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Historia

Segeda, la antigua ciudad aragonesa que obligó a los romanos a cambiar el calendario

La guerra contra los celtíberos de la antigua ciudad de Segeda, en Zaragoza, obligó a los romanos a cambiar su calendario al que conocemos hoy en día.

Víctor Millán. Zaragoza Actualizada 30/12/2015 a las 13:37
Gracias a la implicación de sus vecinos, Mara revivió una fiesta vinculada a la conquista romanaMacipe

Este 31 de diciembre cientos de millones de personas en todo el mundo se juntarán con sus familiares y amigos para celebrar el fin de año. Una tradición arraigada desde la noche de los tiempos que en el mundo occidental supone que el paso entre diciembre y enero marca también el comienzo de un año nuevo. Sin embargo, y aunque ahora todos lo demos por hecho, esto no siempre fue así.

El motivo original por el que el 31 de diciembre se celebra Nochevieja y no lo hacemos otro día del calendario hay que buscarlo en Segeda, antigua ciudad celtibérica en el entorno del pequeño pueblo de Mara, cerca de Calatayud. Allí, hace más de dos milenios, el 154 antes de Cristo, sus pobladores, los belos, decidieron expandir las murallas de la ciudad, intención que fue tomada por Roma como motivo de guerra alegando que se estaban incumpliendo los acuerdos firmados veinte años antes tras la primera guerra celtibérica.

Sin embargo, el poderío de esta antigua población obligó a los romanos a tomar una decisión sin precedentes. Hasta entonces, los cónsules -el cargo de rango más alto en la República Romana- se elegían en los llamados Idus de marzo el día 15 de ese mes, pero ante la necesidad de ganar tiempo y poder armar y enviar un ejército lo suficientemente numeroso como para combatir a los belos antes de la llegada del siguiente invierno se tomó la decisión de adelantar su elección. El resultado: el año político romano se adelantó al 1 de enero, el cual hemos heredado posteriormente.

Las crónicas antiguas de Apiano de Alejandría así lo recogen: “Segeda es una grande y poderosa ciudad de de los celtíberos llamados belos, adscrita a los pactos de Sempronio Graco. Sus habitantes se propusieron que la gente vecina de ciudades más pequeñas abandonasen sus lugares y se congregasen en su ciudad, a la que rodearían de una muralla de cuarenta estadios de circunferencia, obligando a esto al vecino pueblo de los titos. Enterado el Senado, les prohibió construir ninguna muralla, y ordenó que se pagasen los tributos fijados por Graco, mandando al mismo tiempo que se uniesen a las tropas romanas, pues así lo disponía el tratado de Graco. Los de Segeda contestaron que, respecto al muro, Graco había prohibido construir nuevas ciudades, pero las antiguas podían fortificarse; en cuanto a los tributos y a las tropas dijeron que los mismos romanos después de Graco se lo habían condonado. Y así era en efecto; pero cuando el Senado concede un favor así, añade siempre: estará en vigor en tanto que así plazca al Senado y al pueblo romano".

Francisco Burillo, catedrático de Prehistoria de la Universidad de Zaragoza y director del proyecto Segeda, ha documentado todos estos hechos desde que promovió la primeras excavaciones e investigado sobre el peso que podría tener la población en la antigüedad. “Estamos hablando sin duda alguna de la ciudad más importante de la mitad norte de España, doblando con mucho en extensión a Numancia. Acuñó moneda, lo que le permitió tener influencia sobre las otras poblaciones de su entorno. Y a la postre, provocó que hoy tengamos el calendario que tenemos”.

El proyecto Serranía Celtibérica pretende dar un nuevo impulso a su legado


A ojos de Burillo, Segeda da muestra de lo que fue y en lo que se ha convertido, “tristemente”, toda la zona que habitaban estos pueblos. Ahora desarrolla el proyecto Serranía Celtibérica, que promueve acciones comunes entre varias provincias españolas -entre ellas la zona del oeste de Zaragoza y Teruel- para evitar la despoblación que atenaza este territorio que tiene como sustrato común esta cultura.


“El ejército romano desplazó 30.000 hombres para hacer frente a Segeda. Eso nos da una idea de la capacidad que tenía. Pero además es que los pueblos de la zona consiguieron reclutar un ejército similar que les hizo frente durante el principio del conflicto. Ahora sería imposible reclutar 30.000 personas jóvenes en la zona por cualquier motivo porque simplemente no las hay”, asevera el historiador y arqueólogo.

Tras caer Segeda ante el empuje romano, la guerra se prolongaría hasta la toma de Numancia. Después, Segeda se reconstruiría ya plenamente romanizada en una zona cercana, en el entorno de Belmonte de Gracián.

Ahora, dos mil años después, los vecinos de Mara siguen celebrando en marzo el hito que supuso que sus antecesores hicieran cambiar el calendario. Las investigaciones en los restos de Segeda, sin embargo, llevan paralizadas desde 2012 como en otros tantos yacimientos debido a la supresión de los fondos para la investigación arqueológica que llevó a cabo el anterior Ejecutivo.







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