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San Jorge

José María Tabuenca: "No he salido tan feliz como cuando íbamos toda la familia juntos a coger fruta al campo"

José María recuerda con la misma pasión del primer día el trabajo en el molino de su padre o el primer beso con la mujer de su vida.

M. Fernández. Zaragoza Actualizada 05/01/2015 a las 15:37
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José María Tabuenca

El aroma de la aceituna prensada fue la semilla con la que José María comenzó a cultivar su pasión por el campo.
Este simpático zaragozano nació en Paracuellos de la Ribera en 1929 y sus primeros recuerdos le llevan al molino de su padre, allí en el pueblo, donde fabricaban juntos el aceite. "Los caballos daban vueltas alrededor del husillo con el que se hacían girar las seis prensas", recuerda.


A los 17 le llegó el momento de dejar su pueblo e irse a hacer el servicio militar a Calatayud. Fue allí donde José María conoció a la mujer de su vida.

Todavía rememora la historia con todo lujo de detalles. "Estaba estudiando para perito mercantil en Calatayud. Yo solía pasar por enfrente de la estación de ferrocarril y ella estaba allí. Era la hija del factor". José María sonríe al recordar cómo eran esas primeras miradas con su mujer, a la que hoy cuida con tanto cariño.


"Mi casa estaba frente a la suya. Nos veíamos por la ventana y nos silbábamos". En 1953 José María quiso formalizar las cosas aunque no le fue nada fácil. "Yo estaba convencido de que quería casarme y tenía tantas ganas que fuimos a ver si encontrábamos un cura. Pero ese mismo día había en Zaragoza una reunión que había congregado a todos los curas de la provincia", explica entre risas José María. Según cuenta después de mucho buscar, consiguieron dar con un cura de Purroy que les casó a regañadientes.


Un día de 1959 José María, su mujer y sus dos hijas vieron una oportunidad perfecta para comenzar algo nuevo. Un anuncio en el periódico les llevó hasta una pueblo de colonización llamado Frula en los Monegros. "Yo sabía de frutales y eso me sirvió para montar unos viveros de diez hectáreas". Con eso pagaba el arrendamiento de la tierra y la casa que tras 25 años pasó a ser de su propiedad.


Así José María volvió al campo. A dedicarse a lo que más le apasionaba. "No he sido tan feliz como cuando íbamos toda la familia juntos a coger fruta al campo", recuerda sonriente y ciertamente satisfecho de su vida y su trabajo.
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