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Los zaragozanos, unidos…hace 100 años

Casi 40.000 personas salieron a la calle para pedir respeto a los ciudadanos y el fin de las políticas absurdas.

Documentación 11/05/2016 a las 06:00
Noticia publicada en HERALDO DE ARAGÓN

El pueblo zaragozano se pronunció masivamente hace, justo ahora, 100 años y solicitó a los mandatarios de la nación un respeto a los ciudadanos: casi cuarenta mil personas de toda condición social y orientación política pidieron de forma pacífica frente al Gobierno Civil medidas ejemplares de sustento a la economía del país, el fin de las políticas absurdas y el apoyo a los gremios y sociedades que trabajaban por mejorar la calidad de vida de los españoles. Así es como Heraldo de Aragón contó, el 11 de mayo de 1916, tan gloriosa jornada.

Impresión de la jornada:

Serenamente, austeramente, como cumple a un pueblo mayor de edad que tiene plena conciencia de sus derechos y de sus deberes, realizó ayer Zaragoza, uno de esos actos colectivos delatores de vitalidad poderosa.

Viendo a treinta o cuarenta mil zaragozanos en la calle, de todas las clases, y condiciones, de todos los partidos y de todas las ideas, encaminarse a la morada en que el poder público tiene su más caracterizado representante, sin un grito, sin una estridencia, sin una nota discordante que empequeñeciera la imponente grandiosidad del acto, parecía que retornaba el pasado glorioso de este pueblo recio y ecuánime, maestro en el arte difícil de cohonestar la serenidad con la energía; maestro también, en el arte no menos difícil de respetar para ser respetado.

No vacilamos en calificar de gloriosa la jornada. Zaragoza, con unanimidad pocas veces, registrada, con entereza vestida de digna y reposada altivez, se acercó en masa al representante del Gobierno, para decirles, por su mediación, a los directores de la vida española que con los pueblos mayores de edad no se juega; sobre todo cuando piden por necesidad y no por vicio; cuando llevan por bandera la corrección, aquí donde tan frecuente es que las multitudes icen el guiñapo de la amenaza.
La conciencia civil del pueblo zaragozano desdóblese ayer bizarramente. Justiciera, más no violenta, severa, más no vengativa, se irguió con la noble austeridad de un juez infalible, para corregir un desafuero y para afirmar una necesidad, que no es de Zaragoza ni de Aragón, sino de España entera.


Del acto realizado ayer se desprende una moral sana, fuerte, redentora; una lección que debemos aprovechar propios y extraños. A los que tienen en sus manos la dirección y por consiguiente la responsabilidad de la vida española, no se les podía decir de un modo más respetuoso y a la vez más categórico y más solemne que hay que imprimir, normas nuevas al absurdo vivir de la nación; que si hasta hoy ha sido posible gobernar en un divorcio constante con las aspiraciones y los anhelos del país, desde hoy quien gobierne, llámese como se llame y tenga el color que tuviere, habrá de vivir con el oído atento a los latidos de la opinión, como un nauta que desde el puente de su nave avizora todos sus movimientos, todos sus ruidos, delatores de una marcha normal o del peligro que acecha envuelto en el misterio.


Pueblos que en forma tal vindican su dignidad ofendida y afirman su necesidad de vivir no pueden dejar de ser escuchados.

Por poca cordura que en las cumbres reine no ha de llegar la demencia hasta el extremo de obligarles a salir del cauce legal, que espontáneamente han elegido para hacerse oír y para imponer el respeto a que tienen derecho.

El alma del pueblo aragonés, que sabe resumir en cuatro versos desde una tragedia hasta un idilio, sintetizó ayer en la sobria leyenda de un cartelón toda una norma de vida directriz de las fuerzas nacionales: "Quien paga manda. Hay que gobernar".

Así decía el cartelón. Y es verdad. Hay que gobernar, porque hasta el presente hemos vivido en el más lamentable de los desgobiernos.
Hay que gobernar. Hay que escuchar al pueblo cuando expone sus necesidades y sus afanes. Y remediar las unas y satisfacer los otros siempre que sean lícitos.

