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Encuentran los virus humanos más antiguos hasta la fecha: los resfriados nos preceden

Hasta ahora, el virus más antiguo encontrado había sido el de la hepatitis B. Un nuevo descubrimiento demuestra que los resfriados circulaban 25.000 años antes. 

Yacimiento a orillas del río Yana donde aparecieron los dientes de leche.
Yacimiento a orillas del río Yana donde aparecieron los dientes de leche.
Elena Pavlova

Cuando aparecimos, los virus de los resfriados ya estaban aquí. Una nueva investigación los ha encontrado en dientes de leche de un yacimiento con 31.600 años de antigüedad, y los cálculos genéticos apuntan a que aparecieron hace al menos 700.000. Lo más parecido a nosotros que pudieron infectar por entonces eran probablemente individuos de Homo erectus, antepasados de los neandertales y denisovanos. Cuando nosotros aparecimos, nos los encontramos.

El trabajo que los ha descubierto está firmado por laboratorios punteros de buena parte del mundo, aunque todavía está en forma de prepublicación. Los dientes de leche pertenecen a dos niños y son la joya de la corona de un yacimiento a orillas del río Yana, en la Siberia más extrema. Fue descubierto en 2001 e incluye más de 2.500 piezas entre herramientas de piedra y huesos de animales como mamuts.

En palabras del profesor de arqueología Johannes Krause, los dientes son “como una pequeña cápsula de tiempo”. En esos dos pequeños dientes, junto con ADN de los niños, había material no humano. Cuando lo analizaron, descubrieron dos genomas prácticamente completos de un tipo de adenovirus, los responsables de aproximadamente el 15% de los resfriados en la actualidad —un porcentaje parecido a los que causan los coronavirus 'clásicos', los aparecidos antes del siglo XXI—. Además, había material bastante deteriorado de cuatro tipos de herpes.

Hasta ahora, el virus más antiguo encontrado había sido el de la hepatitis B, pero el nuevo descubrimiento es 25.000 años más antiguo y demuestra que los resfriados “han estado en circulación entre los humanos al menos desde el Pleistoceno”, escriben en el artículo.

Biología molecular para estudiar el pasado

Parece que fue el arqueólogo británico Colin Renfrew el que acuño el nombre de arqueogenética, definiéndola como “el estudio del pasado usando las técnicas de la genética molecular”. Si lo circunscribimos a las infecciones, eso es lo que han hecho con los dientes de Yana, eso es lo que ha permitido ver cómo la tuberculosis ha ido modificando con los años nuestro sistema inmunitario o incluso comprobar que los humanos modernos tuvimos sexo con neandertales (y denisovanos). Que, entre otras cosas, eso nos dejó un papiloma y un tipo de cáncer. Y, por lo visto ahora, esa convivencia probablemente nos legó también algunos resfriados.

También es lo que permitió determinar que fue la bacteria Yersinia pestis la causante de la peste negra, la brutal pandemia del siglo XIV que acabó con más de 50 millones de personas. Fue precisamente el equipo de Krause quien lo consiguió, gracias a que lograron acceso a un cementerio exclusivo para víctimas de aquella plaga, un lugar muy cercano a la Torre de Londres. Allí estaba su ADN, 'esperándolos' en varios de los dientes rescatados, esas cápsulas de tiempo.

Más de Yersinia pestis: hace solo unas semanas se halló un genoma muy similar en un veinteañero que vivió en la actual Letonia hace unos 5.000 años, y también se habían visto en restos posteriores de la Edad de Bronce. Ahora se empieza a pensar que pudo ser la causa de otras misteriosas plagas, como la de Atenas en el siglo V a.C. Y que su presencia podría explicar el origen de varias oscuras migraciones.

Así que ahí están, la genética y la arqueología, con un objetivo común aunque no siempre bien avenidas. A veces una acusa a la otra de arcaica, a veces la otra acusa a la una de chovinismo molecular. Esto es lo que dice la antropóloga Alice Roberts: “Dos disciplinas científicas aparentemente dispares se han visto arrastradas a la órbita de la otra, en un camino de colisión. Por un lado está la arqueología, con su suciedad, cargada de historia y tradición; por otro la genética, con su brillo clínico, valiente y descarada en su novedad. La fusión puede ser difícil, pero también puede crear una energía asombrosa cuando se produce”.

A falta de la publicación oficial, los últimos resultados nos dicen que algunos virus del resfriado “son los patógenos más antiguos encontrados en humanos modernos, y proporcionan pruebas directas de una asociación a largo plazo entre infecciones comunes de la infancia y sus huéspedes humanos desde el Pleistoceno”.

A veces, el pasado no es un lugar tan extranjero.

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