Sociedad

MALTRATO A LOS PROGENITORES

Cuando los adolescentes levantan la mano a los padres

Preocupante". Así define la Fiscalía General del Estado en la memoria anual, con datos de 2008 y presentada esta semana, el incremento de los casos de agresiones por parte de los hijos a sus progenitores. Un problema que viene en parte por la pérdida de autoridad de los padres y que, afortunadamente, no es una enfermedad mortal y crónica, sino una situación que finaliza con la terapia y con madurez.

 

En Aragón, según explica José Manuel Casión, jefe del Servicio de Menores de la Diputación General de la comunidad, "de cerca de 1,2 millones de habitantes, hay unos 30 casos en tratamiento por haber agredido a sus padres y cerca de 40 que se han denunciado a la Fiscalía". Cada uno es grave y drámatico en sí, pero, por suerte, la violencia doméstica de hijos a padres, física o verbal, no se ha generalizado en la sociedad.

 

Dentro de las situaciones de maltrato registradas en el Departamento que dirige Casión, una categoría es la violencia a los padres, que, aclara, "no es aislada, sino que se enmarca dentro de las riñas y las disputas".

Las causas

Las causas de este fenómeno son difíciles de determinar y dependen de cada menor, pero el jefe del servicio de la DGA apunta, entre otras razones, a que los niños pasan más tiempo solos en casa, "por lo que no tienen referencias de valores y de comportamiento en sus progenitores".

El experto afirma que "los padres consienten demasiado a sus hijos, mientras lo que se debe hacer es poner normas, sin llegar al autoritarismo". Además, "la violencia en los videojuegos y la televisión, entre otros, tampoco ayuda al crecimiento intelectual de los menores".

A todo ello, según Casión, se añade el cambio de mentalidad respecto a la Justicia: "Cada vez se denuncia más, también porque los juzgados tienen una mayor capacidad de respuesta".

Entre las clases altas

Una vez que se ha dado el paso, con todo lo que supone denunciar a un hijo y lo deteriorada que tiene que estar la situación, la Fiscalía toma medidas. El responsable de menores aragonés afirma que, en el caso de la mediación, se realiza una terapia para reconocer la situación que consiste en "crear un entorno de comunicación exento de violencia".

El maltrato, de cualquier tipo, no entiende de clases sociales. Es una de las conclusiones del informe anual de la Fiscalía. El jefe del Servicio de Menores de la DGA lo confirma, pero matiza que "sí se dan muchos casos entre la clase alta, porque los niños en muchas ocasiones no tienen más referencia que la de los cuidadores; y entre la clase muy baja, por los problemas económicos".

 

Un caso especial es el de los niños adoptados, que pueden venir con un déficit de atención, cariño o maltrato que dificulten sus relaciones. El experto incide en que la búsqueda de pertenencia típica de la adolescencia, con frecuencia se agrava en los casos de adopción, pero no siempre.

Para solucionar el problema, el informe de la Fiscalía apunta al éxito de las escuelas para padres, a la vista de la información aportada desde la delegación valenciana. En Aragón, el Servicio de Menores está elaborando el Plan Estatal de la Infancia y la Adolescencia, para el que profesionales del sector trabajan en nuevos programas que verán la luz a mediados de 2010.

Investigación en Huesca

Del interés por frenar la agresividad de los hijos hacia los padres da medida el impulso de estudios en este sentido, como en el que está inmersa Carmen Bailín, psicóloga y profesional de la unidad de salud mental infantojuvenil de la clínica Santiago de Huesca. Junto a la educadora Charo Tobeñas, Bailín está llevando adelante la investigación 'Menores que agreden a sus padres: factores psíquicos, sociales y educativos', con financiación del Instituto Carlos III de Madrid, y en la que están encuestando a familias, a menores, a educadores de reforma y a los profesionales del Servicio Aragonés de la Salud.

 

A la espera de los resultados, que se publicarán a finales de 2010, la psicóloga aboga por mantener el tratamiento de los menores agresivos tal y como está. "No creo que necesitemos centros específicos -afirma-, porque los casos se pueden atender perfectamente desde los servicios sanitarios". "Lo otro sería psiquiatrizar la situación", añade.

 

Por tanto, Bailín, desde su experiencia en la capital oscense, cree que "ayuda mucho el trabajo coordinado entre instituciones (la Fiscalía, el equipo técnico de esta y los sanitarios)". Este entendimiento es posible si no hay excesiva presión asistencial, ya que "la coordinación requiere tiempo y medir muy bien cómo se hace".

 

Sin embargo, el jefe del servicio de la DGA afirma que "en los problemas muy significativos y graves la coordinación funciona perfectamente en todo Aragón", al tiempo que coincide con la doctora Bailín en que hay que utilizar los recursos existentes aplicados a cada caso.

 

Además, la psicóloga no ve necesario en todos los casos la denuncia, ya que "puede agravar más la situación" e, incluso si el menor se niega a asistir a la consulta, "es posible hacer el tratamiento solo con una de las partes". "Una vez tuve un caso en el que solo venía la madre y conseguimos resultados", argumenta.

Objetivo: comunicarse

Restablecer las relaciones afectivas rotas es la solución al problema. Para ello, se necesita tiempo, paciencia y comunicación.

Es reseñable la labor de la asociación Ascara (Asociación para el Desarrollo Comunitario de Aragón) en Zaragoza, que colabora con el servicio del menor. Directamente en contacto con los casos está la coordinadora del programa de terapia familiar y grupal, la socióloga Petri Used, quien aplica el modelo sistémico para solucionar el problema. Es decir, entender la familia como un sistema de relaciones y, por tanto, implicar a todos sus miembros, "porque el menor no es un ente aislado", aclara la socióloga.

En dicha terapia, que se concreta tras realizar el diagnóstico de cada caso, se ponen objetivos como, según Used, "potenciar los recursos internos para abordar las dificultades, buscar acuerdos negociados, el diálogo, mejorar las circunstancias conflictivas, reforzar el ajuste de la familia y mostrar apoyo en todas las etapas del proceso".

 

Aunque, por supuesto, cada situación es distinta y requiere medidas específicas, la coordinadora de Ascara, con más de 20 años de experiencia, suele ver una coincidencia en todos los casos: "Me llama la atención la delegación en los profesionales ya que llegan muchachos con 14 años que ya han pasado por seis o siete psicólogos o psiquiatras". Acuden buscando respuestas, cuando antes, explica Used, "ese consejo se buscaba en amigos".

 

¿Qué hacer con un adolescente que se pone agresivo, verbal o físicamente? "Los adultos son adultos y, si los adolescentes se ponen agresivos, no deben contestar con lo mismo, sino mantener la calma", aconseja la socióloga. Lo mejor es dejarle gritar hasta que se calme para después dialogar con él desde una postura adulta y serena.

 

Por otro lado, hay que recordar que los niños necesitan límites y normas, por lo que la negociación es muy importante, pero siempre los padres deben tener la última palabra.

 

Según la coordinadora de Ascara, la familia tiene dos funciones, la nutritiva y la normativa. Esta segunda "tiene muchas carencias, no por falta de interés de los padres, sino por cansancio, agotamiento y por consentir más de lo que se debe".

 

La solución no es dejarse, sino ir soltando al adolescente poco a poco. Y, para la socióloga, recordar que "los progenitores son educadores y, por tanto, los niños no son sus amigos".

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