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Zaragoza

La máquina de coser vuelve para quedarse

Tiempos de crisis económica, oda a la creatividad, necesidad o, simplemente un hobby. Antiguas o de primera mano, la popularidad de este aparato va en aumento. También entre jóvenes y hombres.

Atlanta Melendo. Zaragoza 28/12/2014 a las 06:00
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8 Comentarios
Establecimiento Yo hago, tu hacesN.Vidal

Asociar la máquina de coser a las amas de casa o a las personas mayores que realizaban labores de costura ha pasado a la historia. Estos aparatos han resurgido como el Ave Fénix en el siglo XXI.

No solo porque la crisis económica ha cambiado de forma radical la manera de comprar, y sobre todo, la mentalidad, sino que en la actualidad están más de moda que nunca y no es exclusivo entre mujeres. También hombres y jóvenes se suman al fenómeno ‘hazlo tú mismo’.

Muchos sitúan el origen de este ‘boom’ con la serie ‘El tiempo entre costuras’ que hoy mantiene ‘Velvet’. Y hay datos que lo confirman. Según Amazon.es las ventas subieron un 135% y especialmente durante la franja horaria de la seria ambientada en el taller de alta costura que regenta una modista española refugiada en Tetuán.

Hasta el momento, estas Navidades las ventas de máquinas de coser han aumentado un 46% con respecto al 2013 en Amazon.es. España. Y este martes ha sido el día de mayor venta de este producto en la historia de la compañía. En concreto, la de la marca Singer Tradition que ha sido el artículo más vendido en su tienda de Hogar ese mismo día, según la compañía de comercio electrónico.
 

Creatividad, nostalgia  o hobby

Pero además del éxito en televisión, el auge de estas labores tradicionales se explica porque “existe una demanda de costura creativa, de personalizar las cosas al gusto de cada uno, de aprender a hacer arreglos porque sus madres o abuelas ya no pueden”, explican Ángela y Natalia, propietarias del café Costura Yo hago, tú haces, de Zaragoza.


“Hay gente que cose como hobby porque les apasiona, otros necesitan ocupar las manos para despejar la cabeza y vienen un par de horas a la semana al taller”, comentan. Laura, una de las clientas que de vez en cuando va a confeccionar al taller cuenta que además de que le gusta trabajar con las manos, prefiere el ‘made in Zaragoza’. “Haces una prenda con patrones únicos, más original y que se adapta mejor tu cuerpo”, detalla Laura.


Las dueñas del Café Costura también creen que algunas personas buscan recuperar el pasado, “coser por nostalgia”, y rememorar escenas de la infancia, cuando veían a sus abuelas zurcir en la mecedora.

Recuperar las máquinas de coser antiguas guardadas en el trastero se ha convertido en el último grito. Enrique Herrara, propietario de Comercial Herrera, un taller de reparación y venta de este tipo de productos de Zaragoza, asegura que ha pasado de arreglar 2.000 máquinas de coser al año a 5.000 en los últimos cuatro años.

“Tenemos los talleres colapsados de máquinas para reparar. Llevo un mes de retraso”, señala. Herrara explica que ha sido la crisis económica la que nos ha obligado a cambiar: “La gente ha aprendido a no desperdiciar y ha optar por arreglar ellos mismo los bajos de sus pantalones, o las cortinas de su casa”.

 

Nuevos talentos


Además, hay nuevos aprendices en el oficio que van desmontando el estereotipo de que coser es cosa de mujeres. “Cada vez vienen más hombres a comprar máquinas de coser. Lo ven como una necesidad para arreglarse cosas puntual”, cuenta Herrera, que dice que también más gente joven se ha iniciado en este mundo.

Las propietarias de Yo hago, tú haces coinciden con Herrera. “En los dos años que lleva la tienda abierta hemos tenido varios chicos, pero vienen para aprender algo concreto, como coser el botón de una camisa. También niñas de unos 10 años que les enseñó a coser su abuela y quieren saber más”.

“Hay mucha diferencia entre los jóvenes, sea chico o chica, y las personas adultas que vienen a la tienda. Los jóvenes son autosuficientes. Vienen a por una máquina sencilla y ellos solos se apañan. Las de entre 35 y 55 años quieren ser más laboriosas”, detalla Herrera.

Tal es así, que el propietario de Comercial Herrara contrató a una profesora de costura para dar clases de iniciación a sus clientas. Empezó con esta iniciativa en enero de 2013 y asegura que “la gente se anima”, además es una forma de incentivar el consumo de los productos que vende ya que si descubren que les gusta coser tiene más probabilidades de vender una máquina.

