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Sociedad

SANIDAD

Los médicos españoles en el exilio vuelven a casa

Hace 15 años, recién acabada la carrera de medicina, Juan Antonio Alonso y su mujer Mónica Lalanda guardaron en una maleta el sueño de ejercer la profesión en su "tierra" y pusieron rumbo a Inglaterra. Después de estudiar una "barbaridad" para sacar la plaza de médico residente, los resultados no les acompañaron y, al amparo todavía de sus padres, decidieron irse "con una mano adelante y otra atrás".

Su fuga abrió la veda a un fenómeno que la sanidad española no supo combatir: el exilio desde los noventa de unos 5.500 facultativos. Unos inmigrantes forzados que ahora, gracias a las mejoras salariales y a la escasez de médicos en España (se estima que faltan unos 9.000, dos terceras partes en atención primaria), comienzan a volver a casa. Como el matrimonio Alonso-Lalanda.

En los últimos meses, el goteo de candidaturas de médicos españoles que trabajan en el extranjero y quieren optar a un puesto en los centros nacionales ha crecido de manera considerable. De una solicitud cada 15 días se ha pasado a cinco semanales, según datos de la consultora de recursos humanos Adecco Medical & Science. Esta tendencia hace estimar que el sistema nacional de salud recuperará próximamente a más de 550 facultativos (el 10% del total), que emigraron hace años a Portugal, Reino Unido, Francia o Alemania.

Toda una vida

Dos de esas solicitudes son precisamente las de Juan Antonio y Mónica, de 41 y 42 años. Esta pareja palentina que en un día de enero de 1992 puso rumbo a las islas para firmar un contrato de seis meses que casi acaba convirtiéndose en "uno de por vida" -"en este periodo cambiamos de hospital cuatro veces, de domicilio ocho y tuvimos dos hijos", cuenta ella por teléfono-, no se lo pensaron ni un segundo nada más surgir la posibilidad de volver a casa.

Atrás quedan las jornadas "interminables de hasta 130 horas semanales", la "frialdad" de la sociedad británica o la "dificultad añadida" del idioma. Y como ellos, "un montón de compañeros que llegaban en un lento goteo ante las pocas plazas y las precariedad de la sanidad española de entonces", resume Mónica, que hasta hace unos días trabajaba como pediatra en un centro médico de Leeds, al norte de Londres.

En aquella época, como ahora ocurre en España, las ofertas de trabajo no faltaban y los salarios eran más que dignos. Eso unido a las facilidades para acabar la especialidad eran motivos más que suficientes para quedarse en el país de acogida. Sin embargo, jamás se apagó el sueño de volver algún día. Y quién se lo iba a decir a Juan Antonio y Mónica que sería precisamente la inmigración y la carencia de facultativos lo que acabaría por darle la vuelta a la tortilla.

Destino España

Hoy, el marido trabaja "impresionado y encantado" con los medios, la limpieza y el compañerismo de su nuevo puesto de trabajo como traumatólogo en el Hospital de Segovia. Mientras tanto, Mónica y sus dos hijos pasan los últimos días en Leeds antes de hacer las maletas y regresar en agosto a España. Luego, "en septiembre u octubre", espera empezar a trabajar en el mismo centro médico, donde seguro que perderá salario pero ganará "felicidad", asegura.

Sin embargo, el regreso de los médicos exiliados está todavía lleno de obstáculos administrativos y de ese tufillo amistoso que invade aún las relaciones laborales. Asimismo, la búsqueda de trabajo en las páginas de web de las diferentes autonomías es una "tarea de chinos", con un lenguaje "inextricable" y propio de otro tiempo.

Aún desde la lejanía, Mónica echa de menos un llamamiento público del Gobierno "para que volvamos a casa", como hacen otros países como Israel, que un buen día sufrieron una fuga de médicos similar a la española. "Nos lo merecemos", concluye.

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