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La Cañada de Benatanduz: pupitres, taquígrafos y luz

El pueblo más alto del Maestrazgo turolense recreó con encanto su antigua escuela hace cuatro años, que se ha convertido (junto a su magnífico paisaje) en un aliciente más para detenerse en plena Silent Route.

Antigua escuela
Carlos Gascón muestra los elementos principales de la recreación de la antigua escuela en La Cañada de Benatanduz
Laura Uranga

Sueña con ser informático, y además de soñarlo ha encaminado sus pasos a hacer realidad ese sueño. El joven Carlos Gascón estudia informática en Teruel y trabaja en verano para el Ayuntamiento de su pueblo, La Cañada de Benatanduz, el más alto del Maestrazgo, enclavado en la parte final de la Silent Route (muy popular entre los moteros de toda España); es el encargado de mostrar a los visitantes la escuela-museo de la localidad, una recreación de lo que fue el centro del saber lectivo en La Cañada hasta mediados de los años 70; concretamente, en 1975, cuando se cerró por falta de niños para llenar sus pupitres. Actualmente viven una treintena de personas en el pueblo todo el año.

El ascendiente local de Carlos es el lado materno, los Monterde; por el lado paterno le llegó otro pueblo al que considerar propio, Cantavieja, a apenas media hora en coche. Los Monterde emigraron a Barcelona y seguían viniendo en verano al pueblo. "Y sigue viniendo mi abuela, aunque no reside aquí, tiene ya su vida y sus amigas en Barcelona".

En cuanto a la escuela-museo, forma parte de una iniciativa de la Comarca del Maestrazgo (con el añadido de Mosqueruela en la comarca vecina de Gúdar-Javalambre) que también ha arrojado luz, taquígrafos y elementos nostálgicos en espacios específicos de Tronchón, Cantavieja, Mirambel, La Cuba y una pedanía de Castellote, Dos Torres de Mercader. Sonia Sánchez y Estefanía Monforte fueron las impulsoras de la idea.

Recuerdos muy vivos

"Todavía hay gente en el pueblo -revela Carlos- que llegó a recibir clases en la vieja escuela. La recreación museística se inauguró en 2017, como ocurrió en los otros espacios de la zona; además de recuerdos propios de la escuela se incorporaron elementos hallados en otros pueblos del área". La escuela estaba dividida en dos áreas, para chicos y para chicas, pero esa partición de la estancia ya no existe y la recreación del museo se ha hecho en el antiguo hospital, en el segundo piso. El edificio del hospital, también llamado casa de los pobres, fue construido por Francisco Mas en 1568.

La escuela conserva un mapa de España de 1888, que incluye todavía posesiones de allende los mares, y que figura desplegado junto a la pizarra. También se exhiben piezas comunes al conjunto de las escuelas recreadas en el Maestrazgo, como un mural con la tabla de restar y una lata de aceite de soja como las que repartían los americanos cuando el plan Marshall, distribuida por el Servicio Escolar de Administración.

Además de la pizarra y el gran mapa, el corazón de la escuela recreada lo forman 11 pupitres biplaza. En una de las paredes luce una poesía sin autor, y se colige que salió de la inspiración de un alumno, por las formas de expresión empleadas. En los últimos tiempos se ha colocado también una estufa, que recuerda a las de aquellos tiempos; los inviernos del lugar son muy fríos. En las mesas de los pupitres se van desplegando todo tipo de elementos icónicos de las viejas escuelas, como certificados de estudios primarios, carteles de ‘no sentarse’ o una especie de cómic titulado ‘El padrino de su abuelo’.

También hay un mapa de la isla de Fernando Poo en la Guinea Ecuatorial, antigua colonia española; una carta firmada por el marqués de Floridablanca en 1761, una pizarrita, o una enciclopedia de primer grado y un cuaderno de la alumna Nati Jarque Chulilla -que es del pueblo y vive en Barcelona, pero solo viene en verano- y se ve otra carta dedicado a los tíos de José Fabregat, que vive en Castellón.

No falta un papel de silabear; otra enciclopedia (de segundo grado); un herbario; un ábaco; registro de cartillas de escolaridad y una pizarra que describe la naturaleza de la recolecta de la patatas, que se hace con aladro, y de los diferentes tipos de este tubérculo: royas, blancas, alemanas, holandesas...

Otro aspecto que llama la atención por su triste conexión con la actualidad es el cartel preventivo contra la tuberculosis, que recuerda poderosamente al momento actual con la covid-19. Se recomienda "no dormir en alcoba que no tenga ventana", y se conmina a los muchachos a lavarse las manos "muchas veces al día". A los padres y educadores se les recuerda «no dejar que los niños sean besados y abrazados por personas extrañas». Aún hay más; un dictado del 31 de octubre de 1965 y el mentado gran mapa, que une España y Portugal e incluye a las islas de Cuba o Puerto Rico y las de Filipinas, Palao y Carolinas en el Pacífico, más fotos de antiguos alumnos.

En el edificio contiguo hay novedades más recientes, de finales de 2020. El pórtico del antiguo hospicio luce de nuevo como en el siglo XVII gracias a las obras de recuperación realizadas por la Fundación Santa María de Albarracín, con financiación de la Comarca del Maestrazgo. El espacio ha sido utilizado durante décadas como cuadra para guardar los toros que se sueltan por la plaza en las fiestas patronales.

Wenceslao Gargallo

Vecino de La Cañada, acaba de hacerse octogenario y lleva 15 años jubilado de sus tareas en el sector primario. No perdona el almuerzo de las 10.00 en el bar y multiservicio La Vega, junto al nuevo edificio consistorial. Ahí se juntan vecinos de varias quintas. Wenceslao también enseña en ocasiones el museo-escuela, con el mejor de los discursos: sus propias experiencias. "Fui a la escuela hasta los 14 años y la verdad es que no sé gran cosa, porque no me gustaba -ríe- pero había que ir; si no, nuestros padres tenían que pagar un duro por cada falta, y lo mismo con la misa, derechos había que ir, o si no... otro duro. Ya he explicado alguna vez estas cosas a los chavales que vienen a ver la escuela, donde todos bebíamos leche enviada por los americanos, todos la misma cantidad. Yo me he dedicado a las ovejas y a labrar, siempre en La Cañada. Me gusta mucho mi pueblo; empezamos con dos caballerías y hace poco que vendimos el último tractor, más casi mil ovejas. En estos 15 años últimos, mi gran afición es pasear y no hacer nada. Ni guiñote, prefiero almuerzo y charla".

Artículo incluido en la serie 'Aragón es extraordinario'.

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