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Puebla de Albortón

La Puebla de Albortón: territorio charrúa en el Campo de Belchite

La Puebla de Albortón es la localidad natal de Juan Antonio Artigas, abuelo del héroe en la historia de Uruguay José Gervasio Artigas. El propio Pepe Mújica se emocionó al conocer el pueblo en 2015.

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En La Puebla de Albortón se cultiva cebada y hay una apuesta creciente por el trigo ecológico, sobre todo para comida de bebés, pasta y pizzas. En el bar Antiguas Escuelas se sirven unas salmueras extraordinarias, y nunca falta gente para una buena charla. Ambiente propicia para recordar una buena historia del lugar. Érase una vez un zagal, de nombre Juan Antonio, Artigas en el apellido. Nacido en 1693 en esta localidad del Campo de Belchite, fue registrado en Zaragoza. Aún mozo, el pueblano emigró al cono sur americano para buscar fortuna; se estableció en el Río de la Plata y se alistó en el ejército al mando de Bruno Mauricio de Zabala.

El aragonés prosperó rápido. Cuando su contingente de soldados españoles se trasladó desde Buenos Aires a lo que ya se daba en llamar Montevideo, allá por la tercera década de siglo XVIII, Artigas pasó a liderar el llamado Cuerpo de Corazas, milicia designada para proteger la naciente ciudad; además de eso, formó una familia de cuatro vástagos junto a su esposa, la bonaerense Ignacia Carrasco.

 

 

El nieto de Juan Antonio, José Gervasio Artigas, nació en Montevideo en 1764 y en 1811 lideró la independencia de la República Oriental del Uruguay, por lo que fue como el libertador de la patria y el protector de los pueblos libres. Una figura coetánea a la de Bolívar o San Martín, por ejemplo, y que gozó de mucha menos ‘prensa’ fuera de su territorio.

La Puebla de Albortón, por contra, sí honra a este libertario que defendió más que nadie los derechos de los indios en sus tierras, sin rehuir su condición de hijo de emigrado metropolitano. Desde siempre se ha recibido en el pueblo a ciudadanos uruguayos deseosos de conocer a fondo las raíces familiares de su héroe nacional.

En septiembre de hace dos años, el ciudadano orgulloso llegado del Uruguay hasta tierras zaragozanas fue el mismísimo Pepe Mújica, antiguo presidente charrúa y uno de los estadistas más queridos en todo el planeta. El alcalde de La Puebla, Jesús Naval, recuerda emocionado aquella visita, que dejó doble huella en el pueblo; la emotiva y muy hollable plaza de la Integración, hecha con la llamada Piedra de la Puebla en el solar donde estuvo la casa de Juan Antonio Artigas, y financiada por la Federación de Instituciones Españolas en Uruguay a un costo de 100.000 euros.

Un hombre magnético

Multitud de autoridades políticas locales quisieron venir a La Puebla a conocer a Mújica, y se contabilizaron hasta más de cuatrocientas personas en el festejo, rematado tras los discursos y reconocimientos por una comida popular en el pabellón. "En las distancias cortas –asegura el alcalde– aún impresiona más como persona. Dejó una reflexión que viene perfecta para los momentos actuales; tanto en los pueblos pequeños como en las grandes localidades, llevarse bien con los vecinos es clave. Entonces, el asunto de los emigrantes sirios estaba a la orden del día en los medios, y él habló de solidaridad sin demagogia; ofreció pautas para manejar el tema con acierto".

Artigas acabó exiliado en el Paraguay, donde también atendió a los derechos de lo indios guaraníes: era demasiado idealista para doblegarse ante nuevas tiranías. "Aunque lo pasó mal por la persecución a la que fue sometido, acabó triunfando; hoy su nombre es venerado en Uruguay. Un adalid de las libertades con ideas propias de la Ilustración y acérrimo defensor de la separación de poderes", puntualiza Jorge.

Naval fue invitado a conocer Uruguay en otoño de 2009; le acompañó otro agricultor y gestor municipal, Sergio Artigas, pueblano y descendiente directo de Juan Antonio. "Nos trataron como a grandes autoridades, casi como estrellas del rock en algunos sitios. Conocimos muchas ciudades además de Montevideo: estuvimos en Pierápolis, Pan de Azúcar, Punta del Este… aquí en el pueblo nos bromean cuando hablamos de esto, como se ríen de un abuelo contando batallitas, pero el recuerdo es imborrable".