Desoír esa voz supondría tanto como empujar a la violencia a la multitud, que ayer demostró, que por lo mismo que es consciente, no se mostrará violenta, como a ello no le obliguen.

Ahora para los de casa.
 

No, valdría la pena de haber paseado al pueblo por las calles, para que todo esto quedase en espuma, en humo, en nada.
Los que han dirigido y encauzado este movimiento, se asignaron voluntariamente un puesto de honor y de sacrificio.
Llamaron al pueblo y el pueblo les respondió con la generosidad que suele poner en todos sus movimientos colectivos.

Pero le llamaron, o debieron llamarle para algo más positivo que recorrer en grupo compacto el trayecto medianero entre la plaza de la Libertad y la plaza de Aragón. […]

Le llamaron para pedir con razón y para pedir en justicia.
Para nosotros, demócratas de toda la vida, demócratas por íntima e indestructible convencimiento, el acto de ayer tarde tuvo una significación muy hermosa.

Aunque las asociaciones obreras no habían sido oficialmente invitadas a la manifestación, el elemento obrero dio el contingente más crecido de manifestantes.

Quedó sentada y afirmada una solidaridad social que ha de ser fuente copiosa de bienes, si no se interrumpe.
Que no se interrumpa es lo que deseamos vivamente; porque la concordia social es factor principalísimo de resurgimiento.

Así como el proletariado ha prestado hoy gustosamente su fuerza al capital; cuando los obreros defiendan causas tan lícitas, como el abaratamiento de las subsistencias o algunas de esas reformas que se inspiran en un alto principio de justicia social, los capitalistas deben prestarles su ayuda y su apoyo.
[…]

En la Casa Consistorial

[…]
Comenzó a llegar gente por todas las vías que afluyen a la plaza con objeto de formar en las filas del grupo de manifestantes.
Concurrieron, en compactos grupos los gremios y sociedades que constituyen las fuerzas productoras de Zaragoza porque el cierre de fábricas, talleres y comercios había sido completo en la ciudad.

De los primeros en llegar a la Alcaldía fueron el alcalde y el presidente de la Diputación provincial, señor Isábal, D. Basilio Paraíso y la comisión organizadora del acto compuesta de los señores Mercier, Morón, Marraco y Navarro, por la Cámara de Comercio; Laguna Ortíz, González, Salazar y Pueyo, por la Federación patronal; Navalpotro, Ara, Pérez, Lardy y Mata, por la Unión Gremial, y el secretario general de la Cámara de Comercio señor Valenzuela La Rosa.

Poco después llegaron a la Alcaldía todos los concejales y diputados provinciales; los senadores señores Pérez Cistué, Pelayo y García Sánchez; representantes de las Cámaras Agrícola y de la Propiedad urbana, señores García Gil (D. Antonio), Lafiguera, López Bea, Villuendas, Escudero (D. Antonio) y Briz por la Sociedad Económicas del Cuerpo de Telégrafos, Sindicato de Comerciantes, Colegio de farmacéuticos, de los metalúrgicos, del ramo de la madera, albañiles, pintores…
[…]
La comisión organizadora recibió infinidad de adhesiones, entre ellas telegramas de los diputados señores Romeo, García, Ossorio, Maura, Gascón y Marín, Castellano y marqués de Arlanza y una carta muy respetuosa del prelado señor Soldevila ofreciendo su concurso para la defensa de los intereses de las clases productoras de Zaragoza.

La manifestación en marcha

[…]
La manifestación recorrió las calles de la Democracia, Manifestación, Alfonso, Coso, plaza de la Constitución y calle de la Independencia […]

Los carteles 

[…]
El primero: "¡¡Políticos, escoged!! O las empresas explotadoras o el pueblo que no quiere explotadores"
El segundo: "El monopolio de los transportes anula la soberanía nacional"
El tercero: "Queremos ahora la unificación do tarifas"
El cuarto: "Exigiremos después la nacionalización de los ferrocarriles"
El quinto: "El arancel ha sido un seguro para la ineptitud de los siderúrgicos"
El sexto: "¡¡Quien paga manda. Señor Conde, hay que gobernar!!

