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Tercer Milenio

Leer en la cara la expresión de las emociones: de Darwin a la biometría

150 años después de que Darwin publicara el libro ‘La expresión de las emociones en el hombre y los animales’, sabemos mucho más de cómo los movimientos de los músculos de la cara, incluso los que no duran más que una fracción de segundo, reflejan el estado emocional de una persona.

Aficionados de la selección de Senegal dan rienda suelta a sus emociones en el Mundial de Catar.
Aficionados de la selección de Senegal dan rienda suelta a sus emociones en el Mundial de Catar.
Noushad Thekkayil / EFE / EPA

Todo el mundo sabe que Charles Darwin consiguió cambiar la perspectiva, hasta entonces digamos que egocéntrica, sobre el lugar que ocupa el ser humano en la naturaleza, aunque es menos conocido que sufría una enfermedad crónica que le provocaba vómitos continuos y que apenas le permitía acudir a actos públicos. Probó arsénico, nitrato de amilo, bismuto, cadenas eléctricas, pastillas de morfina, quinina y un ungüento emético, en un esfuerzo continuado por aliviar sus persistentes dolencias. Sin éxito. Quizá el origen o el agravamiento de esa dolencia provenía de su exigente viaje en el barco ‘Beagle’, entre los años 1831 y 1836, que le permitió explorar América del Sur y proponer unos años más tarde, en 1859, su teoría sobre el origen de las especies, que publicó en un libro con ese título en la editorial londinense John Murray.

La cantidad de datos recogidos en el emblemático viaje del ‘Beagle’ dio para mucho, como por ejemplo la publicación el 26 de noviembre de 1872, en la misma editorial, del libro ‘La expresión de las emociones en el hombre y los animales’, exactamente hace 150 años.

Muy resumidamente, en este libro Darwin viene a proponer que los jóvenes y los adultos de razas muy distintas, tanto humanos como animales, expresan similares estados mentales con los mismos movimientos. Es lo que hoy conocemos como el lenguaje corporal. En particular, las expresiones faciales, producidas por los músculos faciales, representarían ventajas adaptativas y, por tanto, serían ventajas evolutivas.

En el segundo capítulo de mi novela ‘2037. Paraíso neuronal’ (Mira Editores, 2021) relato a modo de ficción el encuentro entre Darwin y su editor John Murray III, cuando el primero le entrega el manuscrito y le avisa de que quizá no sea un ‘best seller’, aunque la realidad fue que en los primeros cuatro meses se vendieron nada menos que 9.000 ejemplares. Y es que la fama de Darwin era enorme en 1872; digamos que se había convertido en un ‘influencer’ ya desde su llegada en loor de multitudes al puerto de Falmouth a bordo del ‘Beagle’, 36 años antes.

En un principio, ‘La expresión de las emociones en el hombre y los animales’ estaba pensado como un capítulo de otro libro suyo publicado un año antes, ‘El origen del hombre’, aunque finalmente decidió que su contenido era suficientemente importante para merecer un libro completo. Además, solicitó al editor que se incluyese una gran cantidad de ilustraciones y fotografías, lo que en aquel tiempo complicaba técnicamente su impresión, pero que al final fue resuelto de modo satisfactorio.

Fotografías incluidas en el libro ‘La expresión de las emociones en el hombre y los animales’
Fotografías incluidas en el libro ‘La expresión de las emociones en el hombre y los animales’

Como los libros anteriores de Darwin, este también levantó una gran controversia. Por un lado, el uso de las fotografías como medio de prueba científica no estaba al uso. Más aún cuando, en algunos casos, estas podrían haber sido manipuladas para mostrar con más eficacia las hipótesis propuestas.

Por otro lado, en el libro se daba crédito a la posibilidad de que si se asocian de modo consciente algunos hábitos a una emoción de modo repetido, esta asociación podría ser hereditaria. Este tipo de afirmaciones, inspiradas en las hipótesis sobre la evolución del naturalista francés Lamarck, ha sido desacreditada posteriormente. Además, la preeminencia que da Darwin a la herencia frente a la influencia del entorno encontró numerosos detractores, aunque el tiempo le dio la razón, ya que unos años después se descubrió el origen biológico de dicha herencia y su relevancia a la hora de expresar las emociones u otros atributos. Aunque, por supuesto, la disyuntiva ‘nature versus nurture’ (herencia frente a entorno) sigue dando mucho que hablar todavía hoy, al tiempo que la epigenética arroja luz sobre la influencia del ambiente en los genes.

También se tachó la teoría de Darwin de antropocéntrica al otorgar a los animales cualidades similares a las del ser humano. En cualquier caso, y más allá de las lógicas polémicas de una teoría tan revolucionaria, Darwin dio en el clavo al destacar la importancia de la expresión de las emociones mediante el lenguaje corporal, especialmente en el ser humano, donde tantos aspectos de su existencia están determinados por su carácter social y de relación con otros seres humanos.

La capacidad de expresar los sentimientos sin ni siquiera hablar parece por lo tanto una ventaja evolutiva y ayuda a desarrollar la empatía, es decir, que otro ser humano pueda compartir las mismas emociones. De hecho, existe al menos una huella biológica de la empatía: las neuronas espejo, descubiertas en 1992 por el equipo de Giacomo Rizzolatti.

Mientras investigaban con macacos, y gracias a los electrodos que les habían insertado, descubrieron por azar que cuando un investigador u otro macaco llevaba a cabo la acción de coger un plátano y apretarlo, en el cerebro del macaco se activaban unas neuronas que también se activaban cuando este realizaba la misma acción. A raíz de este estudio, se dedujo que las neuronas espejo, presentes en varias zonas del cerebro humano, son las que nos informan de las acciones y sentimientos de los seres que nos rodean, permitiendo desarrollar la empatía y otras habilidades sociales. Actúan, por lo tanto, reflejando en nuestro cerebro las señales cerebrales de quienes nos rodean.

