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Patrimonio

El legado vital de Agustín Sanmiguel

Cuando van a cumplirse dos años de la muerte de Agustín Sanmiguel, varias instituciones se han unido para publicar su legado científico y artístico, la obra que dejó prácticamente acabada: ‘Calatayud. El conjunto fortificado islámico y su entorno’. El pasado del castillo bilbilitano atraviesa las páginas del libro.

MARIANO GARCÍA. ZARAGOZA Actualizada 04/06/2011 a las 20:51
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Agustín Sanmiguel fue un espíritu inquieto, un investigador certero, un defensor del patrimonio histórico en tiempos en los que pocos le prestaban la debida atención. Durante más de treinta años, y hasta su fallecimiento en 2009, fue el mayor referente cultural de Calatayud. Ahora, su legado científico vuelve al primer plano de la actualidad porque se acaba de publicar el libro que dejó prácticamente concluido antes de morir: 'Calatayud. El conjunto fortificado islámico y su entorno'. Publicado por el Centro de Estudios Bilbilitanos en colaboración con el Gobierno de Aragón, el libro se presentó hace unos días en Calatayud.

«El libro estaba prácticamente concluido cuando Agustín falleció -recuerda ahora su viuda, Ana Isabel Pétriz-. Y he preferido dejarlo tal cual estaba. No pudo ya revisar los pies de fotos ni ampliar la bibliografía, pero son aspectos menores porque el libro estaba ya casi completamente terminado. Estuvo trabajando en él hasta el 1 de julio, y murió el día 27».

Sanmiguel, que fue profesor de Ciencias en educación secundaria (dos años en Teruel, nueve en Jaca, más de veinte en Calatayud), dedicó buena parte de su tiempo a los estudios sobre el patrimonio histórico. En su etapa en Jaca publicó 'Arte medieval en el Viejo Aragón', donde dio a conocer una quincena de ermitas románicas, y luego llevó a la imprenta 'Jaca sin más', una recuperación y reconstitución de los monumentos jaqueses más destacados.

Pero muy pronto se especializó en el arte islámico y mudéjar. Y a principios de los 90 fue uno de los especialistas que abrazó una hipótesis acogida con escepticismo al principio, pero que cada vez es más valorada: buena parte de las torres que habitualmente se consideran 'mudéjares' fueron, originalmente, alminares de mezquitas musulmanas.

«Agustín fue, como investigador, totalmente independiente -subraya Ana Isabel Pétriz-. Se ganaba la vida dando sus clases, así que no le importaba generar o no polémica: se limitaba a defender aquello en lo que creía». Hoy, la teoría de los alminares supone ya toda una corriente, defendida por varios especialistas en sus libros y artículos.

Sanmiguel fue, también, un incansable defensor del patrimonio histórico, en tiempos en los que no era nada fácil. «A principios de los años 80 tuvo muchos problemas por enfrentarse a la Administración defendiendo edificios y restos que él entendía que había que preservar. En ese sentido, muchas veces se sentía en una soledad épica, porque se encontraba bastante solo defendiendo, por ejemplo, unas bodegas del siglo XV o cualquier otro elemento de interés. Afortunadamente, muchas mentalidades fueron cambiando con los años, y poco a poco el interés por conservar el patrimonio ha ido creciendo. También consiguió muchas cosas. Gracias a sus gestiones y desvelos se han restaurado muchos edificios en Calatayud, como la iglesia de San Andrés». Pero el monumento al que dedicó más esfuerzos fue el castillo de Calatayud. El libro recién publicado se ha dedicado al recinto fortificado y su entorno y, en ese sentido, es su legado intelectual. La obra se estructura en dos partes. En sus primeras noventa páginas se analiza el recinto desde todos los puntos de vista posibles, con planos y dibujos elaborados por Sanmiguel. La segunda parte del libro, de 350 páginas, revela una de sus facetas que no siempre han sido valoradas en su justa medida: la de fotógrafo. Con una mirada atenta, y buscando el instante preciso, Sanmiguel recorrió Calatayud y sus calles en busca de atmósferas y sensaciones pero, también, buscando enfoques humanos en su arquitectura. En las páginas de la obra se recoge una amplia selección de sus fotografías.

«Este es el libro en el que le vi trabajar con más entusiasmo e ilusión -asegura Ana Isabel Pétriz-. Estuvo cientos de horas seleccionando fotografías, pensando en el diseño de la portada, eligiendo formatos, trazando la maquetación... Su archivo tiene más de 60.000 fotografías, y empleó muchas horas en seleccionar las 170 que se han incluido. Quería que estuvieran perfectamente retratadas las formas de vida del Calatayud viejo». Es un libro, pues, que resume a la perfección lo que fue Agustín Sanmiguel. Es un libro bello y profundo: su legado vital.





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