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Perros detectores de chinches: donde el ojo humano no llega

Se trata de una de las aplicaciones de biodetección más curiosas. Hayfa, una pastor alemán de 5 años, es capaz de detectar chinches de cama y picudo rojo, dos insectos muy dañinos.

José Antonio Martínez, adiestrador canino, con el pastor alemán adiestrado para detectar chinches

Entramos en la sala de entrenamiento de Hayfa. Minutos antes, José Antonio Martínez, adiestrador canino profesional, ha ocultado en el orificio de uno de los ladrillos apilados un tubo agujereado con una chinche en su interior. A su orden, esta pastor alemán de cinco años, comienza el rastreo. El olfato de este animal le permitirá llegar allá donde, en la mayoría de los casos, el ojo humano no es capaz de llegar.

La encuentra, hasta en tres ocasiones, en apenas unos minutos. Cuando localiza el tubo, permanece inmóvil, señalando el lugar indicado, a la espera de recibir el premio. En su caso, su pelota favorita. Desde hace cinco años, Martínez es director técnico de Biodetec, empresa pionera en Aragón en la aplicación de este tipo de técnicas de biodetección, consideradas de las más curiosas.

“Nos dimos cuenta de que existía un nicho de mercado en el ámbito de la aplicación de perros de detección que permitía optimizar nuestros recursos”, afirma el adiestrador. En este caso, Hayfa es capaz de detectar el picudo rojo -insecto que ataca y mata las palmeras- y chinche de cama; ambos considerados insectos muy dañinos.

El perro pastor alemán, buscando chinches.
El perro pastor alemán, buscando chinches.
Camino Ivars

“Trabajamos la técnica de asociación olfativa. El objetivo es que el animal aprenda a localizar y marcar su objetivo a cambio de un premio o recompensa”, señala.

Después de la caza, una de las primeras aplicaciones de estos animales fueron los rastros de animales y personas, seguidos de drogas y los explosivos, allá por los años 70. “Si un perro era capaz de eso, se pensó que podrían surgir muchas más alternativas”, admite. Hoy, las opciones son infinitas.

Pero, ¿cómo lograr que un animal consiga detectar algo tan minúsculo como un insecto? “Empiezas con fuentes más grandes de olor, y poco a poco, se va reduciendo la muestra, logrando que lo encuentre con menos concentración”, explica. Eso sí, para el perro, todo es un juego: “Si lo encuentra, consigue lo que quiere”. Se calcula que un perro con capacidades de rastreo es capaz de localizar cualquier olor hasta tres partes por un millón. “En España no hay muchos animales capaces de esto, como mucho, habrá una decena registrados”, asegura Martínez. Y Hayfa es una de ellas.

Conocido como el insecto del viajero, debido a que suele colarse en maletas y ropa, manera en la que viaja, se trata de un insecto hematófago muy difícil de detectar. Se alimenta única y exclusivamente de sangre humana. Habitualmente anida en sofás o camas, pero también en mesillas, interruptores o cuadros, en torno a metro y medio de distancia. Su actividad comienza durante la primavera, en torno al mes de mayo, y se prolonga hasta octubre.

“Por la noche se activa, porque reacciona al calor corporal y al CO2 de la respiración. Al picar, inocula una sustancia anestésica, para después hacer un corte y absorber sangre. Ese día no duele, pero por la mañana es muy molesto”, explica Adolfo Monreal, director técnico de Desinfecciones Bionext, empresa especializada desinfección, desinfectación y desratización aragonesa con más de 30 años de experiencia en el sector.

El perro, buscando chinches
El perro, buscando chinches
Camino Ivars

Un nivel de eficacia de hasta el 90%

Se trata de una plaga que, a pesar de encontrarse prácticamente erradicada en Europa, volvió a emerger en España hace diez años. Hoy se ha convertido en una de sus consultas principales, suponiendo hasta un 15% de su actividad anual. “La pandemia la frenó un poco -como ‘insecto del viajero’-, pero ahora ha vuelto siendo uno de los sectores más demandados en 2021, con todo lo que ello supone. Tenemos clientes que han requerido de apoyo psicológico”, admite. Desde hace una década, su crecimiento es exponencial.

“La aplicación de perros de biodetección se utiliza en los casos más complicados. En otros, se hace a elección del cliente”, añade. El protocolo siempre es el mismo. Son tres sesiones, la primera de inspección -aquí es donde entran en juego perros como Hayfa- logrando un nivel de eficacia de hasta el 90%. “Se trata de espacios en los que ya sabemos que hay chinches porque están picando, pero no logramos encontrarlas”, prosigue.

Una de estas intervenciones, que puede durar hasta cuatro horas, costará entre 90 y 150 euros dependiendo del tiempo y del número de intervenciones requeridas. “Tras la aplicación del tratamiento químico, volvemos cada 12 o 15 días, que es el tiempo de eclosión del huevo, pero casi en la totalidad de los casos se eliminan en el primer tratamiento”, explica. Todo ello dependerá de factores como el número de habitaciones, la superficie, y la incidencia. “El cliente también tiene que trabajar, ordenar, limpiar, tirar algunas cosas… es un trabajo en equipo”, concluye Monreal.

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