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Barrios de Zaragoza

Los vecinos del Bruil sueñan con su parque de 1985

Este fin de semana se celebra la ‘Plantación popular de árboles’ en el parque zaragozano. Gracias al empeño vecinal, en los últimos tres años se han repoblado cerca de 100 ejemplares.

Actualizada 17/04/2016 a las 12:17
Vecinos de la zona del parque Bruil participan en la plantación popular anual.

Paseando con Ismael Prado, el Parque Bruil de Zaragoza se transforma en un auténtico parque de atracciones natural que, por desgracia, pasa totalmente inadvertido para la mayoría de paseantes. El miembro de la junta de la Asociación Vecinal Parque Bruil-San Agustín conoce cada rincón, cada planta, cada árbol y cada curiosidad del espacio natural. “Tenemos muchas peculiaridades aquí, como una gran presencia de Apio Caballar en la ribera del Huerva, una reminiscencia de cuando todo esto era huerta”, recuerda. El parque, como punto de encuentro, es un espacio de convivencia para los vecinos que lo habitan, pero también para su fauna y flora: “Colocamos cuatro casas nido para pájaros y dos para murciélagos que limpiamos y dejamos dispuestas para los nuevos inquilinos una vez al año”.

Conocido por los vecinos como “El dueño del parque”, cada año prepara en su casa los ejemplares que protagonizan la Plantación popular anual. Además, participan en la selección de árboles que coloca el Ayuntamiento. “Hemos elegido especies que se adapten y no den problemas de alergia”, explica. En esta ocasión, entre los ejemplares elegidos habrá un árbol del amor, una acacia japonesa, un Ginkgo Biloba, un pino de París y un olmo del Cáucaso, además de dos branquiquitos y una adelfa aportadas por los propios vecinos.

Aunque el Bruil, que forma una parte fundamental del día a día del barrio, todavía guarda muchas más sorpresas, como los árboles centenarios que lamentablemente están desapareciendo. Actualmente hay cuatro ejemplares ancianos, dos de Almez, una encina y un plátano de sombra. Sin embargo, uno de estos árboles monumentales, un Almez, podría no llegar al próximo verano. “Todavía parece que brota, pero está enfermo y posiblemente no soporte las altas temperaturas este año”, sentencia Prado.

“Lo que pedimos en una plantación de choque para recuperar la masa arbórea de 1985 del parque Bruil, una vez logrado, tan solo habrá que reponer los 15 o 20 ejemplares que se pierden al año”, afirma el vecino. Por aquel entonces había más de 950 árboles, prácticamente el doble que en la actualidad.

En 2010, el Parque Bruil sufrió una reforma que pilló completamente por sorpresa a los vecinos. “Al principio su cometido principal era sustituir el sistema de riego por otro más eficiente y reparar el vallado exterior. Sin embargo, pronto descubrimos que esta reforma tenía previsto además cambiar la fisonomía del parque, así como el talado de varios árboles”, explica David Arribas, portavoz de la Asociación Vecinal de la Madalena Calle y Libertad. Un proyecto que todavía hoy tachan de “improvisado” e “incoherente”.

Como explica Arribas, esta remodelación podría ser una de las grandes causantes de ésta disminución de parte del arbolado. Estas obras se tradujeron en la pérdida de espacios verdes, la compactación de la tierra y en un aumento de la cantidad de riego que afectaron directamente al arbolado. “No contaron con los vecinos para modificar un espacio especialmente señalado y utilizado por la ciudadanía. Y ahora que han pasado tantos años ¿a quién pedimos rendir cuentas?”, concluye.

Recuperan 100 árboles en tres años.


Desde 2011, una vez al año los vecinos de la zona organizan una plantación simbólica en la que participan asociaciones vecinales y varias AMPAS. “Se trata de un acto festivo, pero sobre todo de concienciación. En los últimos años se ha perdido mucho arbolado por varios motivos y no se ha repuesto al mismo nivel”; lamenta Carmen Turégano, presidenta de la AVV. Parque Bruil-San Agustín, mientras señala una zona “prácticamente calva” del parque. Gracias a las iniciativas vecinales y al apoyo consistorial, en los últimos tres años se ha conseguido repoblar cerca de 100 ejemplares.

A pesar de que varios ejemplares han perecido de manera natural, desde la asociación vecinal apuntan a la reforma del parque, al exceso de riego y a la existencia de un hongo –conocido como Armillaria Perea debido a su color miel- como causantes principales de esta desaparición. “Es un hongo natural pero no se puede combatir con productos químicos porque es un espacio público”, indica Turégano.

Por su parte, desde el Ayuntamiento de Zaragoza aseguran que se están llevando a cabo acciones de este tipo en varios barrios de la ciudad y que seguirán trabajando en esta línea. “Algunos árboles singulares han sufrido daños porque no se ha respetado la Ordenanza de Protección del Arbolado Urbano”, explica Alberto Cubero, consejero de Servicios Públicos y Personal.

Asegura que tras el proceso participativo iniciado a raíz de la tala y reposición de arbolado en Gran Vía y Fernando el Católico, están considerando modificar la ordenanza y adaptarla a la realidad de la capital aragonesa: “Durante el proceso contamos con varios grupos ecologistas y alergólogos que determinaron que algunas especies presentes en la ciudad no eran aconsejables por no ser autóctonas o por los problemas de alergia que provocan en los zaragozanos”.
 







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