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Caso La Muela

El clan admite su culpa y se desmarca de la estrategia de la matriarca

Interrogado por el alto nivel de vida de la familia, el exmarido de Pinilla confiesa que "era más cómodo no preguntar".

M. Garú/M. A. Coloma. Zaragoza Actualizada 13/01/2016 a las 12:55
Segunda jornada del juicio por la Operación Molinos

El exmarido, los tres hijos y la hermana de María Victoria Pinilla no se salieron de la línea marcada por sus abogados y cumplieron a rajatabla el acuerdo alcanzado con la Fiscalía, la Abogacía del Estado y el Ayuntamiento de La Muela. A diferencia de lo que acababa de hacer minutos antes la matriarca del clan Pinilla, los cinco reconocieron sin problema haber blanqueado a través de sus respectivas cuentas corrientes buena parte del dinero negro que obtuvo ilícitamente la exalcaldesa cuando ejercía su cargo como gestora del Consistorio. Además, su exmarido, Juan Antonio Embarba , admitió haber cometido un delito de fraude fiscal, que ha compensado en parte con el ingreso de 222.955 euros a la Hacienda pública por la declaración del IRPF de 2005.

La declaración de Juan Antonio Embarba Laborda, de sus hijos Jorge, Juan Antonio y Víctor y su cuñada, Dolores, sirvió para conocer someramente el alto tren de vida que llevó la familia Pinilla desde que María Victoria alcanzó la alcaldía (llegó en 1987 y estuvo hasta 2009) y comenzó la transformación urbanística de La Muela. No obstante, todos los acusados achacaron sus ingresos a la buena marcha de las empresas que crearon a la sombra del ladrillo, a las ventas de terrenos propios o heredados y a frecuentes y suculentos regalos de sus progenitores.

Juan Antonio Embarba, el primero en declarar, recordó que empezó trabajando en Mercazaragoza y luego estuvo en una empresa de generadores, pero a partir de 2002 decidió hacerse autónomo y dedicarse a la actividad inmobiliaria y a la agricultura, en concreto a cultivar almendros y olivos. Precisamente con la venta de una parcela con 60 ejemplares de estos últimos obtuvo 700.000 euros, cantidad que, junto a la venta por 1,1 millones de una finca heredada de su madre y de otro terreno que adquirió Ebrogan (empresa del fallecido Arturo Beltrán), logró reunir más de dos millones de euros.


Apartamentos en la costa

Este dinero, según declaró ayer, lo empleó después para hacer las principales adquisiciones inmobiliarias de la familia, como un piso en el centro de Madrid, dos apartamentos en Manilva (Málaga), una casa en Sotogrande (Cádiz) y una mansión en la República Dominicana. Esta última, decidieron ponerla a nombre de su hijo Víctor:"Para evitar vincularla con su madre, que era cargo público y alcaldesa", matizó.


No obstante, quitó importancia a la adquisición en la isla caribeña: "Entonces costaba lo que un piso en Zaragoza. De hecho, durante un viaje con vecinos de La Muela tres de ellos decidieron comprar también", expuso. Los gastos de ese chalé ascendían a 600 euros al mes.


Una de las operaciones que tuvo que explicar fue la efectuada con Tudela Inmobiliaria y Gestión, del acusado Julián de Miguel, gerente de Aranade, empresa que gestionaba el urbanismo de La Muela. Contó que su esposa y él eran amigos de De Miguel, que solía invitarles a viajes y les hacía regalos. Declaró que en 2005 compró participaciones de Tudela Inmobiliaria por 221.000 euros con intención de hacer negocios pero que luego –"al ver que podía haber problemas porque Mariví era alcaldesa"–, se las vendió. Admitió que en vez de recuperar esa cantidad pudo ser más: "Unos 300.000, pero no 1,2 millones", dijo.


Las parcelas que vendieron en ese momento formarían parte luego de otra lucrativa operación para ellos, la que llevaron a cabo con la empresa madrileña Brocover. El acusado negó tener relación con esta empresa y dijo al fiscal desconocer por qué toda la documentación de esa operación estaba en su casa. "En esos años mi relación con Mariví no era buena. Teníamos la casa dividida", dijo. Otra de las confesiones de Embarba Laborda –que afronta una petición de cárcel de once años y medio– fue que compró dos fincas a la empresa El Raso y pagó (más de 700.000 euros) en negro. El propietario de esos terrenos, el acusado Antonio Gimeno Melús, confirmó ayer que cobró en B y que ahora ha regularizado su deuda con la Agencia Tributaria.

A preguntas de la fiscal y la Abogacía del Estado, los tres hijos del matrimonio Pinilla asumieron haber blanqueado dinero. Juan Antonio Embarba Pinilla, para quien piden tres años de cárcel, señaló que es cierto que en sus cuentas la Policía halló 223.552 euros sin justificar y que recibió regalos en forma de viajes y coches.

Jorge Embarba, que se enfrenta a cuatro años de prisión, confesó que tuvo ingresos sin justificar por importe de 755.121 euros y compras por 259.559 euros. No obstante, atribuyó el manejo de ese dinero a que en esa época era ludópata y solía ir al casino tres veces por semana. También que a través de las tarjetas de crédito solía sacar unos 30.000 euros al mes en fichas. "No siempre perdía. Cuando ganaba lo ingresaba en mis cuentas", justificó, a preguntas de su letrada, Cristina Ruiz Galbe.

Su hermano Víctor admitió que había 252.000 euros en sus cuentas de procedencia no justificada, aunque intentó hacer ver que parte pudiera ser de regalos de boda o de obsequios de sus padres y de la actividad de su empresa, Olvic.

Por último, Dolores Pinilla reconoció ingresos de 45.297 euros no justificado y explicó que los 338.000 euros que la Policía encontró en la caja de Bantierra eran en su mayoría de su madre, no de su hermana María Victoria.







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