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HISTORIA

Quince horas dramáticas en Zaragoza

HERALDO.| Actualizada 16/07/2011 a las 20:26     3 Comentarios

En 1936, Zaragoza era una de las ciudades clave para el éxito de la sublevación militar contra el Gobierno de la República. Entre las dos de la tarde del 18 de julio y las cinco de la madrugada del 19, la ciudad vivió un drama. Así contó HERALDO el triunfo de la sublevación.

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Los cañones salieron a la calle en las primeras horas del 18 de julio.. MARíN CHIVITE

Guardias de asalto a las puertas de Correos.

Guardias de asalto a las puertas de Correos.. MARíN CHIVITE

Traslado de prisioneros republicanos en 1938

Traslado de prisioneros republicanos en 1938. ARCHIVO HERALDO

El aspecto de la ciudad, a las dos de la tarde del sábado (18 de julio), era el de un día de huelga general, que en otras ocasiones ha conocido Zaragoza. Los retenes de guardias de Asalto en los centros oficiales, especialmente en el Gobierno Civil y en la Diputación Provincial, eran más numerosos, y camiones de esta fuerza recorrían incesantemente las calles de la ciudad.

Poco después llegaba a Zaragoza y aterrizaba en el aeródromo Palomar un aeroplano en el que viajaba el general Núñez de Prado, quien, en un automóvil de la Comisaría de Vigilancia, se trasladó directamente al Gobierno Civil, acompañado de dos ayudantes y un secretario.

Una vez en el Gobierno Civil, conferenció extensamente con el señor Vera. Desde el Gobierno se trasladó el director general de Aeronáutica a la División para entrevistarse con el general Cabanellas.

Los informadores pudieron enterarse en el Gobierno de que el general Núñez de Prado había sido nombrado inspector de la 5ª División y que el objeto de su viaje era destituir al general Cabanellas, cumpliendo órdenes del ministro de la Guerra.

Esta medida tendía a evitar que las fuerzas de la guarnición secundaran el movimiento iniciado por las tropas de Marruecos, mandadas por el general Franco. Según pudimos saber, el general Cabanellas y los jefes de los regimientos se negaron a escuchar los requerimientos del general Núñez de Prado, al que prohibieron que abandonara el edificio. El general quedó instalado en una dependencia en calidad de detenido. En aquellos momentos se registraron en Capitanía escenas de intensa emoción.

Los regimientos, sublevados

A partir de las primeras horas de la noche, comenzaron a llegar al Gobierno Civil los dirigentes de los partidos políticos y organizaciones obreras del Frente Popular, y durante varias horas no cesó el desfile de nutridas comisiones y representaciones.

Por las calles patrullaban las juventudes republicanas y socialistas, que también prestaban servicio de vigilancia en las inmediaciones de los cuarteles y en otros lugares. Estas maniobras provocaron gran inquietud entre los zaragozanos, por suponer que tenían relación con el movimiento militar iniciado por las fuerzas de Marruecos.

A las ocho de la noche se supo oficialmente que la guarnición de Sevilla, al mando del general Queipo de Llano, había secundado el movimiento, logrando apoderarse de aquella ciudad y dominar fácilmente la situación. Esta noticia vino a aumentar la inquietud y alarma que dominaba a los dirigentes de los partidos y organizaciones obreras del Frente Popular.

A las nueve de la noche se conocía ya que los regimientos de esta guarnición estaban dispuestos a secundar el movimiento de una manera decidida y terminante y se aseguraba que aunque no habían abandonado los cuarteles, de hecho estaban ya sublevados.

A las doce de la noche tuvimos noticias de que a los cuarteles acudían numerosos jóvenes de las organizaciones derechistas acordes con el carácter que se daba al movimiento.

Según nuestras referencias, en varios cuarteles había concentrados más de ochocientos jóvenes, a los cuales les fueron facilitadas armas. Muchos fueron también uniformados. Esto hizo suponer que las fuerzas tenían el propósito de ocupar la ciudad en las primeras horas de la madrugada.

Dos horas antes, el Gobierno civil presentaba un aspecto de animación extraordinario. Todas las dependencias estaban ocupadas por afiliados a los partidos y organizaciones proletarias del Frente Popular. La impresión que dominaba a todos era que en las primeras horas de la madrugada del domingo saldrían a la calle las fuerzas del Ejército para ocupar la ciudad y que inmediatamente sería declarado el Estado de Guerra. Se aseguraba que las milicias republicanas y socialistas intentarían dominar el movimiento. Con este fin se dijo que iban a ser repartidas armas y municiones.

