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LITERATURA

La atormentada vida sexual de Lorca

Ian Gibson desvela los amplios vínculos del poeta con el universo gay en su último libro, sus grandes amores y desamores, y también los escarceos con sus primeras novias.

ANTÓN CASTRO. Zaragoza Actualizada 14/03/2009 a las 21:11
1 Comentarios
María Luisa Natera.familia hitos natera

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Federico García Lorca (Granada, 1898- 1936) padeció la obsesión del amor, y buscó una y otra vez, desde niño tal vez, la plenitud de la pasión. La sublimó, quizá porque siempre se encontraba con el envés de la felicidad: con la frustración, con el rechazo. Ian Gibson (Dublín, 1939) es su biógrafo canónico, el hombre que ha seguido sus huellas en todas sus direcciones en un libro totalizador: 'Vida, pasión y muerte de Federico García Lorca'. Gibson, que prepara ahora la biografía de Buñuel, publica 'Lorca y el mundo gay' (Planeta), un volumen que "pretende iluminar algunos aspectos de la vida y la obra de Lorca antes silenciados, oscurecidos o tergiversados por miedo o la renuncia / renuencia a tener en cuenta su homosexualidad", dice Gibson, y asegura que "la homosexualidad está en el epicentro de su vida y su obra". Para él, Lorca fue "un revolucionario cristiano y gay, que no creía en el Dios bíblico".

 

El texto es como un recorrido por la existencia y la producción del poeta a la luz de sus pulsiones sexuales. Lorca se sintió atraído por los muchachos, por los torerillos, por los rústicos y sudorosos pastores, por un joven barberillo; volvió "desatado" de su estancia en Nueva York y de Cuba, y fue calificado en su Granada, tan burguesa y derechista, como "el maricón de la pajarita".

 

Ya en el colegio era llamado 'Federica' y fue "un niño abandónico" (padeció el sentimiento continuo de inseguridad, según el sicoanalista Valdivieso Miguel), tardó cuatro años en andar, nunca se le vio correr y fue dado por inútil en el servicio militar. Sin embargo, aunque su madre lo vestía con 'floripondios', lazos y chalinas, su primer gran amor fue la joven María Luisa Natera Ladrón de Guevara, con quien tocó el piano a cuatro manos y se fotografió en un balneario. Fue un inolvidable amor de verano, a la que llamaba "mi niña, la de los ojos azules y las trenzas rubias". Luego, también se enamoró de María Luisa Egea, algo mayor que él, sin éxito. La única mujer con la que se acostó, según Gibson, fue con la estudiante de Bellas Artes, de 17 años, Margarita Manso (luego esposa del pintor Ponce de León), que le fue ofrecida en "sacrificio" por uno de sus amores imposibles: Salvador Dalí.

 

Dalí fue una obsesión para el poeta, como lo fue el escultor, "tan bello como un efebo griego", Emilio Aladrén, que había sido novio de la pintora Maruja Mallo, y que le dejó el corazón herido de muerte hacia 1929. Su viaje a Nueva York y a Cuba nacería de esa desolación; Lorca también sembró algún dolor en corazones ajenos, como sucedió con el poeta y editor Emilio Prados, que se había hecho a la idea de que iban a vivir juntos. Distintas fuentes sugieren relaciones, y narran jugosas anécdotas, con Gustavo Durán, con Luis Cernuda (a los dos los sorprendieron desnudos realizando ejercicios gimnásticos) o con Eduardo Blanco Amor. La carta de amor más apasionada que escribió Lorca se la dirigió al joven Eduardo Rodríguez Valdivieso, de 18 años, que trabajaba en un banco e intentaba ser escritor. Le dice: "? siempre me asalta la idea de si tú no me querrás como yo a ti. Eso no lo sé. De todos modos dímelo. Mi amistad vuela con un águila y tú puedes matarla con un tiro de rifle". Uno de sus grandes amigos, el bohemio gay granadino García Carrillo, lo llamaba "¡Federico, pillamoscas!", por su irresistible atracción hacia los jóvenes.

