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Zaragoza y sus calles

Calle San Miguel: El comercio resiste a los nuevos tiempos de una vía con estilo propio

Ya no hay cines ni teatros, pero la calle de San Miguel sigue disfrutando de una personalidad única, indispensable para conocer el pasado y el presente de la ciudad.

Actualizada 30/12/2017 a las 18:23
Imágenes de la calle de San Miguel

Entre huertas, históricos hospitales, parroquias y algún conflicto bélico, la calle de San Miguel de Zaragoza configuró su actual aspecto a base de mucha piqueta, escuadra y cartabón. El resultado es una de las vías más reconocibles de la capital aragonesa, de trazado rigurosamente recto entre la plaza homónima y el paseo de la Independencia. Su céntrica ubicación, su red comercial y la oferta cultural de cines y teatros la convirtieron durante el siglo pasado en una de las más bulliciosas.

Hoy lo sigue siendo, pero quizá haya perdido parte de aquel encanto. "La calle ha cambiado mucho, y también los clientes", reconoce Antonio Marín, portavoz de los comerciantes de San Miguel. "Antes había un tránsito tremendo que, ahora con la crisis y los centros comerciales, ha caído prácticamente a la mitad", lamenta. Aún así, se trata de una de las vías con más establecimientos de la ciudad, algunos de los de toda la vida.

Como la relojería Pérez de Mezquía, responsable de que las horas (y las campanadas) del Pilar, La Seo o el Pignatelli funcionen como el primer día. "Empezó mi abuelo en 1935 con un taller, y luego mi padre expandió el negocio a relojería industrial y monumental", señala Fermín Pérez, la tercera generación del negocio familiar.

Es el reflejo de que "todavía hay una importante clientela que busca un comercio especializado con trato personal", comenta Marín. De ahí que muchos establecimientos tradicionales de la zona mantengan su letrero con el paso de las décadas. Otros en cambio expermentan una gran rotación, en especial conforme avanza la calle hacia la plaza de San Miguel. El último en anunciar su adiós ha sido uno de los clásicos. Discos Linacero se va del número 20 a un local del centro comercial Independencia El Caracol. Una pérdida que se une a una larga lista de persianas bajadas e incluso derribos de iconos culturales de la ciudad, como lo fue el Teatro Circo (en el actual número 12) o los cines Goya, reconvertidos en oficinas y locales comerciales hace una década.

Los perdidos

La calle, como tantas otras, es el resultado una planificación urbanística modernista, pero es heredera de un pasado de gran valor, y que en parte todavía se conserva pese a los destrozos de la Guerra de la Independencia. De hecho, cuenta en la actualidad con hasta 21 edificios catalogados por su interés histórico y arquitectónico, entre ellos, la iglesia de San Miguel de los Navarros que se remonta, al menos, a 1260, y que aloja la mítica ‘campana de los perdidos’.

"En 1527, el Huerva era una marisma donde en ocasiones se acumulaba una densa niebla. Varias personas se perdieron en la zona, por lo que se decidió colocar en lo alto de la torre una linterna, para que se pudieran orientar", relata Daniel Portero, presidente de la asociación vecinal 1808 de San Miguel. "En 1556 –continúa–, hubo un temporal que apagó la luz y acabó con varios muertos a las puertas de la ciudad, y por eso se instaló una campana que sirviera de guía para los perdidos". Todavía hoy, dicha campana sigue tocando, aunque solo una vez al día, a las 22.10.

¿Peatonal?

Una de las mayores peculiaridades de la calle de San Miguel radica en su movilidad. Sus atractivos la convirtieron en el pasado en una de las más transitadas por peatones y vehículos. Con los años, la tendencia a ganar espacios exclusivos para los paseantes alejó el tráfico rodado de algunos de sus tramos, mientras que en otros se mantiene la circulación.

El debate sobre las ventajas e inconvenientes de extender esa peatonalización a todo su trazado sigue más presente que nunca. De hecho, los últimos pasos se han dado en sentido contrario. La semana pasada el Ayuntamiento aprobó un proyecto de rehabilitación de un inmueble (número 46) que, debido a su garaje, obligará a recuperar el tráfico en una zona hasta ahora peatonal. Para los comerciantes, es positivo que haya espacio para los viandantes "pero no toda la calle, porque para los comercios es bueno que se pueda cargar en la puerta", comenta Marín. Portero, por su parte, reclama que "si quitan un tramo peatonal, que al menos lo compensen en otra parte de la calle".

73 años (y más) de pasión por el cine

Los Cines Goya fueron durante 73 años uno de los emblemas de la calle de San Miguel. En 1932 se inauguró el Salón Cinema Goya y durante décadas fue un punto de atracción para los amantes del séptimo arte. Una reforma en los años 90 permitió a la propiedad crear unas multisalas y un restaurante.

El complejo cerró sus puertas el 30 de septiembre de 2005 y tres años después comenzó el derribo del interior del inmueble para construir las actuales oficinas y locales comerciales. El Ayuntamiento obligó a respetar la fachada original.

Pero la vinculación de esta céntrica calle con el cine se remonta más atrás. En 1905, Ignacio Coyne abrió el primer local cinematográfico estable de la ciudad. Poco después creó el popular Cine Parlante Coyne, con el que recorrería España.

Sin rastro del popular Teatro Circo

Desde 1887 hasta 1962, en la parcela que hoy ocupa  el edificio de viviendas del número 12 de la calle de San Miguel se ubicaba el Teatro Circo. Tenía una peculiar forma circular y nació como recinto para espectáculos de fieras. Tras ser reformado, se convirtió en una sala muy popular (con 1.972 butacas) de variedades, cine y teatro.





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