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Lisbeth Tipan, repartidora de paquetería: "Se agradece que la gente sea amable al abrirnos la puerta"

Esta joven de 21 años conduce la furgoneta de reparto junto a su tío, en la que recorre Zaragoza entregando y recogiendo envíos. 

Lisbeth Tipan al inicio de su jornada.
Lisbeth Tipan al inicio de su jornada.
L.T.

Para Lisbeth Tipan la jornada comienza a las 6.30 de la mañana. Junto a su tío, carga de paquetes el camión en el que pasarán la jornada, y arranca el motor a las 8.00. "No todos los días salen los mismos paquetes, ni tienen el mismo tamaño o el mismo peso. Hay días que termino mucho más cansada que otros", explica esta joven, que comenzó en enero de 2021 en el sector, tras haber probado otros en teleoperadoras o fábricas de ropa textil.

"A esas horas, siempre hay quien te abre y te coge el paquete de mala gana, diciendote que vas muy pronto. Pero no lo hacemos porque queramos, sino porque a esa hora es a la que emepzamos a repartir", reconoce Tipan. No obstante, la joven asegura que hay gente "maja" que al abrirle la puerta le desea buenos días. Además, ella ha sabido encontrar el punto positivo a su labor: "Me ha servido mucho para aprenderme las calles y a ubicarme. Antes me sentía muy perdida y ahora conozco muy bien la zona por la que estoy", comenta.

En torno a las 13.00 paran el camión y hacen un descanso de en torno a dos horas durante las que continúa el reparto, hasta que regresan a los asientos y ponen rumbo a su itinerario una vez más antes de terminar, sobre las 17.30. 

Eso, si todo va bien y no hay que reestructurar la ruta. "Normalmente llamamos antes de pasar por el domicilio para estar seguros de que el cliente estará disponible, pero a veces no responden y, cuando llegamos, no hay nadie para abrir la puerta y el cliente no está interesado en dejárselo a ningún vecino. Todo eso son viajes en balde que nos rompen el itinerario y hacen la jornada más estresante. En especial, cuando son paquetes que deben entregarse en una franja horaria determinada o antes de una hora concreta", lamenta la joven.

"En estos casos agradeceríamos que la gente que tiene opción de dejarlo en un punto de recogida en lugar de recibirlo a domicilio lo hiciese, así nos ayudarían a llevar una mañana un poco más ágil", señala.

Tal vez por su experiencia laboral, Lisbeth no suele pedir a domicilio. "Si lo he hecho ha sido una vez al año. Y, en todo caso, si lo hiciera, optaría por la opción que dan muchas empresas de paquetería de dejar el envío en un 'partner shop' al que puedes pasar a buscarlo".

Ir de casa en casa en mitad de una pandemia

El de los repartidores ha sido uno de los empleos que se mantuvo cuando la mayoría de las persianas bajaban. Ello permitió a muchas familias continuar ingresando dinero en casa pero, por otra parte, también exponerse mucho más que quienes esperaban en casa. Aunque Lisbeth en 2020 todavía no trabajaba en el sector, su padre sí lo hacía, y terminó contagiándose. "Venía y no tenía contacto con nosotros hasta desinfectarse. Pero aún así tuvimos mala suerte y acabamos infectándonos todos". No obstante, no hubo que lamentar pérdidas: "Pasamos la cuarentena y todos estamos bien ahora". 

La experiencia les ha enseñado a ser todavía más prudentes, en especial ahora que son dos en casa los que reparten y están en contacto continuo con mucha gente. "Por eso se agradece mucho que la gente sea amable y lleve la mascarilla al abrirnos la puerta. En general, todo el mundo lo hace, salvo a veces a la gente mayor porque se les olvida", resume.

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