 

Su último amor fue el silencioso Rafael Rodríguez Rapún. Tras la ejecución de su amigo, se alistó en el ejército republicano y un día decidió morir de desesperación bajo las bombas de la aviación rebelde. Se cumplía exactamente un año de la ejecución de su gran amor, Federico García Lorca.

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'''Federico García Lorca (Granada, 1898- 1936) padeció la obsesión del amor, y buscó una y otra vez, desde niño tal vez, la plenitud de la pasión. La sublimó, quizá porque siempre se encontraba con el envés de la felicidad: con la frustración, con el rechazo. Ian Gibson (Dublín, 1939) es su biógrafo canónico, el hombre que ha seguido sus huellas en todas sus direcciones en un libro totalizador: 'Vida, pasión y muerte de Federico García Lorca'. Gibson, que prepara ahora la biografía de Buñuel, publica 'Lorca y el mundo gay' (Planeta), un volumen que "pretende iluminar algunos aspectos de la vida y la obra de Lorca antes silenciados, oscurecidos o tergiversados por miedo o la renuncia / renuencia a tener en cuenta su homosexualidad", dice Gibson, y asegura que "la homosexualidad está en el epicentro de su vida y su obra". Para él, Lorca fue "un revolucionario cristiano y gay, que no creía en el Dios bíblico".   El texto es como un recorrido por la existencia y la producción del poeta a la luz de sus pulsiones sexuales. Lorca se sintió atraído por los muchachos, por los torerillos, por los rústicos y sudorosos pastores, por un joven barberillo; volvió "desatado" de su estancia en Nueva York y de Cuba, y fue calificado en su Granada, tan burguesa y derechista, como "el maricón de la pajarita".   Ya en el colegio era llamado 'Federica' y fue "un niño abandónico" (padeció el sentimiento continuo de inseguridad, según el sicoanalista Valdivieso Miguel), tardó cuatro años en andar, nunca se le vio correr y fue dado por inútil en el servicio militar. Sin embargo, aunque su madre lo vestía con 'floripondios', lazos y chalinas, su primer gran amor fue la joven María Luisa Natera Ladrón de Guevara, con quien tocó el piano a cuatro manos y se fotografió en un balneario. Fue un inolvidable amor de verano, a la que llamaba "mi niña, la de los ojos azules y las trenzas rubias". Luego, también se enamoró de María Luisa Egea, algo mayor que él, sin éxito. La única mujer con la que se acostó, según Gibson, fue con la estudiante de Bellas Artes, de 17 años, Margarita Manso (luego esposa del pintor Ponce de León), que le fue ofrecida en "sacrificio" por uno de sus amores imposibles: Salvador Dalí.   Dalí fue una obsesión para el poeta, como lo fue el escultor, "tan bello como un efebo griego", Emilio Aladrén, que había sido novio de la pintora Maruja Mallo, y que le dejó el corazón herido de muerte hacia 1929. Su viaje a Nueva York y a Cuba nacería de esa desolación; Lorca también sembró algún dolor en corazones ajenos, como sucedió con el poeta y editor Emilio Prados, que se había hecho a la idea de que iban a vivir juntos. Distintas fuentes sugieren relaciones, y narran jugosas anécdotas, con Gustavo Durán, con Luis Cernuda (a los dos los sorprendieron desnudos realizando ejercicios gimnásticos) o con Eduardo Blanco Amor. La carta de amor más apasionada que escribió Lorca se la dirigió al joven Eduardo Rodríguez Valdivieso, de 18 años, que trabajaba en un banco e intentaba ser escritor. Le dice: "? siempre me asalta la idea de si tú no me querrás como yo a ti. Eso no lo sé. De todos modos dímelo. Mi amistad vuela con un águila y tú puedes matarla con un tiro de rifle". Uno de sus grandes amigos, el bohemio gay granadino García Carrillo, lo llamaba "¡Federico, pillamoscas!", por su irresistible atracción hacia los jóvenes.   Su último amor fue el silencioso Rafael Rodríguez Rapún. Tras la ejecución de su amigo, se alistó en el ejército republicano y un día decidió morir de desesperación bajo las bombas de la aviación rebelde. Se cumplía exactamente un año de la ejecución de su gran amor, Federico García Lorca.''' $(html_text)

