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Sociedad

GRIPE A

Más vacaciones de invierno en agosto

Aunque a los habitantes del hemisferio norte nos suene extraño, para la otra mitad del mundo agosto significa invierno, nieve, abrigos y calefacción. Catarros y resfriados comunes, gripes estacionales y, este año, también gripe A. Dado que el virus H1N1 tiene más pervivencia en el aire cuanto más frío es este, adentrarnos en la estación invernal implicará un significativo aumento de contagios y, previsiblemente, de muertes. El hemisferio sur está saliendo poco a poco de este sombrío panorama y se prepara para plantarle cara al sol. Pero su experiencia vivida, sus picos más altos de contagio y sus formas de afrontar médica y socialmente la pandemia pueden ser el espejo en el que nos miremos los vecinos de arriba para afrontar el previsible envite de esta nueva gripe.

Pese a las más pesimistas previsiones, los Ministerios de Salud de países como Chile, Argentina, Uruguay, Nueva Zelanda o Australia han informado de que la repercusión de la nueva gripe ha sido moderada, no ha habido una sobrecarga excesiva de los hospitales y ambulatorios y se ha podido atender de manera razonable la demanda asistencial, como cualquier otro invierno. Las medidas de protección, a falta de una vacuna, se han basado sobre todo en la prevención, como no se cansan de repetir la ministra española del ramo, Trinidad Jiménez, y todos los expertos en el tema.

"Lavarse las manos con agua y jabón o con gel de alcohol, especialmente después de toser, y al estornudar cubrirse con el codo o con un pañuelo de papel, no con la mano, han resultado ser medidas eficaces", asegura desde Necochea, Argentina, la doctora Belén Irungaray, especialista en enfermedades infecciosas del hospital Ferreyra de aquella localidad. También apunta como soluciones preventivas la ventilación de los ambientes, la higiene de superficies como muebles o puertas o no besar o dar la mano. "Estas recomendaciones fueron publicadas en diferentes medios y entregadas de forma impresa en todas las consultas médicas, de las que se recomendaba no abusar salvo en casos de extrema necesidad", indica, desde las antípodas, el director de Salud Pública de Australia, el doctor Fran McGrath, quien añade que "estas simples acciones han ayudado a rebajar la propagación del virus y el impacto de la pandemia en el país".

Agostina de Buenos Aires

Otro de los asuntos que preocupa en España sobre la gripe A es el inminente inicio del curso y la posibilidad de retrasarlo ante los previsibles contagios entre los alumnos. Los países del cono sur han tomado diferentes medidas al respecto. Mientras la niña Agostina di Luciano, de 11 años y residente en Buenos Aires, tuvo una semana más de vacaciones de invierno debido a que su escuela decidió cerrar para atajar el aumento de casos entre sus estudiantes, los alumnos de Australia o los de Nueva Zelanda no suspendieron sus clases y tampoco se registraron inusuales niveles de absentismo por enfermedad, ni en los alumnos ni entre el personal.

El Ministerio de Salud de Chile todavía recomienda a alumnos y trabajadores que, ante los primeros síntomas, "deben quedarse en la casa y no ir a la escuela ni a lugares públicos, excepto para buscar atención médica, al menos durante 7 días, aun si los síntomas desaparecen antes de ese tiempo". De cerrar colegios no dice nada.

"Hace un tiempo hubo ocho casos en mi escuela, pero no cerró; sin embargo, el colegio de una amiga ha cerrado ya dos veces por la enfermedad", explica, sin embargo, Agostina, quien como el resto de escolares argentinos disfrutó de sus vacaciones de invierno una semana en julio, menos este año que ha tenido dos. "Pero en diciembre nos van a agregar la semana que perdimos", se lamenta.

El hemisferio sur ha superado el invierno con menos muertes de las esperadas, aunque, como subraya el catedrático de Patología Animal Juan José Badiola, es difícil obtener conclusiones fiables dado que se habrán registrado muchos más casos de los oficialmente diagnosticados y reconocidos. En todo caso, han superado sin vacunas el embate de la gripe A en invierno, lo que da esperanzas al hemisferio norte para atajar con dosis de inyectables la primera pandemia del siglo XXI.

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