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Por qué me pasa

Por qué no tengo el corazón en el centro del pecho

Investigadores franceses han llegado a la conclusión de que quien lleva la batuta de esta y otras asimetrías es una proteína que hace que otras moléculas se muevan en espiral. 

Elena Sanz 02/12/2018 a las 05:00
Estructura de la miosina 1DGaëlle Lebreton; photo editing by Stéphane Noselli / iBV / CNRS

Aunque podría parecer que ser simétrico es la norma entre los seres vivos, la asimetría abunda. Normalmente no aflora, y solo excepcionalmente la apariencia exterior es desigual, como le sucede al calamar joya, un cefalópodo con un ojo izquierdo sobredimensionado frente al derecho. Pero en las entrañas, la cosa cambia. Uno de los mejores ejemplos lo encontramos en la lateralización de la mano humano (somos diestros o zurdos, normalmente) y, en general, del cerebro de la mayoría de los animales. Pero también en la forma asimétrica de la espiral de ADN y en cómo nuestros órganos internos impares, como el hígado (desplazado hacia la derecha) y el corazón (a la izquierda), no están ubicados en el centro del cuerpo.

¿Por qué? Investigadores del Instituto de Biología Valrose, en Francia, acaban de llegar a la conclusión de que quien lleva la batuta de estas y otras asimetrías es una proteína que hace que otras moléculas se muevan en espiral. Esto provoca un efecto dominó que hace que las células, los órganos y a veces el cuerpo entero giren.

Según publica en su último número la revista ‘Science’, la proteína en cuestión no es otra que la miosina 1D. Para comprobar su mecanismo de acción, los científicos franceses indujeron su producción en órganos de la mosca de la fruta (Drosphila) que normalmente son simétricos, como la tráquea. Y comprobaron asombrados que, como consecuencia, no solo se retorcía la tráquea sobre sí misma, también muchas otras células se deformaban, e incluso las larvas de la mosca tendían a moverse en espiral. En definitiva, lo que empezaba como una ‘simple’ asimetría molecular, por un efecto en cascada se trasladaba rápidamente a las células primero, después a los tejidos y, finalmente, al comportamiento de los insectos. Todo por un puñado de proteínas.

El corazón no es zurdo desde el principio. En el embrión, este órgano aparece en un primer momento en la línea media, en el centro. Pero durante el desarrollo cardíaco dos grupos de células se incorporan desde la derecha y la izquierda. Las de la derecha son mucho más numerosas (porque hay genes que se expresan más en este lado), por lo que empujan al corazón y acaban desplazándolo a la izquierda. De demostrarlo se encargaron el año pasado investigadores españoles y alemanes. En un estudio del que se hacía eco ‘Nature’, hicieron público un experimento con embriones de pollo, pez cebra y ratón. "Hemos comprobado que, al anular la función de dos genes que provocan el movimiento, Snail y Prrx, el corazón no se traslada y permanece en el centro del cuerpo", explicaba Ángela Nieto, investigadora de la Universidad de Alicante.

Que este desplazamiento tenga lugar es vital. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, cada año fallecen más de 250.000 recién nacidos durante las primeras semanas debido anomalías congénitas, el 50% de ellas cardíacas. Muchas están relacionadas con la posición del corazón. Porque resulta que si no acaba con su parte inferior apuntando al lado izquierdo, es imposible que se produzca la concordancia correcta con las arterias y las venas.

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