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Aragón

​Se triplican las granjas de caracoles en Aragón en 5 años

​A pesar de tratarse de un producto de consumo tradicional, la helicicultura es una actividad de reciente creación en el que el intrusismo se alza como una de sus mayores preocupaciones.

Camino Ivars. Zaragoza 14/05/2016 a las 06:00
Granja de caracoles en Montalbán

Más que helicicultor, José Melero prefiere autodenominarse ‘Caracolero’. El ejeano posee la primera licencia de granjas de caracoles de Aragón, además de tratarse de la explotación más grande de España. La helicicultura es una actividad que está de moda y que promete seguir en aumento en los próximos años.

Según datos del Gobierno de Aragón, en 2015 había 57 explotaciones de caracoles registradas, casi tres veces más que en 2010 cuando tan solo eran 20. En el año 2000 Melero montó la instalación Caracoles de Aragón, en Ejea de los Caballeros. Desde entonces la actividad no ha hecho más que crecer hasta el punto de convertirse en un referente del sector a nivel internacional. “Siempre había tenido la ilusión de dedicarme a esto. Fue al nacer mi hija cuando decidí darle un cambio a mi vida y lanzarme a esta actividad”, afirma Melero, que asegura que todavía recuerda las mofas de quienes le preguntaban “¿Pero tú crees que vas a vivir de los caracoles?”.

Y no solo lo hizo, sino que hoy en día se ha convertido en uno de los mayores importadores del país: “Produzco unas 15 toneladas al año, pero estoy vendiendo de 8 a 10 al mes, sobre todo a Cataluña que supone un 80% del mercado actual”. En la actualidad, a pesar del éxito de comercialización, la producción se encuentra estancada: “A día de hoy importamos la mayoría del producto de países como Grecia, Lituania, Polonia, Rumanía y Bulgaria, entre otros”, aclara. En torno al 80% del producto que se comercializa en España proviene de Europa. La instalación cuenta con una explotación de 8.000 metros cuadrados de granja de engorde, una zona de maternidad y otra de manipulado, y da trabajo a diez personas.

La helicicultura actual persigue la comercialización de un caracol de calidad, sometido a rigurosos controles sanitarios y zootécnicos. Según Melero, esta es la gran diferencia entre los productos de granja, y los que se “cuelan” en establecimientos y restaurantes de forma irregular. “Sufrimos de mucho intrusismo, como en el resto de profesiones, pero esta conlleva un riesgo particular y es la ausencia de controles de sanidad. La recolección silvestre es un gran problema para el sector”, asevera.

Hace 10 años nacía la Asociación de Defensa Sanitaria Helicícola de Aragón, (ADSHA), única en España y formada por 26 explotaciones. Uno de sus miembros es Caracoles Montalbán, creada en hace tres años como una solución a la crisis. “Perdí el trabajo tras 12 años en una fundición y empecé a investigar sobre ocupaciones que me permitieran quedarme en casa”, recuerda Manolo Polo, gerente de la empresa.

En abril de 2013 inauguraba una explotación de 2.000 metros cuadrados dedicados al engorde de caracoles en el municipio turolense que, a pesar de los numerosos problemas burocráticos derivados de un sector de reciente creación, ha logrado estabilizarse, eso sí, con mucho esfuerzo: “Tuve que capitalizar el paro y no he tenido ningún tipo de ayuda ya que todas se van a sectores tradicionales de la ganadería”. En su caso, prácticamente la totalidad de su producto se queda en Aragón.

En su granja entran los caracoles ‘Juveniles’, de unos 40 días de vida. “Les damos piensos y hierba ecológica y permanecen en la granja a cielo abierto hasta los tres meses, cuando alcanzan la edad adulta”, explica. Como Melero, asegura que los “recolectores piratas” son una de las mayores preocupaciones del sector: “Han de tomarse más medidas porque sobre todo a las pequeñas explotaciones nos hacen mucho daño”,

Cella, territorio caracolero


El municipio turolense de Cella reúne tres granjas de caracoles. Germán García y José Villegas comenzaron la andadura en este sector hace tan solo un año, pero de momento “no da para vivir”. Ambos realizaron el mismo curso de formación y prepararon todos los trámites juntos, sin embargo aseguran que para sacarle algo de ganancia “habrá que esperar”. Así lo explica Villegas, albañil de profesión y ‘caracolero’ en su tiempo libre, con una granja de engorde de 2.000 metros cuadrados: “Empecé por tener un plus de ingresos, pero hasta el tercer o cuarto año de actividad no se puede saber la viabilidad”, explica.

Aseguran que los inicios son duros, pero no pierden la esperanza. “Para vivir de esto hay que tener una gran extensión e invertir mucho tiempo, ahora mismo mi pareja y yo dedicamos tres o cuatro horas al día. Parece que no, pero son animales y al final tienes que ir a dar vuelta”, comenta García, de Caracoles Mudéjar. Al igual que Villegas, alterna la actividad con su otra ocupación, la de agricultor.

La granja más experimentada del municipio es Caracoles Ginés. A punto de cumplir tres años, Pilar Ginés se presenta positiva a la nueva temporada que acaba de empezar este mes de mayo. “El primer año fue peor, pero el anterior conseguimos vender toda la producción”, afirma la turolense, actualmente en paro y que asegura que para ella es “un pequeño plus económico y un entretenimiento”.







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