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Dormir poco me pone de mal humor

Esas reacciones desproporcionadas, al punto de la mañana, ante el menor contratiempo tienen explicación. ¿Qué ocurre en el cerebro cuando no descansamos lo suficiente por la noche?

El cansancio pasa factura
El cansancio pasa factura
Vic

6.50 de la mañana. Suena el despertador. Apenas has dormido cinco horas, y se te pegan las pestañas. De camino al baño te tropiezas con tus zapatos. Y sueltas un exabrupto. Luego oyes ladrar al perro del vecino, y gruñes aún más que él. "¡Tan temprano!", refunfuñas. Los zapatos te aprietan hoy más que otros días. Y encima los niños se hacen hoy los remolones en la cama. Así que les dices que se levanten a gritos. "Está de mal humor", susurran entre ellos.

Llevan razón. Dormir de menos una noche te pone los nervios a flor de piel. Y hace que reacciones con ira ante la mínima frustración. Según prueba un experimento de la Universidad Estatal de Iowa (EE. UU.)que publica la revista ‘Journal of Experimental Psychology’, el cansancio agrava la irritación. Para demostrarlo, los investigadores reunieron a dos grupos de personas. Unos mantuvieron su rutina normal de sueño (y durmieron en torno a siete horas) y los otros restringieron de dos a cuatro horas cada noche durante dos noches consecutivas (y descansaron solo cuatro horas y media). Luego los llevaron al laboratorio y les pidieron que clasificaran productos mientras escuchaban distintos ruidos, suaves y fuertes. Para provocarles incomodidad. El resultado fue el que esperaban: el enfado era sustancialmente mayor en los que habían dormido menos de la cuenta. Ahora quieren reunir datos para averiguar si, en la vida normal, esa ira implica comportamiento agresivo hacia terceras personas.

Investigaciones previas apuntan a que este aumento de la ira está relacionado con la actividad de la amígdala, una estructura profunda del cerebro que controla las emociones. Cuando se expone a sujetos privados de sueño a imágenes con contenido emocional negativo, los niveles de actividad de esta zona suben un 60% más de lo normal. Y no solo eso: también interrumpe las conexiones entre la amígdala y la corteza prefrontal medial, que es la que lleva las riendas de la amígdala –y de las emociones– y modera su respuesta. De ahí las reacciones desproporcionadas de los que duermen poco.

Hay más. El año pasado, un estudio científico italiano reveló que cuando no dormimos suficiente, las células del cerebro que normalmente se comen a las células desgastadas y devoran la basura se vuelven hiperactivas en los ratones crónicamente privados de sueño. A corto plazo eso es beneficioso: limpia de residuos y reconstruye los circuitos neuronales, lo que implica conexiones cerebrales más sanas. pero a largo plazo aumenta el riesgo de padecer alzhéimer y otros trastornos neurológicos.

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