La copropietaria del taller Alfiler del Gancho, Mercedes Coloma dice que el interés por este oficio es creciente. “Antes eran las mujeres del hogar, la mayoría sin estudios, las que cosían a máquina. Ahora, hay gente con profesiones muy técnicas, tengo en clase de costura hasta una mujer piloto, pero han pasado médicos, abogadas, etc.”, cuenta asombrada.
 

"Costura social"


Además, Mercedes asegura que entorno a los hilos de las máquinas se crea un ambiente “muy majo”, costura social lo llama, porque es un punto de encuentro “donde lo pasas bien y te sientes útil”.

La costurera destaca que el mundo de la aguja e hilo se ha puesto de moda porque las máquinas de coser son mucho más económicas. “Ahora cualquiera se puede comprar una máquina de coser, las venden en todas partes, muy baratas y con una estética muy bonita”, detalla.

El precio de una máquina de coser oscila entre los 89 euros (coste de la Singer Tradition más vendida en Amazon.es) hasta los 9.800 euros, claro que como advierte Herrera estos son aparatos de alto ‘standing’ que solo hace falta tocar un botón para hacerles trabajar, comenta entre risas.


  • Mercedes Coloma22/01/15 14:00
    A Paco Mentarios, le comento, soy Mercedes Coloma, la que al ser entrevistada por teléfono por la periodísta de nuestro heraldo habló del término Costura social, y así le sigo llamando. Quiero invitar a Paco Mentarios, a que nos visite a nuestro establecimiento Alfiler de gancho estudio de moda, situado en Puerta Cinegia segunda planta. Cuando vengas te enseñamos todos los papeles, el 036, los recibos de autónomos, las trimestrales, la anual etc etc. Nos juntamos a coser, nos lo pasamos bien, pero todas nuestras alumnas pagan su cuota mensual. Nosotras pagamos el alquiler de local y nuestros impuestosl. No ganamos mucho, pero disfrutamos con nuestro trabajo y nuestras alumnas también disfrutan. Nos lo pasamos muy bien y nos socializamos aprendiendo, por eso le llamamos costura social. Un saludo Paco Mentarios, espero tu visita y la de cualquiera que quiera aprender a coser rápidamente y socializandose con otras personas con sus mismos intereses. Tenemos wifi y cafes.
  • VIZCOCLETO30/12/14 13:18
    Una maquina de coser mas, un 4x4 quemasoil contaminando menos.
  • El mayordomo de Bicicleto.29/12/14 17:35
    "La máquina de coser vuelve para quedarse", pues como la bici, igual. ¡¡Carril Máquina de Coser, YA !!
  • FRANCISCO Tomas29/12/14 12:32
    Muy bien por las aficiones
  • lo que hay que leer28/12/14 22:17
    Como hooby en casa está bién,pero en una empresa por lo que me cuenta mi madre no es tan bonito,es mas,después de mas de 30 años cosiendo en tapicerías o siendo autónoma para ellos ahora que ha cambiado de oficio no volvería ni loca.Y como dice el #3 hay muchas trabajando en negro en casa trabajando para empresas y eso  siempre ha sido así.
  • Paco Mentarios28/12/14 15:30
    Ahora se llama costura social a tener el negociete montado en casa de hacer arreglos y hacerlos todo en negro. A ver si las inspecciones se van enfocando por allí y a los que estamos legales nos van dejando tranquilos
  • luis28/12/14 11:08
    Lo que necesita la gente que quiere dedicarse a la moda es una tricotadora a un precio asequible, así si que saldrán talentos si se les pone el coste inicial bajo.
  • Patchwork para decorar y abrigar.28/12/14 09:47
    Me encanta leer este comentario, una actividad muy sana y en estos tiempos ayuda a unir a las personas en un ambiente fenomenal. Yo junto con unas amigas empezamos a coser hace años para pasar un tiempo juntas agradable y fomentar nuestra creatividad etc. La verdad es que ni que lo hubiesemos puesto de moda. Empezamos a experimentar con el Patchwork y hemos hechos cosas muy bonitas, únicas y lo hemos pasado muy bien. Yo me llevo mi manta siempre que voy de vacaciones. Son ligeras, amorosas y calientan lo justo, también son un bonito regalo para alguien que lo sepa agradecer porque llevan mucho trabajo y sinceramente muchos no lo reconocen. Lo único que no me gusta son los precios de los materiales, son bastante caros comparados con lo que costarían por ejemplo en Estados Unidos. Las aficiones manuales siempre nos han gustado en casa y cuando mis hijos eran pequeños siempre les comprabamos kits para hacer toda clase de cosas y lamentablemente son muy caros. Ahora me alegro cuando mis hijos ya mayores siguen buscando el estar activos. Somos mucho mas creativos que nosotros pero el haberles inculcado el amor por esos hobbies me hace sentir muy satisfecha.





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