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LA RECOMENDACIÓN

Los dioses húngaros de la imagen

Ibercaja recoge una exposición de cinco grandes fotógrafos magiares: Brassaï, Robert Capa, Martin Munkacsi, László Moholy-Nagy y André Kertész.

ANTÓN CASTRO Actualizada 25/10/2011 a las 19:57
2 Comentarios
Muerte de un miliciano ROBERT CAPA

La fotografía húngara de entreguerras siempre ha tenido una personalidad muy especial. En las dos primeras décadas del siglo XX fue esencialmente pictorialista bajo el magisterio de Jozsef Pécsi, luego evolucionó hacia un nuevo estadio de objetividad y de insólita dimensión artística. Y en ese acelerón fueron determinantes algunos artistas como André Kertész (1894-1985), Martin Munkacsi (1896-1963), Robert Capa (1913-1954), László Moholy-Nagy (1895-1946) y Brassaï (1899-1984), que son objeto de una interesante exposición en Ibercaja-Patio de la Infanta.

Todos tienen una personalidad definida: algunos de combatieron en la I Guerra Mundial, como Kertész y Moholy-Nagy, y otros como Capa deben su fama a la Guerra Civil española, a la II Guerra Mundial y a los conflictos del mundo; Capa, el hombre que sigue levantando polémicas después de muerto con su famoso miliciano de Cerro Muriano, falleció en Indochina tras pisar una mina antipersona: para entonces ya empezaba a ser leyenda. Había sido ‘inventado’ por una mujer, Gerda Taro, que sería aplastada en la batalla de Brunete por una tanqueta, y había amado a criaturas tan hermosas e inolvidables como Heddy Lamarr o Ingrid Bergman, con quien estuvo a punto de casarse.

Los cinco son muy diferentes, y en realidad apenas se conocieron en su país. Kertész ayudaría a Capa en París y acabaría, convertido en un maestro absoluto de la fotografía, en Estados Unidos; su calidad y su variedad de registros le llevó a decir a Cartier-Bresson: "Todos estamos en deuda con Kertész". Munkacsi se trasladó a Berlín siendo ya un fotoperiodista de éxito, especializado en el deporte. Allí deslumbró de inmediato. Edward Steichen acabaría descubriendo sus fotos, y empezó a colaborar en revistas norteamericanos: hizo deporte, moda, actores de Hollywood (entre ellos, además de Marlene Dietrich, las hermanas Hepburn, rubias y pecosas), pintores como Diego Rivera y Frida Kahlo, captó como nadie el movimiento y las fotos de playa, y deslumbró a un joven Richard Avedon, que cubriría una habitación con sus fotos publicadas en la prensa. Murió en un partido de fútbol de un ataque al corazón.

Moholy-Nagy y Brassaï querían ser otra cosa, y lo fueron. Moholy-Nagy fue un artista de vanguardia, vinculado a la Bauhaus, y Brassaï, gran amigo de Picasso, fue pintor. Sin embargo, el uno y el otro acabaron realizando una valiosa obra fotográfica. Moholy-Nagy tiene un sesgo experimental, de líneas y geometrías, de picados y contrapicados, de fotomontajes, de climas y de composiciones audaces. Brassaï es, ante todo, como lo sería en otra dirección Robert Doisneau, el fotógrafo de París. De ‘Paris de nuit’, en realidad, porque así se tituló su proyecto más famoso. También conversó largo y tendido para su libro de ‘Conversaciones con Picasso’.

En la exposición ‘Maestros húngaros de la fotografía’, que procede del Magyar Fotográfiai Múzeum, hay fotos que son auténticos iconos del siglo XX. Si pensamos en Capa, ahí está, además del miliciano, ‘Alarma antiaérea en las calles de Bilbao’ o su foto borrosa de Trotsky de 1932 en Copenhague, la de las mujeres napolitanas que lloran la muerte de sus hijos en 1943 o algunas de las últimas fotos que tomó en Vietnam en el año de su muerte, en 1954. Kertész tiene muchas fotos extraordinarias, pero hay una inolvidable: ‘En el estudio de Mondrian’ (1926), una de esas instantáneas absolutamente perfectas y sugerentes que definen a un artista como él y a un pintor como Mondrian. Belleza, rigor, precisión, atmósfera y suprema elegancia de la composición. Y de Brassaï, por ejemplo, hay que ver esa ‘Bailaora’ que captó en Madrid en 1956; no es su mejor foto pero es muy significativa, como lo es también ‘Autorretrato en un fumadero de opio’ (1934).

Las copias no son de época, pero todas tienen alrededor de 40 años o algo más. Y ofrecen una buena síntesis de la fotografía del siglo XX. Estos magiares y magos de la luz son maestros absolutos del arte de mirar, de contar y de interpretar la realidad.


  • Ana26/10/11 00:00
    El valor de esta foto no es que Capa pudiera captar el instante del disparo. El objetivo de Capa es que la piel y el corazón se te ericen cuando veas lo horrible que es una guerra. Este disparo ocurría cada día. Probablemente Capa vió varios y no pudo inmortalizar ninguno. Y este es falso.¿Y qué? Lo que él pretendía era mostrar el horror de la guerra. ¿Estuvo Picasso en el bombardeo de Guernica?¿Y entonces, el cuadro no es "tan auténtico"?
  • P.J.26/10/11 00:00
    Está demostrado hasta la saciedad que la famosa foto del miliciano de Capa que aparece arriba es falsa: es una "actuación", y ni el miliciano murió, ni fue herido, ni nada parecido. Incluso se conservan otras tomas de la "actuación" menos convincentes que Capa desechó. En Internet hay información abundante sobre ello. ¿Cuántas fotos más de Capa son montajes falsos? Nadie lo sabe, pero a estas alturas, seguir teniéndolo en un pedestal es absurdo.





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