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El Vaticano abrirá la tumba de San Pablo tras hallar sus restos

El santo está enterrado donde se le venera, en la basílica de San Pablo Extramuros de Roma

El fresco de San Pablo hallado en las catacumbas de Santa Tecla.
El Vaticano abrirá la tumba de San Pablo tras hallar sus restos
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ROMA. El Papa tenía reservado el derecho a dar a conocer la sensación arqueológica al cierre del año de San Pablo: investigaciones independientes confirman que en la tumba del misionero y mártir hay restos óseos que coinciden con la historia de este 'organizador' del primer cristianismo.

 

Apenas pocas horas después, el cardenal Andrea Cordero Lanza di Montezemolo completó el anuncio de que la tumba bajo el altar de la basílica de San Pablo Extramuros, en Roma, será abierta para seguir con el análisis, aunque con la mayor de las precauciones para evitar cualquier daño.

 

"En el sarcófago de piedra, que nunca ha sido abierto, se descubrieron material y restos óseos humanos con la ayuda de una sonda introducida por un pequeño orificio", anunció el Papa de forma inesperada el domingo por la tarde en una parte de su sermón no adelantada previamente.

 

Para Benedicto XVI está claro entonces que San Pablo está enterrado exactamente donde se lo venera. El sarcófago, de más de dos metros y medio de largo, "bajo el altar mayor fue objeto de exhaustivos análisis científicos". San Pablo murió como mártir, decapitado en Roma en el año 67.

 

La diminuta sonda introducida por un agujero descubrió semillas rojas de incienso, una tela de lino con aplicaciones doradas y restos de una tela azul. Pero el auténtico hallazgo es la datación por carbono 14, que establece que los restos óseos proceden del siglo I o II después de Cristo, es decir la época de Pablo.

El rostro del apóstol

Los arqueólogos del Vaticano también descubrieron un fresco con la imagen más antigua de San Pablo en las catacumbas de Santa Tecla, en Roma, informó ayer el diario 'La Stampa'.

 

El arzobispo Gianfranco Ravasi, presidente del Consejo Pontificio para la Cultura, señaló que dicho hallazgo es "un testimonio de los primeros siglos del cristianismo".

 

Según los expertos, el fresco data de finales del siglo IV después de Cristo, por lo que se convierte en la imagen más antigua que se conserva del santo.

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