A las doce y media de la noche se presentó en el Gobierno Civil el comité de la Confederación Nacional del Trabajo y se entrevistó inmediatamente con el señor Vera. Parece ser que estos dirigentes dieron cuenta al gobernador de que estaban dispuestos a prestar su colaboración y solicitaron armas y municiones.

En los centros republicanos de izquierdas, en la Unión General de Trabajadores y en los Sindicatos estuvieron concentradas las juventudes durante toda la noche del sábado, esperando instrucciones. Los dirigentes de los partidos políticos y de las organizaciones obreras del Frente Popular abandonaron el Gobierno civil a las dos de la madrugada y el gobernador quedó sólo en su despacho. En este momento se presentaron en el Gobierno el comandante de la Guardia Civil, señor Lasierra, y dos capitanes, los cuales se entrevistaron con el señor Vera, al que dieron cuenta de que el general Cabanellas iba a declarar el Estado de Guerra y que ellos tenían la orden de incautarse de este centro y de proceder a su detención.

El comandante Lasierra, los dos capitanes, el señor Vera Coronel y su secretario particular, señor Alarcón, se trasladaron seguidamente a Capitanía General. El gobernador y su secretario quedaron en una de las salas en calidad de detenidos. El comandante Lasierra regresó al Gobierno y tomó posesión de este centro, disponiendo que todos los funcionarios acudieran inmediatamente.

A los pocos momentos se presentaron el comandante de las fuerzas de Seguridad y Asalto, señor Marzo, y el comisario jefe de Vigilancia, don Eduardo Roldán, los cuales se pusieron a la disposición del nuevo gobernador.

El comandante Lasierra ordenó que salieran inmediatamente las fuerzas de Asalto y realizaran intensos cacheos, deteniendo a todas aquellas personas que les fueran ocupadas armas y municiones. En este momento circulaban por el Paseo y la calle del Coso nutridos grupos, que después de ser cacheados, fueron disueltos por los guardias. No fue ocupada ni una sola arma.

La Ley Marcial, en vigor

A las tres y media de la madrugada del domingo visitaron los periodistas al comandante Lasierra, quien les dijo que, cumpliendo órdenes del general de la División, se había incautado del Gobierno Civil. El comandante Lasierra se negó a hacer otras manifestaciones, diciendo que el que había de hacerlas era el general de la División. Desde el Gobierno Civil se trasladaron los periodistas a Capitanía General, donde fueron recibidos por don Miguel Cabanellas.

-Como ustedes ven -nos dijo- hemos secundado el movimiento patriótico iniciado por las tropas de Marruecos. Se trata de un movimiento netamente republicano para salvar a España de la anarquía y el deshonor. Un hombre que tiene una historia de demócrata y republicano como yo, no podía sumarse a un Movimiento que tuviera otras características.

El general Cabanellas terminó diciendo a los informadores que a las cinco de la mañana saldría una compañía del regimiento de Infantería número 22, para proclamar la Ley Marcial. Como decimos, a las cinco de la mañana salió de la División una compañía del Regimiento de Infantería número 22, con banda de tambores y cornetas, al mando de un capitán. La compañía desfiló por la calle del Conde de Aranda, el Coso y en la plaza de la Constitución fue leído con gran solemnidad el bando que proclamaba la Ley Marcial. Los guardias de Asalto que prestaban servicio en la Diputación Provincial permanecieron formados durante la lectura del bando del general Cabanellas.


(Extracto de la crónica publicada el 23 de julio de 1936, primer día en que se distribuyó HERALDO tras la sublevación)

Más información en la edición impresa de HERALDO DE ARAGÓN

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3 Comentarios
  • #3 Joaquim 27/09/11 00:00

    Queda probado una vez más que los militares fascistas intentaron disimular el golpe de Estado fingiendo que su traición era, en palabras citadas de Cabanellas, "un movimiento netamente republicano para salvar a España de la anarquía y el deshonor". Donde el pueblo tuvo la oportunidad de defenderse, como sucedió en Barcelona, Madrid y Valencia, los rebeldes fueron aplastados. Donde los políticos locales tuvieron más miedo al pueblo que a los rebeldes, como pasó en Huesca, Zaragoza y tantas otras ciudades, ellos mismos pagaron con la vida su pusilanimidad.

  • #2 historiador 17/07/11 00:00

    Interesante noticia no hay nada, como saber lo que sucedio en zaragoza aquellas fatidicas horas, y la icentidumbre de si saber si España comenza una nueva guerra.

  • #1 Luis 17/07/11 00:00

    El miedo a dar armas al pueblo, sirvió para que el mal llamado movimiento nacional nos secuestrará durante 40 años, con el consiguiente reguero de sangre inocente.

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