En el Gobierno Civil

Llegada de la manifestación […]
La entrega del mensaje: El alcalde, dirigiéndose al gobernador, dijo: "Venimos en correcta y legal manifestación todos los representantes de las fuerzas vivas de Zaragoza y en su nombre se os dirige el alcalde. La Federación patronal, honrándome mucho con ello, ha depositado en mí su confianza para que como representante de la ciudad me encargue de la entrega de este mensaje. Contiene este escrito las aspiraciones y los anhelos justísimos de este pueblo honrado, gallardo, noble y justo y así son de justas y razonables sus pretensiones de ahora. Ruégole que las transmita al Gobierno, con la premura que el caso exige e interesándose por ellas con el cariño que la situación comercial e industrial de Zaragoza merecen”.

El señor Zabía contestó como sigue: "Tengo el gusto y el honor de recibir a los representantes de la provincia y del elemento del trabajo. Les felicito por el espectáculo hermoso de esta tarde y por la forma correcta en que han sabido ejercer sus derechos. Me hago cargo del mensaje que elevaré al Gobierno con el interés que debe suponerse en mí. Aunque mi cargo me impone discreción, advierto que pondré al transmitir el mensaje todo mi empeño en que estas aspiraciones de Zaragoza se realicen. Mucho celebraré que el éxito corone vuestros esfuerzos en esta época en que tan difícil es atender todas las peticiones que llegan al Gobierno, por la anormalidad de las circunstancias. Cuenten, desde luego, con mi concurso que es para mí una satisfacción vivísima. Telefónicamente transmitiré ahora mismo las conclusiones del escrito, para que no sufra retraso el envío”.

El alcalde agradeció este interés del señor Zabía en coadyuvar a la obra de las clases productoras.

El desfile

Después el señor Salarrullana salió al balcón y dirigiéndose a los manifestantes dijo:
"Pueblo zaragozano, el gobernador que tan dignamente nos rige, promete coadyuvar con todo interés al logro do nuestras aspiraciones. Ruego os retiréis con la cordura que habéis demostrado hasta ahora".
Estas palabras del alcalde fueron acogidas con muchos aplausos y los manifestantes se retiraron con el mismo orden con que llegaron, hasta el gobierno civil.

El escrito de las clases productoras

El entregado por el alcalde al gobernador por encargo de las clases productoras, juntamente con la exposición y conclusiones, ya conocidas, está redactado en los siguientes términos:
"En vista que el Gobierno no ha tenido a bien contestar de manera satisfactoria a las conclusiones que la Federación patronal elevó con fecha 1º de abril, las entidades Cámaras de Comercio y Unión Gremial las han hecho suyas ampliándolas.

Y no son solo estas entidades quienes vienen ahora para hacer al Gobierno, peticiones concretas, es todo el pueblo de Zaragoza y Diputación con su presidente a la cabeza quien demanda urgentes resoluciones.
Mucho tiempo ha esperado su redención esta región, pero dispuesta a que no se trate de contentarla con palabras, pasados ocho días sin que se haya concedido la práctica de las conclusiones que sean susceptibles de otorgamiento por real decreto, y prometido formalmente llevar a las Cortes dentro de la legislatura que va a comenzar las que necesiten el concurso de los Cuerpos Colegisladores para darle solución antes de cerrar este primer período, adoptará las medidas más enérgicas que las circunstancias demanden.

Todo lo cual comunican a V. S. para que a su vez lo participe al Gobierno, al propio tiempo que le remita nuestra exposición.
[…]

Los comercios

El cierre de establecimientos fue general; unánime como no podían sospechar ni los mismos organizadores.
A las doce en punto de la mañana empezó el cierre. […]
A las seis volvieron a abrir sus puertas muchos de los establecimientos y la ciudad recobró su aspecto ordinario.
Se comentaba en todas partes lo seria y lo imponente que había resultado la manifestación.

Recopilado por Elena de la Riva y Mapi Rodríguez. Documentación de Heraldo de Aragón







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