Músculos faciales, según Charles Bell.
Músculos faciales, según Charles Bell.

La huella de las sonrisas falsas

Aunque en el siglo XIX era bien conocido el uso de las expresiones corporales en la pintura para reflejar los estados de ánimo de los personajes, uno de cuyos principales valedores era Goya (no hay más que observar ‘Los desastres de la guerra’), fue muy destacable el esfuerzo de sistematización del médico escocés Charles Bell, que dibujó con gran precisión los 43 músculos faciales que nos permiten expresar con tanta riqueza nuestras emociones. Y de ahí el refrán ‘la cara es el espejo del alma’.

El músculo de la atención. Duchenne contrae la ceja de una niña con estimulación eléctrica (1854-1856).
El músculo de la atención. Duchenne contrae la ceja de una niña con estimulación eléctrica (1854-1856).
W. Bruce and Delaney H. Lundberg Fund, in Honor of the 25th Anniversary of Photography at the National Gallery of Art

Extraordinaria fue la aportación del médico francés Guillaume Duchenne de Boulogne, que realizó las primeras fotografías aplicadas a la medicina. Sus experimentos consistían en aplicar estímulos eléctricos a los músculos que había descrito Bell para generar expresiones faciales determinadas, las cuales fotografiaba. De esta manera, pudo identificar varias emociones primarias y los músculos correspondientes que las producían. Incluso afirmaba que era capaz de distinguir las sonrisas verdaderas de las impostadas, pues en cada caso son músculos diferentes los que se contraen. En ‘La expresión de las emociones en el hombre y los animales’, Darwin incluyó de modo detallado las contribuciones de Bell y de Duchenne, realizadas unos pocos años antes.

Gestos inconscientes que dicen mucho

Casi un siglo después de la publicación de ‘La expresión de las emociones en el hombre y los animales’, Paul Ekman retomó los estudios de Darwin, concluyendo en 1967 que las microexpresiones producidas por pequeños movimientos de los músculos faciales durante una fracción de segundo reflejaban el estado emocional de la persona. Ekman llegó incluso a viajar a Papúa Nueva Guinea, donde investigó a una comunidad humana aislada. Fruto de esos estudios, concluyó que las expresiones faciales son universales a la hora de reflejar emociones.

De vuelta a su país de origen, Ekman obtuvo un puesto de profesor en la Universidad de California, y ahí consiguió asociar a las expresiones faciales sentimientos tales como enfado, miedo, tristeza, asco, felicidad, sorpresa y desprecio. En 2007 Ekman publicó el libro ‘Emotions Revealed’, que resume los descubrimientos de su carrera, como por ejemplo que el comportamiento no verbal y los gestos inconscientes aportan mucha información, que ciertas expresiones faciales de la emoción son universales o que con entrenamiento se pueden detectar las mentiras por las microexpresiones faciales.

Otro descubrimiento de gran importancia realizado por Ekman fue que las expresiones faciales de emoción realizadas de modo voluntario tienen un efecto real (neurofisiológico) sobre las emociones de la persona.

Tristeza, alegría, ira, asco y miedo en la película ‘Inside out’, de la que Ekman fue asesor.
Tristeza, alegría, ira, asco y miedo en la película ‘Inside out’, de la que Ekman fue asesor.
Pixar / Disney

Además, Ekman desarrolló el sistema FACS (Facial Action Coding System), una herramienta para medir objetivamente los movimientos faciales y que permite por ejemplo detectar demencia y depresión. También lo utilizan informáticos interesados en reconocimiento facial y la industria de la animación para dotar de expresividad a sus personajes.

Vigilando las malas caras

Posteriormente, este sistema fue adaptado para la vigilancia en estaciones o aeropuertos de Estados Unidos (programa SPOT, Screening of Passangers by Observation Techniques, que ha sido criticado por tener sesgos racistas). Otros países como Hungría y Letonia han usado este tipo de programas en las fronteras. Además, estos programas han sido utilizados por empresas en sus departamentos de recursos humanos, en estudios de publicidad y en detección de hechos delictivos.

La polémica siempre ha orbitado alrededor de estos programas. Por ejemplo, estudios recientes del profesor de neurociencia cognitiva Philippe G. Schyns, de la Universidad de Glasgow, cuestionan algunas hipótesis de las teorías de Ekman, en particular la universalidad de las microexpresiones faciales, ya que hay mucha variación entre diferentes culturas.

Hoy existen programas que miden los movimientos de los músculos faciales para interpretar las emociones.
Hoy existen programas que miden los movimientos de los músculos faciales para interpretar las emociones.

Interpretación facial para seleccionar personal o detectar mentiras

Existen empresas que ofrecen sus servicios de interpretación facial para la selección de personal, para analizar el efecto de la publicidad en el público y hacer anuncios más atractivos o para detectar mentiras. Una de ellas es la empresa Affectiva, originaria del área de Boston, cuyos productos han sido utilizados por Microsoft, IBM y Amazon. La empresa Affectiva presume de haber usado 7 millones de fotos de personas de 87 países, teniendo un nivel de acierto en sus predicciones superior al 90% gracias al uso de la inteligencia artificial.

El escenario futuro puede ser todavía más propio de la ciencia ficción (aunque quizá no) si incluimos en la ecuación la neurotecnología, que podría establecer una correlación perfecta entre las emociones, expresadas a través del lenguaje corporal, y nuestro estado mental, que quizá se podrá determinar con precisión mediante dispositivos de interfaz cerebro-máquina.

José María de Teresa INMA - Instituto de Nanociencia y Materiales de Aragón (CSIC-Universidad de Zaragoza)

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