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LETRAS

José Luis Sampedro: "Me compraré teléfono móvil cuando lleve cuarto de aseo incorporado"

A sus 91 años, el escritor y economista José Luis Sampedro (Barcelona, 1917) expresa con claridad y buen humor su visión del mundo. El pasado miércoles participó en Zaragoza en la Tribuna del Agua de la Expo. Y al agua le debe haber encontrado el amor en Alhama

NURIA CASAS. Zaragoza Actualizada 13/10/2015 a las 13:09
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José Luis Sampedro, en el Hotel Boston de Zaragoza en junio de 2008.Oliver Duch

En "La balada del agua", con la que ha intervenido en la Tribuna de la Expo, expresa su deseo de que la Humanidad se reencuentre con la Naturaleza. ¿Cree que se producirá ese reencuentro?

Espero que sí porque es indispensable, no se puede seguir destruyendo la casa en la que vivimos. Lo que estamos haciendo es como si viviese en un chalé y me dedicase a romper tabiques y pilastras y a dejar que se me cayera encima. Hasta los años 80, el planeta aún regeneraba los destrozos que se producían. Ahora ya destrozamos más de lo que creamos.

Y ¿qué solución ve?

La solución es cambiar de vida, este sistema no puede funcionar. Piense usted en la explosión demográfica, no se puede estar multiplicando la población dentro de una casa cerrada. Hace cien años no llegábamos a los 2.000 millones, ahora somos cerca de 7.000 millones. Es decir, se ha triplicado la población en un siglo. No se puede continuar. Usted intente multiplicar ratones en una caja de zapatos y ya verá dónde llega. Y eso está escrito y demostrado, pero claro, las gentes que tienen el poder no sufren las dificultades. Y luego hay una superstición, que es creer que la técnica lo puede arreglar todo.

Usted dice que los hombres "se arrojan ciegos a una catástrofe". ¿Tiene que ocurrir algo así para que reaccionemos?

A lo mejor hace falta una catástrofe para que esta gente se entere. Todos estos problemas del cambio climático que están ocurriendo son consecuencia de la vida que hacemos.

Se dice que la solución está en la educación de los niños, pero no sé si estamos dándoles la adecuada.

No, damos una educación que trata de crear productores y consumidores para la economía de mercado. Y que sean capaces de consumir y producir cada vez más.

Usted predica con el ejemplo, ¿sigue sin televisión?

No la he tenido mucho tiempo, ahora la tengo. Pero sigo sin teléfono móvil, lo tiene mi mujer. Y ahora que el móvil tiene agenda y hace fotos, yo me comprometo a comprarlo cuando lo vendan con cuarto de baño incorporado. Mientras tanto, no me interesa.

Nos rodeamos de muchas cosas prescindibles y nos hacen creer que son imprescindibles.

Claro, es que todo el mecanismo del mercado y de la publicidad y del empleo de los medios de comunicación conducen a que la gente con un teléfono de este año que funciona lo cambie porque ya es anticuado, porque le han añadido unos gorgoritos y parece que uno es menos persona si tiene el del año pasado. Por ese procedimiento, vamos al despilfarro continuamente.

Ahí está el razonamiento para poder discernir qué es necesario y qué no.

El razonamiento existe, pero yo no veo que se utilice. Ni para eso ni para muchas otras cosas. Hablando del agua, ¿usted cree que se puede destruir el agua y contaminarla e impedir que sea potable al mismo tiempo que se están gastando millones para ver si hay agua en Marte? Dentro de poco habrá que gastarlo para ver si hay agua en la Tierra.

Y el agua sí que es imprescindible.

Absolutamente. ¡Si gran parte de nuestro peso es agua! Y el agua además tiene la ventaja de que es, de los cuatro elementos clásicos, el más multiforme. El agua se hace piedra y se convierte en casa para los esquimales, que viven en iglúes de hielo, y el agua se hace gas, se evapora, se hace nube y vuela para dejar en otro sitio el agua. El agua es múltiple, extraordinaria.

¿Entra en las disputas sobre trasvase sí, trasvase no?

Estoy contra los trasvases en general, en principio. Ahora bien, lo que hay que hacer es administrar el agua en conjunto. Estamos en lo mismo: se destapa un santo para vestir a otro. Hay que arreglar las cosas en todas partes.

Permítame el atrevimiento, pero a usted el agua le llevó al amor, si no es por los baños en Alhama de Aragón, no conoce a su esposa.

Sí, sí, el agua nos llevó al amor, es mutuo. Y en Alhama de Aragón, que tiene un signo que dice "la salud en el agua", "in aqua salus".

¿Cómo fue ese encuentro en el balneario Termas Pallarés?

Sencillamente, ella solía ir en unas fechas, yo solía ir en otras y hubo un año que, por distintas circunstancias, ella adelantó su viaje y yo retrasé el mío. Y gracias a ello coincidimos.

¿Estaban condenados a encontrarse?

De condenado nada, fue un designio del río Jalón, al que antes se le veía nacer desde la carretera y ahora ya no, porque han hecho la autopista. Antes, cuando iba a Alhama, solía detenerme en Esteras de Medinaceli y me acercaba a ver el agujerito por donde nace el río Jalón.

