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VIGILIA EN EL AERÓDROMO

Amanece en Cuatro Vientos a la espera de la llegada del Papa

Dspués de la enorme tormenta que no frenó la vigilia de Cuatro Vientos presidida por el Papa comenzó una gran fiesta entre la multitud de jóvenes presentes en el aeródromo. La música sonó hasta bien entrada la madrugada cuando muchos se dispusieron a dormir y otros a rezar.

Un grupo de voluntarias de la JMJ saluda al Pontífice durante la vigilia en Cuatro Vientos
La ilusión de los jóvenes del Papa fue más fuerte que el calor y la tormenta en Madrid
AFP

El amanecer llegó a Cuatro Vientos entre un gran silencio de peregrinos que dormían, servicios de emergencias que descansaban y jóvenes emocionados "de vivir esta experiencia".

La lluvia que protagonizó la vigilia del Papa, cesó sobre las 23.30 y más de un millón de jóvenes aún mojados transitaban las calles del aeródromo madrileño de Cuatro Vientos cantando y bailando al ritmo de guitarras, tambores y panderetas.

Muchas personas abandonaron el recinto tras la vigilia debido a la lluvia y a la incomodidad de que "haya tanta gente aquí masificada", como explicó una religiosa, que ha abandonado el recinto junto a un grupo de unos 60 jóvenes.

Otros muchos que esperaban a las puertas del recinto entraron en él una vez terminada la vigilia a pesar de que las parcelas habilitadas para pernoctar estaban abarrotadas. Así, las calles y las entradas a las carpas, destinadas a capillas o bares, también fueron ocupadas por peregrinos para dormir en ellas.

La noche transcurrió entre oraciones multitudinarias, refrescos en los bares y ríos de gente circulando ininterrumpidamente por todos los rincones del aeródromo. 

Los tambores y cánticos han ido apagándose sobre las 4 de la mañana dando paso al silencio y permitiendo el descanso de la multitud.

También el Samur ha estado "tranquilo", según han informado fuentes de este servicio, desde aproximadamente las 2 de la mañana.

"Algún desmayo, picaduras y poco más" ha referido uno de los trabajadores del Samur, así como el extravío de algunos menores. Por tanto, el que pocas horas antes parecía un festival de masas cualquiera es ahora un lugar sereno.

Algunos peregrinos, sin embargo, han permanecido en vela toda la noche charlando con nuevos conocidos de diversas nacionalidades o rezando.

Alba Rodríguez, por ejemplo, ha pasado gran parte de la noche velando al Santísimo en una de las capillas del recinto porque, según afirma, "hay noches en las que es imposible dormir porque no puedes perderte nada de lo que pasa en cada minuto".

Tampoco Juancho, de 17 años y seminarista menor en Lugo ha preferido mantenerse despierto en esta noche "tan especial". "Alguien que no ha vivido una JMJ no sabe del todo qué significa ser un joven cristiano" ha añadido Juancho.

Por su parte los voluntarios se sienten "agotados" según ellos mismos afirman, aunque "satisfechos con la labor realizada".

En general los inconvenientes en la organización, las condiciones meteorológicas y la falta de espacio, no han mermado la emoción y el entusiasmo de los asistentes a este macroevento.

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