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Sociedad

IGLESIA

El Episcopado dice que para apostatar hay que justificarlo en persona ante la diócesis

Los obispos detectan un aumento progresivo de niños que son bautizados cuando van a hacer la primera comunión.

Apostatar no puede convertirse en un mero trámite administrativo que se realice por la mediación de una oficina abierta por el ayuntamiento que así lo disponga, como ha ocurrido en algunos municipios españoles. La persona que reniegue de la fe en Jesucristo recibida en el bautismo debe seguir un trámite personal y razonado ante su diócesis respectiva y, si está convencido de ello, recibirá el beneplácito de la Iglesia católica a su firme intención de apostatar.

Ésta es la doctrina que, en nombre del Episcopado, sostuvo este lunes durante una comparecencia informativa el obispo de Tortosa y presidente de la Subcomisión Episcopal de Catequesis, Javier Salinas, cuando fue interrogado sobre los impedimentos que pone la Iglesia ante la apostasía. Salinas dijo que "es una lástima que la gente quiera apostatar, pero entra dentro de la libertad de cada uno", aunque precisó que "lo único que pide la Iglesia" es que este proceso "no sea algo meramente fabricado". "No -espetó-. Hablemos; usted va a la curia, se habla y se razona". Y si la persona en cuestión mantiene invariable su actitud, "se hace el documento y punto".

Subrayó el prelado que ante una decisión de tanto calado como ésta lo que se pretende es establecer una "relación personal". "Me llama la atención que exista una oficina que se dedique a hacer eso, cuando es una función que debe hacer cada uno".

Y prosiguió: "Al igual que uno fue bautizado personalmente, también si se quiere marchar debe decir adiós personalmente a la familia. 'Pues mira, quiero cambiarme'", concluyó Salinas. El trámite sugerido por el obispo de Tortosa no fue puntualizado en ningún momento por el secretario general y portavoz de la Conferencia Episcopal, Juan Antonio Martínez Camino, que compareció en la rueda de prensa junto a él.

Bautizos y primera comunión

El obispo de Tortosa confirmó que durante los últimos años la Iglesia ha detectado "un aumento progresivo de niños que reciben el bautizo con motivo de la primera comunión". Admitió Salinas que no se trataba de un "crecimiento espectacular", pero sí significativo desde que hace unas dos décadas se expandiera la práctica entre un mayor número de padres de no bautizar a sus hijos para dejar esta elección a sus vástagos cuando alcanzaran la mayoría de edad.

Sin embargo, año tras año crece el número de niños que deciden hacer la primera comunión y que, si no recibieron el bautismo al nacer, reciben el primer sacramento en ese momento de la niñez. "Es un grupo cada vez más importante de niños", indicó el obispo, quien recordó que el año pasado se registraron en torno a los 8.000 bautizos con motivo de la primera comunión. En 2007, según cifras del Episcopado, se celebraron 266.000 primeras comuniones en toda España.

Arguyó el obispo que "entra dentro de la mentalidad del niño celebrar una fiesta" cuando hace la primera comunión, si bien responsabilizó a los adultos de la "exageración y exhuberancia" transmitida a esa celebración religiosa, "que puede hacer perder a todos el control" y llegar a convertir lo que debería ser una fiesta familiar en una especie de 'boda'.

El papel de la familia

Reconoció Salinas que la transmisión de la fe de las familias a los más pequeños ha registrado "un cambio, eso es innegable, aunque no sé si denominarlo una quiebra". "Es verdad -indicó que muchos padres traen a sus hijos a hacer la primera comunión siguiendo una tradición y una costumbre, y que a muchos de ellos les plantea problemas asumirla y vivirla". "Efectivamente -añadió hay un problema de transmisión de la fe, pero también nos da la oportunidad de despertarnos del letargo y proponer la fe".

La Iglesia es consciente de estos 'problemas', pero estima que la familia continúa siendo el "ámbito fundamental de la vida, el conocimiento y la fe". "No negamos las dificultades que existen -añadió-, pero hay que aceptar lo bueno que hay. La familia y los padres siguen siendo los primeros educadores de la fe".

Si la situación no es todo lo optimista que se quisiera se debe, a su juicio, a las nuevas formas de trabajo, las nuevas maneras en que se desarrolla la institución matrimonial y la dificultad de dedicar más tiempo a los hijos. "Hay una debilidad de atención, quizá por ello han recuperado bastante protagonismo los jóvenes abuelos".

Libertad

Ante la etapa que se abre con una nueva legislatura de Gobierno socialista, dijo el prelado que, "en este momento, más que nunca, las dificultades están ahí", si bien se mostró satisfecho porque "hoy en día, en nuestra sociedad, tenemos gran libertad para comunicar la fe". "Siempre espero que esa libertad continúe y la Iglesia tendrá la postura de proponer una fe y hacerla razonable, así como que la catequesis contribuya a construir un buen ciudadano, respetuoso, solidario, próximo a los demás y con sentimientos capaces de conmoverse por el sufrimiento ajeno".

La comparecencia conjunta de Salinas y el portavoz de los obispos estuvo motivada por la presentación pública del catecismo de la Conferencia Episcopal Española (CEE) 'Jesús es el Señor', orientado para la iniciación cristiana de los niños de seis a diez años. Este catecismo no es radicalmente nuevo, sino que se trata de uno 'renovado' a partir del anterior texto para estas mismas edades, publicado en 1982 y con idéntico título.

Martínez Camino mantuvo que se trata de un "acontecimiento magno, grande, que descuella como una de las tareas de la CEE". Relató que el texto original fue aprobado en la reunión de noviembre de 2006 de la Asamblea Plenaria, con 70 votos favorables y dos abstenciones, pero su difusión se ha retrasado porque, como es preceptivo, debía ser ratificado en Roma por la Congregación para el Clero. En una primera edición se han sacado 5.000 ejemplares de este catecismo y en los próximos días saldrá una segunda edición de 95.000 ejemplares.

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