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Reconocimiento internacional

El chino Mo Yan gana el premio Nobel de Literatura

La mezcla de fantasía y de realidad, de perspectiva histórica y social, ha originado un mundo literario de gran complejidad, según la Academia sueca.

Efe. Copenhague Actualizada 11/10/2012 a las 19:22
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Premio Nobel de Literatura 2012AFP

La Academia Sueca ha premiado  con el Nobel de Literatura 2012 el "realismo alucinatorio" de Mo Yan, uno de los principales escritores chinos vivos, que une en su obra el cuento, la historia y lo contemporáneo.

La mezcla de fantasía y de realidad, de perspectiva histórica y social, ha originado un mundo literario de gran complejidad, que la Academia Sueca compara con el de narradores de fuste como Gabriel García Márquez y William Faulkner.

Y lo ha hecho partiendo de la tradición literaria china y de la cultura narrativa popular, sin olvidar la crítica social, dice el fallo sobre Mo Yan, que en realidad se llama Guan Moye, pero adoptó su seudónimo ("No hables", en mandarín) en su primera novela.

Según él mismo ha explicado, eligió ese alias porque tenía fama de ser directo al hablar y quería recordarse a sí mismo que no debía decir demasiado.

A pesar de ser un autor no demasiado conocido en el extranjero, su nombre figuraba entre los favoritos en las quinielas previas, por detrás del japonés Haruki Murakami y de varios autores anglosajones como Joyce Carol Oates o Alice Munro.

El secretario permanente de la Academia, Peter Englund, calificó su obra de "única", mientras otro de los miembros de esta institución y su traductor al sueco, Göran Malmqvist, defendió su elección asegurando que es "una de las mejores" que se han hecho.

Nacido en 1955, Mo Yan creció en la provincia de Shandong, en el noreste de China, en el seno de una familia campesina.

Durante la revolución cultural, dejó la escuela a los 12 años para trabajar en la agricultura y luego en una fábrica, hasta que en 1976 se enroló en el Ejército Popular.

Fue en esa época cuando empezó a estudiar literatura y a escribir -su primer relato apareció publicado en una revista en 1981-, enlazando su creación con sus experiencias de juventud y el ambiente provincial en el que creció, como en uno de sus primeros éxitos, "Hong gaoliang jiazu" (Sorgo rojo), de 1987.

Esa obra, que consta de cinco relatos ambientados en Gaomi durante varios turbulentos decenios del siglo XX, le dio proyección internacional gracias al éxito de la adaptación cinematográfica, dirigida por su compatriota Zhang Yimou.

Otras obras suyas como la novela "Tiantang suantai zhi ge" (Las baladas del ajo), de 1988, y la satírica "Jiuguo" (La república del vino), de 1992, han sido consideradas subversivas por su crítica de la sociedad china contemporánea.

A raíz de su novela "Fengru feitun" ("Pechos grandes y caderas amplias"), de 1995, que causó polémica en China por su contenido sexual, el Ejército le forzó a escribir una autocrítica y Mo tuvo que retirar su obra de la circulación.

Su última creación hasta el momento es "Wa" (Rana), de 2010, en la que aborda las consecuencias de la política de hijo único impuesta en su país.

Mo Yan es el primer chino radicado en su país que recibe el Nobel de Literatura, ya que Gao Xijian residía en Francia y tenía nacionalidad francesa cuando lo ganó en 2000.

Autor también de un gran número de cuentos y de ensayos, Mo Yan sucede en el palmarés del premio al poeta sueco Thomas Tranströmer, galardonado el año pasado por las "imágenes condensadas y traslúcidas" de su poética.

Mo Yan recibirá los 8 millones de coronas suecas (unos 930.000 euros o 1,48 millones de dólares) con que está dotado este año el premio el próximo 10 de diciembre, aniversario de la muerte del creador de los galardones, el magnate sueco Alfred Nobel.

Tras el anuncio de los ganadores en Medicina o Fisiología, Física, Química y Literatura, mañana será el turno en Oslo del Nobel de la Paz, uno de los más esperados, el único que se otorga y entrega fuera de Estocolmo.


  • MANUEL GERMAN13/10/12 00:00
    El Nóbel de Literatura, para el autor chino Mo Yan y el de la Paz para la Unión Europea. Hace tiempo que dejé de creer en los premios y distinciones de cualquier tipo. El auténtico Juez de nuestras vidas y lo que hacemos con ellas, todavía no ha dictado sentencia. Pero tened por seguro que será más ecuánime que los que osan hacerlo en nombre de una bandera. Debo manifestar abiertamente mi disconformidad con ambos galardones ya que seré, probablemente, uno de los pocos en haber leído lo más relevante de Mo Yan (No hables). La cultura identifica a un país y lo hace grande; la mezcla con otras culturas lo enriquece. Puesto que como ya he dicho, no soy quién para juzgar su obra, sí sé de alguien que mucho antes de pisar una escuela y con la edad justa para conocer el camino de vuelta, escribía en una libreta los versos más tristes que nunca leyó nadie. Si aquí estuviese alguien que siempre admiró sus poemas y ahora, a mi edad, se dedica a cantarlos, pues se trata de un viejo juglar al que todos conocemos, repito, él les diría de inmediato a quién me refiero. Si alguna vez buscan un libro suyo, digan que lo dejaron morir en prisión a la edad de 33 años por decír lo que le dictaba su joven corazón. Por otra parte, imagino que estaremos todos orgullosos. Un pedacito de ese Nobel de la Paz es también nuestro. De todos y cada uno de los 27 Estados miembros de la Unión Europea. 500 millones de agraciados en total. 47 solo en España. Hay que reconocer que este año ha estado muy repartido. Nuestro presidente debe estar contento. ¿Y que me dicen de Ángela Merkel? Motivos tiene. Su bondad ha conseguido llevar la paz a más gente que la misma Madre Teresa de Calcuta, que obtuvo el galardón en 1979. Y buena prueba de ello es la cantidad de millones que ha prestado solo a nuestro país consiguiendo sacarlo a flote. La Madre Teresa solía decír: "La paz comienza con una sonrisa." Y en estos momentos no estamos precisamente predispuestos. Hay personas, organismos e instituciones que merecen el Nóbel de la Paz antes que la Unión Europea. Al menos no lastran tanta destrucción, hambre y muerte a sus espaldas. En Europa se han levantado demasiados muros y escasos puentes. Yo, modestamente, le diría a nuestro Presidente: *Si quieres la paz no hables con tus amigos, habla con tus enemigos.*(El autor)





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