Naval y Artigas hicieron rendir aquél viaje de nueve días. "Estuvimos en el Parlamento, nos regalaron bombillas de mate, firmamos en la prestigiosa Casa Edo junto a las rúbricas de Kennedy, Kruschev, Felipe González o Fidel. Ah, y tuvimos en sus manos la primera copa que distingue al campeón mundial de fútbol, título que ganó Uruguay en casa allá por 1930". Volvería a ganar el título Uruguay, por cierto, en 1950: el famoso ‘maracanazo’ de Ghiggia en Brasil. En La Puebla de Albortón, desde luego, los discípulos del entrenador Tabárez tienen una afición silente mientras España esté en liza… que se volcará con la escuadra celeste si esta llega más lejos en el Mundial de Rusia el próximo verano. Si es con unas buenas anchoas en el bar Antiguas Escuelas, mejor que mejor. Palabra de catadores devotos.

Victoriano Zaragozano, el inspirador del Calendario que lleva su apellido

Médico, filósofo y maestro en artes, Victoriano Zaragozano y Zapater nació en La Puebla de Albortón en 1545, y murió en su pueblo en 1602. Su afición a los calendarios o almanaques, que ofrecían predicciones del tiempo con proyección anual, encontró en la época a otro gran entusiasta que sería, de algún modo, rival en reconocimiento: el valenciano Jerónimo Cortés. Zaragozano hizo varios lunarios y repertorios, tanto en el ámbito local como en el europeo, amén de un tratado para curar la peste sin ayuda de la medicina tradicional. Su figura inspiró siglos después a otro científico de la tierra, Mariano Castillo (natural de Villamayor) que en 1840 publicó la primera edición del célebre Calendario Zaragozano, que sigue publicándose a día de hoy, tanto en papel como en internet. De Castillo se cuenta una célebre anécdota, sin duda exagerada pero igualmente entrañable. Al parece, un día le metieron un papel de fumar debajo de la tarima desde la que observaba las estrellas y cuando se subió para mirar el firmamento y observar los astros, dijo: "O la tierra ha crecido o el cielo se ha bajado".

La espectacular y funcional belleza de la Piedra de La Puebla destaca en El Pilar y La Seo

La Piedra de la Puebla es un material tradicional de uso en los palacios aragoneses desde la Edad Media hasta la actualidad. También ha salido afuera, con destinos ilustres: en documentos relativos a la construcción del Palacio Real en Madrid donde se citan muestras de jaspes amarillos del reino de Aragón que podrían provenir de esta zona. También hay Piedra de la Puebla en la Santa Capilla de Nuestra Señora del Pilar; la emblemática obra de Ventura Rodríguez utiliza jaspes y mármoles procedentes de Italia, Tortosa y La Puebla de Albortón. Otros edificios representativos donde se empleó son los pavimentos de la Seo de San Salvador de Zaragoza y varios pabellones del Edificio Pignatelli del Gobierno de Aragón. Además de las canteras ornamentales de la zona de Zafrané, también hay otras al sur del pueblo para usos industriales que explotan un nivel blanco, prácticamente carbonato cálcico puro. La cantera de roca ornamental emplea métodos modernos de explotación; se extraen bloques de 2 x 3 x 2 m, empleando hilo de diamante para el corte de las capas de roca, que se presentan horizontales. La edad de estas rocas calizas es del Jurásico Superior (hace 145 millones de años).

LOS IMPRESCINDIBLES

Barranco de la Hoz

También llamado Foz de Zafrané, tiene dos kilómetros de longitud y es todo un paraíso senderista. Exhibe una enorme cueva madre bajo una cantera de mármol. Hay diversas especies rapaces allá: destaca la presencia del búho real.

Cielo estrellado

La nula contaminación lumínica de La Puebla de Albortón luce mucho en las noches de estío, y ha atraído a la zona a un nuevo tipo de visitantes; los contempladores de estrellas. Uno de los mejores sitios para disfrutar de esta afición.

Afición a la caza

La asociación deportiva Galgueros Los Maños trabaja con dos galgos por liebre. También hay mucha perdiz y conejo. Se cazan los jueves y domingos de inviernos. En mayor, jabalí, cabra y corzo.

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