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'''Federico García Lorca (Granada, 1898- 1936) padeció la obsesión del amor, y buscó una y otra vez, desde niño tal vez, la plenitud de la pasión. La sublimó, quizá porque siempre se encontraba con el envés de la felicidad: con la frustración, con el rechazo. Ian Gibson (Dublín, 1939) es su biógrafo canónico, el hombre que ha seguido sus huellas en todas sus direcciones en un libro totalizador: 'Vida, pasión y muerte de Federico García Lorca'. Gibson, que prepara ahora la biografía de Buñuel, publica 'Lorca y el mundo gay' (Planeta), un volumen que "pretende iluminar algunos aspectos de la vida y la obra de Lorca antes silenciados, oscurecidos o tergiversados por miedo o la renuncia / renuencia a tener en cuenta su homosexualidad", dice Gibson, y asegura que "la homosexualidad está en el epicentro de su vida y su obra". Para él, Lorca fue "un revolucionario cristiano y gay, que no creía en el Dios bíblico".   El texto es como un recorrido por la existencia y la producción del poeta a la luz de sus pulsiones sexuales. Lorca se sintió atraído por los muchachos, por los torerillos, por los rústicos y sudorosos pastores, por un joven barberillo; volvió "desatado" de su estancia en Nueva York y de Cuba, y fue calificado en su Granada, tan burguesa y derechista, como "el maricón de la pajarita".   Ya en el colegio era llamado 'Federica' y fue "un niño abandónico" (padeció el sentimiento continuo de inseguridad, según el sicoanalista Valdivieso Miguel), tardó cuatro años en andar, nunca se le vio correr y fue dado por inútil en el servicio militar. Sin embargo, aunque su madre lo vestía con 'floripondios', lazos y chalinas, su primer gran amor fue la joven María Luisa Natera Ladrón de Guevara, con quien tocó el piano a cuatro manos y se fotografió en un balneario. Fue un inolvidable amor de verano, a la que llamaba "mi niña, la de los ojos azules y las trenzas rubias". Luego, también se enamoró de María Luisa Egea, algo mayor que él, sin éxito. La única mujer con la que se acostó, según Gibson, fue con la estudiante de Bellas Artes, de 17 años, Margarita Manso (luego esposa del pintor Ponce de León), que le fue ofrecida en "sacrificio" por uno de sus amores imposibles: Salvador Dalí.   Dalí fue una obsesión para el poeta, como lo fue el escultor, "tan bello como un efebo griego", Emilio Aladrén, que había sido novio de la pintora Maruja Mallo, y que le dejó el corazón herido de muerte hacia 1929. Su viaje a Nueva York y a Cuba nacería de esa desolación; Lorca también sembró algún dolor en corazones ajenos, como sucedió con el poeta y editor Emilio Prados, que se había hecho a la idea de que iban a vivir juntos. Distintas fuentes sugieren relaciones, y narran jugosas anécdotas, con Gustavo Durán, con Luis Cernuda (a los dos los sorprendieron desnudos realizando ejercicios gimnásticos) o con Eduardo Blanco Amor. La carta de amor más apasionada que escribió Lorca se la dirigió al joven Eduardo Rodríguez Valdivieso, de 18 años, que trabajaba en un banco e intentaba ser escritor. Le dice: "? siempre me asalta la idea de si tú no me querrás como yo a ti. Eso no lo sé. De todos modos dímelo. Mi amistad vuela con un águila y tú puedes matarla con un tiro de rifle". Uno de sus grandes amigos, el bohemio gay granadino García Carrillo, lo llamaba "¡Federico, pillamoscas!", por su irresistible atracción hacia los jóvenes.   Su último amor fue el silencioso Rafael Rodríguez Rapún. Tras la ejecución de su amigo, se alistó en el ejército republicano y un día decidió morir de desesperación bajo las bombas de la aviación rebelde. Se cumplía exactamente un año de la ejecución de su gran amor, Federico García Lorca.''' $(html_text)
  


  • Pedro Calle17/03/09 00:00
    Como siempre interensantísimo saber algo más de su vida envidiable y ejemplar ante aquellas situaciones, estoy contento con este nuevo libro.


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