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Ciencia a lo bestia

Un calamar lechón ‘cazado’ a unos 1.500 metros de profundidad

Un robot submarino de la expedición Nautilus sorprendió a principios de julio a un calamar lechón del género Helicocranchia en las profundas aguas del atolón Palmyra en el Pacífico, una de las zonas menos exploradas de ese océano. Este animal suele medir unos 10 cm y se caracteriza por tener un sifón en forma de hocico de cerdo.

Este pequeño calamar lechón fue avistado en la expedición Nautilus.
Este pequeño calamar lechón fue avistado en la expedición Nautilus.
Nautilus

“¿Qué eres?”. “¡¿Qué es eso?!”. Estas son algunas de las preguntas que se hizo el equipo del Nautilus al encontrarse con un calamar lechón transparente (Helicocranchia sp.). El pequeño animal, de unos 10 cm de longitud, suele vivir cerca de la superficie del mar, a profundidades de entre 100 y 200 metros, y bajar hasta los mil metros cuando llega a la edad adulta.

Sin embargo, el vehículo de exploración logró captar imágenes de este molusco a 1.385 metros de profundidad cerca del atolón Palmyra en el océano Pacífico. El calamar presentaba unas pequeñas aletas parecidas a remos y unos tentáculos cortos sobre sus ojos.

Sin duda, su característica más llamativa, además de la redondez de su cuerpo mientras flota, es su sifón o hiponome (un órgano que le permite expulsar agua y que produce una fuerza de locomoción) en forma de hocico de cerdo. Este rasgo le ha valido su nombre común.

El animal fue descubierto durante la expedición Nautilus, cuyo objetivo es caracterizar el fondo marino en las cercanías del arrecife Kingman, el atolón Palmyra y la isla Jarvis dentro del Monumento Nacional Marino de las Islas Remotas del Pacífico, una de las áreas marinas protegidas más grandes del mundo.

Según los expertos, las aguas de estos territorios, muy aislados, se encuentran entre las menos exploradas del océano Pacífico. Además de mapear las profundidades, el proyecto, operado por el Ocean Exploration Trust, utiliza robots submarinos no tripulados (ROV, por sus siglas en inglés) para registrar los procesos geológicos, biológicos y oceanográficos de esas áreas.

A bordo del Nautilus, un buque de investigación de 64 metros, los científicos logran así estudiar las montañas submarinas, detectar los hábitats más vulnerables y sensibles, y observar las comunidades biológicas. Los investigadores esperan descubrir entre todos estos organismos especies nuevas para la ciencia.

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