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Sociedad
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(In)dignidad

Cristina Cifuentes en una imagen del día que anunció su dimisión al frente de la comunidad de Madrid
Cristina Cifuentes renuncia a la presidencia del PP de Madrid
Efe

Gabriel García Márquez decía que la vida da vueltas en redondo, y espero que así sea porque, aunque soy lega, confío en que la justicia (divina o la que sea) ponga donde debe a la Manada. Por nuestra propia dignidad.

Vivimos momentos raros, y asusta pensar en manos de quiénes estamos. Personas capaces de guardar en un cajón una cinta de vídeo y sentarse a esperar. Siete años. Una cinta que se borra a los 30 días. ¿Es así como funciona la política en nuestro país? Porque a efectos políticos es lo mismo robar 40 euros en el súper que diez millones del erario, y mejor le hubiera ido a Cristina Cifuentes si la hubieran pillado por un buen pellizco, porque seguiría siendo presidenta de Madrid: entre que se descubre, se denuncia, se desmiente, salen pruebas, se marea la cosa y un juez decide imputar, habría resistido hasta las elecciones del 2019. Pero ha sido por una cutrez, por un par de cremas antiarrugas robadas como una adolescente, escondiendo, quizá, un problema de otro cariz. Aderezado, además, con su máster apócrifo. Me quema todo y me repito al decir que da miedo pensar en manos de quiénes estamos. Indigna. Da pena y asco, porque la política no está sobrada de credibilidad en España.

Es como en esas series nórdicas que me enganchan en las que todo está enfangado, en las que dejan la honestidad para quien de rebote asume el poder y se encuentra de bruces con el lado oscuro. Como en ‘Borgen’ o en ‘Okkupert’. A mi padre le hubieran encantado porque devoraba todo lo que oliera a política en ese su mundo de los sueños de la Transición. En el de aquellas noches de debate entre amigos, güisquis y pitillos. De esperanzas por un futuro perfecto. Sin espejos. Sintiéndose lejos de la Italia mirada de lado por corrupta, que tanto juego daba; de la Francia a la que el poderoso François Mitterrand amnistió en los noventa, un blanqueo de alcaldes y concejales sorprendidos en falsas facturas, propinas, desviación de fondos, tráfico de influencias y corrupciones, porque no había para elaborar listas...

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