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Osso de Cinca

Osso de Cinca: Bultacos, Hondas, Yamahas y alguna Ossa en Osso

El club motero de este municipio del Bajo Cinca, compuesto por aficionados de profesiones muy diversas, organiza salidas en ruta y almuerzos solidarios, en colaboración con asociaciones locales.

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Hay autónomos todoterreno, forestales, agricultores, ingenieros, mecánicos, empresarios. Todos apoyan al equipo de fútbol del pueblo, participan en las hogueras de San Antón y en el carnaval (uno de los más señalados de la comarca, con disfraces propios) y no desdeñan jamás una buena ocasión para juntarse en jornadas de camaradería. Los miembros del Motoclub Osso de Cinca forman parte de un amalgama humano unido por el olor a gasolina y la pasión (controlada, eso sí) por las dos ruedas a motor.

"Somos un grupo de amigos, con aficiones comunes –apunta Jesús Pirla, presidente de este colectivo– y la moto como elemento de cohesión. Nos juntamos con la ilusión de armar encuentros en el pueblo y desterrar un poco los prejuicios que hay sobre el colectivo, además de programar las clásicas rutas por carretera. Empezamos pocos, pero se fue incorporando cada vez más gente; admitimos todo tipo de motos, desde carretera a campo o incluso ciclomotores para ciertas actividades. Empezamos con las concentraciones y luego fuimos pasando a organizar eventos. Desde hace un tiempo venimos haciendo los Mañoalmuerzos moteros, ya van cinco; hace nada celebramos el último, y repartimos cuatrocientos almuerzos en una mañana de domingo con el aporte de dos bares locales. Para el pueblo es toda una fiesta; recaudamos 6.000 euros con fines benéficos, y contamos con el apoyo de varias asociaciones del pueblo".

 

 

‘Lorencistas’, pocos

Haberlos, haylos, pero no abundan. A la hora de elegir piloto favorito en MotoGP, cada miembro del Motoclub tiene sus opiniones. "Somos muy puñeteros –reconoce Jesús, con una sonrisa– pero de manera racional. A ver, Lorenzo es un gran piloto, pero mucha gente no lo traga, por la actitud que mostró en los primeros años de su carrera. Personalmente, Márquez también se me ha caído un poco; lo tenía como el mejor, pero no me gustó el lío con Rossi". A las explicaciones de Jesús se van sumando otros socios como Alejandro Colomer, Javier Enríquez y Saúl Jiménez. Dos de ellos gesticulan ante la última afirmación; no hay unanimidad al respecto.

Jesús se pone serio al recordar la desgracia sufrida por un vecino del pueblo. "El chaval tuvo un accidente con el ciclomotor y perdió una pierna. No es miembro del Motoclub, pero sí muy aficionado al mundillo y quisimos tener un detalle con él; le conseguimos las camisetas firmadas de Lorenzo, Pedrosa y Márquez".

Alejandro se ha traído una vieja Ossa para marcarse un par de prudentes ‘ceros’ en la plaza. La broma fónica está servida: hacer el oso en Ossa por Osso. El mecánico sabe bien lo que hace: mima la máquina. "Alejandro –aclara Jesús– trabaja con maquinaria industrial, pero también restaura motos y coches clásicos. Es curioso, pero con esta salvedad ningún miembro del club se dedica directamente al mundo de las motos".

Además de los Mañoalmuerzos, el Motoclub organiza actividades de exhibición. Por ejemplo, han traído varias veces a Osso a Narcís Roca, todo un acróbata sobre moto que domina la disciplina del ‘stunt’ en el entorno nacional: así se denomina a los dobles de riesgo en cine, por cierto. También hacen carreras en entornos cerrados;la más popular, curiosamente, es una de resistencia en máquinas de baja cilindrada, a tres horas; el triunfador es el que da el mayor número de vueltas sin que la mecánica de su moto se vea afectada.

El club organiza salidas a los grandes premios de motociclismo, con parada y fonda en Alcañiz; Motorland está a hora y media. "Los viajes siempre son interesantes; en cierta ocasión –recuerda Jesús– hicimos una vuelta a la comarca con trescientas motos, y hay varios socios que han hecho concentraciones en Italia, con rutas en los Alpes. Quizá es Saúl uno de los que más sale, aunque ahora –dice, señalando al agente forestal zaragozano afincado en el pueblo– anda lesionado y ha tenido que parar. No recordamos ninguna salida mala, no hemos tenido accidentes o problemas graves. Vamos con calma, disfrutando".

Carlos Enríquez, un devoto amante de la naturaleza que se expresa por medio de la ilustración

Carlos Enríquez ha dibujado desde siempre. Además, ha tratado de compaginar esa afición por el afecto desmedido que siente hacia la naturaleza y los espacios abiertos en general. Graduado en la Escuela de Artes Aplicadas de Zaragoza (ilustración y diseño gráfico), el artista y pedagogo osense no tardó en aplicar su formación al campo y fijar su base laboral en casa, con especial dedicación a la flora y fauna de su zona. Ha publicado seis obras ilustradas, tres de ellas avaladas por el premio Félix de Azara de la DPH en 2004, 2006 y 2016. Sus trabajos versan sobre las aves del Bajo Cinca, la naturaleza en Osso de Cinca, la vida en las estepas de Aragón y los humedales, el llamado viaje de los pájaros de la felicidad (en referencia a las grullas) y la vida de Félix de Azara, publicada recientemente; se trata de una glosa de las aventuras protagonizadas por el naturalista altoaragonés en América Latina. Enríquez imparte clases de dibujo e ilustración, talleres de caricatura (también las hace profesionalmente por encargo) y cómic, charlas de apreciación de la naturaleza y, a requerimiento, exhibiciones educativas de pequeña rapaces por otras localidades.

Un encuentro ecuestre muy consolidado

La Asociación Hípica de la comarca del Bajo Cinca mantiene desde hace casi un cuarto de siglo en Osso de Cinca la concentración ecuestre más relevante de la zona, y una de las más importantes de Aragón. El pueblo triplica su población con motivo de este acontecimiento, que suele celebrarse en los últimos días de primavera. Acuden jinetes y aficionados de toda la Comunidad Autónoma, y también de la vecina Cataluña. El primer año se contó co diecisiete caballos, pero en los últimos tiempos se supera con facilidad el centenar.

Las actividades son muy variadas y van desde los juegos ecuestres aptos para todas las edades a los paseos en pony y burro para los más pequeños, demostraciones de labranza con caballerías, comida popular, charanga y verbena. También es costumbre hacer un desfile de carruajes por las calles del pueblo, con amenización musical, y alguna iniciativa que mezcla el humor con la propia exhibición ecuestre.

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