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Huesca

El convento de Santa Clara de Huesca cuenta con una nueva hermana 42 años después

Sara Miriam Orozco, de 28 años y natural de Ronda, celebró este lunes sus votos como monja.

Rosa Calvo. Huesca 03/05/2016 a las 06:00
Sara Miriam Orozco, de 28 años y natural de Ronda, celebró este lunes sus votos como monja.

Un 'reality' estrenado recientemente se introduce en la vida en un convento y muestra lo complicado que sería para una cualquier joven adaptase a la disciplina de una orden religiosa. Pero la historia de Sara Miriam Orozco contradice lo que en el programa se cuenta, ya que a sus 28 años, celebró este lunes sus votos como monja en el convento de Santa Clara de Huesca. Se trataba de la primera vez en 42 años que entre las hermanas clarisas no se celebraba esta ceremonia, lo que dio todavía más significado al acto.

Sara Miriam Orozco es natural de Ronda, en Málaga, y al cumplir la mayoría de edad ya tuvo claro cuál era su verdadera vocación. “El Señor tuvo misericordia de mí, que andaba como oveja perdida, y por medio de unas hermanas clarisas que me invitaron a hacerles una visita, pude darme cuenta que mis sueños e ideales de fraternidad, de un mundo mejor o mi vacío por vivir en un mundo materialista, solo así tendrían sentido”, aseguraba en la previa de la ceremonia.

El acto duró más de dos horas y estuvo presidido por el arzobispo de Oviedo, monseñor Jesús Sanz. Se celebró en el interior del convento, hasta donde se desplazaron multitud de familiares y amigos de la nueva religiosa, llegados en su mayoría desde Portugal.

“Vivir todo el tiempo de mi vida, en obediencia, pobreza, castidad y clausura según la Regla de las Hermanas Pobres de Santa Clara”, fueron los votos realizados por la protagonista de la ceremonia, frente a la abadesa del convento durante el acto, que luego le otorgó el anillo bendecido como símbolo de su admisión a la orden. Tras el acto, las hermanas invitaron a los asistentes a un picoteo, que como hecho excepcional, ya que son monjas de clausura y a causa de las obras en el templo, pudieron compartir con el resto de asistentes.

Sor Sara Miriam aprovechó estos momentos para repartir los recordatorios de su profesión, en los que aparece un camino, con unas sandalias y un cordón, además del texto “Oigo en mi corazón: buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, Señor”. Esta frase, asegura, ha guiado su vida.

Reside desde hace dos años en el convento oscense, lo que le hace ser consciente de que su ordenación supone un hito también muy importante para la congregación en la ciudad, que cuenta tras su incorporación con seis hermanas en régimen de clausura. A nivel personal, aseguraba sentirse “feliz y muy ilusionada” aunque admitía experimentar a la vez “el estremecimiento que me hace descalzarme ante tan gran misterio”. Confiesa que es un don inmerecido, ante lo que sentencia, “hágase en mí según tu voluntad”.

La nueva clarisa también reflexionaba sobre las vocaciones, dando una visión esperanzadora, al hacer referencia a otros lugares en el mundo donde “no dejan de surgir”, como contrapunto a las pocas ordenaciones que se llevan a cabo en España. “En el mundo hay mucho ruido, el ambiente no es propicio, es todo muy ambiguo y es más difícil que surja la semilla de la vocación, pero también percibo que hay muchos jóvenes cansados de tantas cosas descafeinadas que les ofrece la sociedad”. Por ello, animaba a todos estos a que “no paren de buscar, a que no dejen apagar la llama de la inquietud en su corazón” y a que “sean valientes para arriesgarlo todo”.

La ordenación de sor Sara Miriam se suma a la que se realizó el pasado febrero en la iglesia del Monasterio de Nuestra Señora de la Asunción de Huesca, cuando Jacinta María Kisambu y María Lucía Mueni entraron a formar parte de la orden de las Carmelitas de la Antigua Observancia. Ambas procedían de Kenia, lo que responde al pensamiento de la nueva clarisa de que, en otros países, el número de vocaciones sigue creciendo. “Los primeros años me costó dejar todo, mi familia y amigos, pero Dios da la gracia para dejarlo”, reconocía entonces sor Jacinta María.







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