasiones claras, volvió a meter el miedo en el cuerpo a su rival. Se sucedían los saques de esquina. Se mascaba la remontada.

Tardó en llegar y no faltó la dosis de sufrimiento para hacer más sabrosa la victoria. Un centro de Modric lo despejó a su portería Guilavoguí a la hora de partido y la sacó como pudo Benaglio. Salvador el arquero ante un testarazo de Ramos que repelió el poste y sobre línea de gol sacó con la duda de si el balón entró por completo.

El tremendo esfuerzo comenzaba a pasar factura a los jugadores de arriba. Las ayudas en defensa dejaban de llegar y Pepe se desesperaba a gritos cuando el Wolfsburgo llegaba con velocidad. Vieirinha en carrera chutó fuera cuando pudo castigar a un Real Madrid partido. Dante cabeceaba un centro de una falta lateral a las manos de Keylor.

Era el momento de agarrarse al salvador. El héroe reapareció con fuerza en escena como más le gusta. Una falta que chutó con menos potencia de la habitual, aprovechándose de que se abrió la barrera para marcar ajustado al poste. Cristiano desataba la locura. Temblaba la tribuna del Bernabéu, con toda la afición botando, al fin orgullos de su equipo por la entrega. Había recuperado su identidad.

Restaban trece minutos para el final en los que se apeló a la garra. Benaglio evitó la sentencia definitiva a un disparo ajustado de Benzema y el Real Madrid acabó achicando balones, sin la entrada en el campo de Isco ni James. El mismo once del Clásico y la misma situación para los dos jugadores más técnicos. A nadie le importaba, la remontada europea estaba firmada 14 años después, y el Real Madrid saborea su sexta semifinal de Liga de Campeones consecutiva. Con Zidane vuelve a tener licencia para soñar.







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