Ríos que nos llevan y que van a dar a la mar que es el morir... Hace unos días mi hija de cinco años me dijo que tenía miedo a morir. ¿Usted lo tiene?

Ninguno, en absoluto. El problema de morir lo resolvió hace ya muchos años Epicuro, quien dijo que no hay que preocuparse de la muerte porque cuando la muerte está con uno, uno ya no está, y mientras uno está, la muerte no está. Es lo contrario de lo que pasó en Alhama, que coincidimos, afortunadamente. Lo de su hija es curioso, porque nos culpabilizan, nos asustan, nos educan en el miedo. Y no se dan cuenta de que la muerte es un aspecto de la vida. No querría la inmortalidad ni aunque me la regalaran, ni siquiera en el paraíso. Si es verdad que hay paraíso, que yo no me lo creo, me parecería mortalmente aburrido pasarme la eternidad contemplando a Dios paseándose por las avenidas.
¿Por eso está a favor de la eutanasia?

Por eso y por otras razones. Porque hacer sufrir sin ningún interés me parece una crueldad. Además, hace falta ser muy especial para creer en un Dios al cual se piensa que le agrada el sufrimiento. ¿Pero no nos ama extraordinariamente y es tan benévolo? Para creer que eso satisface a la divinidad hace falta ser como esos señores de la Conferencia Episcopal.

Usted que a su edad aporta tanto…

Yo aporto poco.

... ¿cómo lleva que se arrincone a las personas mayores en esta sociedad?

Hay muy poco respeto a la vejez. En sociedades primitivas, tradicionales, hay mucho más respeto. Para empezar, se tiene miedo a decir "viejo" y se dicen palabras ridículas, "los mayores", "la tercera edad"… ¡Váyase usted a paseo, yo soy viejo y a mucha honra, y el que no llegue peor para él!

Además de poco respeto, decía Pedro Laín Entralgo que al viejo, si de verdad se le quiere, hay que ayudarle a vivir.

A Laín Entralgo lo conocí, fuimos amigos. Claro que hay que ayudarle a vivir al viejo, y no impedirle morir. Porque cuando fallece de muerte natural suele tener cara de satisfacción, porque ya se acabó este lío. ¿Usted sabe el trabajo que me cuesta a mí mover este saco de patatas todos los días de un sitio para otro? Y si no, que me den unas rodillas nuevas.

El problema es que ahora hay muchos mayores… perdón, viejos…

Eso, menos mal, ya he convertido a una.

…que llegan en unas circunstancias delicadas, sufriendo alzhéimer u otras enfermedades degenerativas.

Ese es otro problema, y precisamente para esas personas es para las que pienso que no se les debe hacer sufrir indebidamente.

Veo que usted no está a favor de que la ciencia prolongue la vida.

La ciencia debe hacer la vida lo más agradable posible, y lo demás me trae sin cuidado. La vida es para vivirla, no para dedicarla a pagar la contribución de la renta.

¿Sigue la actualidad política del país?

La sigo, pero de lejos.

¿Qué opina de los líos de liderazgo del PP?

¿El PP? ¿Qué es eso?

No me tome el pelo. Al menos la crisis, como buen economista, sí que le interesará.

La crisis no es nada nuevo, he estudiado la crisis del 29, la Gran Depresión, y siempre pasa lo mismo: los banqueros, para hincharse de ganar dinero, se dedicaron a hacer préstamos insensatos hasta que se pillaron los dedos, y entonces ellos, como ahora, que habían estado pidiendo la libertad absoluta del mercado, se dedicaron a pedir que les ayudara el Estado, que estableciese leyes y que impidiese hacer barbaridades, y que se volviera, como dicen ahora, a una normativa, justo lo que antes habían rechazado.

No hay nada nuevo bajo el sol.

En este sentido, no.

¿Y habrá "crack" también ahora, como en el 29?

No lo sé, me trae sin cuidado, a mí no me va a afectar.
 


Achaques, pero solo físicos

Los 91 años aún le permiten al autor de "La sonrisa etrusca" valerse por sí mismo, viajar con frecuencia y comunicarse con una lucidez que para sí quisieran muchos treintañeros. Pero cuando se le pregunta por su salud, José Luis Sampedro responde con voz lastimosa, como si de repente se acordara de sus males: "Pues imagínese, lleno de problemas desde la coronilla hasta la punta del pie". Aunque dice que se sostiene "a ratos" y alerta al interlocutor de que no oye bien, lo disimula con acierto, porque es capaz de seguir la conversación sin tener que recurrir ni una vez a su esposa, Olga Lucas, una francesa tan querida en Alhama de Aragón como el viejo escritor. Ambos contrajeron matrimonio hace cinco años en Alhama, donde por fin coincidieron después de llevar muchos años acudiendo en distintas fechas.  


  • lectora23/06/08 00:00
    Como me gusta este hombre..tan sabio, tan viejo, tan humano. Qué gusto da leerlo.¡ gracias por ser como es! José Luis. lectora suya desde siempre.





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