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Sociedad

Salud: microbios de andar por casa

En nuestro hogar hay billones de bacterias, la mayoría beneficiosas, pero otras conducen a enfermedades. Contra todo pronóstico, el baño no es la estancia más sucia.

Microbios: nos rodean
Microbios: nos rodean
Josemi Benítez

Si es usted hipocondríaco, si sufre algún síntoma compulsión con la limpieza o si, simplemente, es escrupuloso, no lea este reportaje. Pase de página antes de que su mundo quede destruido. "Porque muchas de las creencias que tenemos respecto a la limpieza en el hogar y en la preparación de los alimentos están equivocadas", advierte Alberto Alcolea, jefe del Servicio de Seguridad Alimentaria y Salud Ambiental del Gobierno de Aragón. "¿Dónde hay más gérmenes, en la pared del baño o en una bayeta? ¿Hay más bacterias en el suelo o en el pomo de una puerta", pregunta. Y la respuesta es más que sorprendente.

Es la bayeta. Es el pomo.

No todas las bacterias son nocivas, claro está. En nuestro cuerpo conviven billones de microorganismos que, de hecho, ayudan en las funciones fisiológicas. Pero las hay también dañinas, como los estreptococos que originan neumonías o faringitis, microbios que conducen a diarreas o salmonelosis...

Tiene más bacterias un mando a distancia que un inodoro. La ropa interior transmite 500 millones de bacterias ‘E. coli’ directamente a la lavadora, donde se reproducen gracias al calor y la humedad. Y el estropajo puede tener hasta 200.000 veces más gérmenes que el inodoro. ¿Y el ratón del ordenador? Aproximadamente un 50% más bacterias que el asiento de un retrete.

Javier Alcolea hace hincapié en la importancia de la higiene, sobre todo en la manipulación de alimentos. "Han de adquirirse en establecimientos que nos den confianza, almacenarse como aconseja el fabricante y tener un especial cuidado con las superficies donde los vamos a cocinar. Encimeras y tablas de cortar nos pueden parecer limpias, pero no están desinfectadas. Da igual si hemos frotado con detergente o amoniaco si luego pasamos una bayeta que nunca se ha desinfectado". Porque el estropajo y las bayetas son uno de los mayores focos de concentración de gérmenes, "ya que arrastramos con ellos suciedad, simplemente los aclaramos y después los dejamos húmedos y a una temperatura ambiente".

Según la Sociedad Española de Microbiología, la cocina es un foco de infección mayor que el baño precisamente porque creemos que el inodoro es el lugar donde centrar nuestros esfuerzos. Limpiamos las superficies como mínimo dos veces a la semana con productos desinfectantes, lejía, pastillas... "Pero limpiar no significa necesariamente eliminar microorganismos, advierte Maite Muniesa, del Departamento de Microbiología de la Facultad de Biología de la Universidad de Barcelona y una de las responsables del ‘Estudio Sanytol sobre los gérmenes en el hogar’, que revela que la mitad de los españoles no desinfecta los suelos de madera, que cuatro de cada seis no limpia convenientemente los juguetes y que más de un 20% de los ciudadanos solo emplea la lejía para desinfectar el inodoro, "a pesar de que es uno de los productos más eficaces para evitar, por ejemplo, intoxicaciones alimentarias", añade Alberto Alcolea. "Las frutas pueden limpiarse bajo el agua, pero los productos que se añaden a la ensalada han de dejarse cinco minutos a remojo con un poquito de lejía para asegurarnos que bacterias como la ‘Escherichia coli’ (responsable de la mayoría de diarreas) sea eliminada".

Bacterias como la ‘Salmonella’, el ‘Campylobacter’ o la citada ‘Escherichia coli’ (los patógenos intestinales más comunes) pueden permanecer hasta dos semanas en una esponja húmeda, advierte por su parte Muniesa en el estudio.

Por habitaciones

En el dormitorio, por ejemplo, además de airear a diario y limpiar regularmente no solo la ropa de cama, sino también la colcha, hay que limpiar a fondo los armarios al menos dos veces al año. Si es un dormitorio infantil, hay que prestar atención a los juguetes, que apenas se limpian y que se convierten en focos de microbios. Ya en el salón, hay que evitar estancias muy abarrotadas, porque serán más difíciles de limpiar. Guardar de una vez figuritas y recuerdos y dejar superficies lisas para que un trapo húmedo pueda limpiar el polvo y cualquier germen que allí se deposite. Es muy importante pasar el aspirador por la superficie del sofá una vez a la semana, al igual que las alfombras.

La limpieza de la mesa del comedor merece una mención especial: no vale con pasar una bayeta húmeda. Debe limpiarse antes y después de cada comida con una bayeta desinfectada. ¿Cómo lograr que en ese trapo húmedo no se acumulen las bacterias? Los expertos aconsejan limpiarla cada día: con un poco de jabón como mínimo. Los hay que la dejan a remojo por la noche con un poco de lejía e incluso existe una leyenda que aconseja meterla tres minutos en el microondas para matar gérmenes con el calor. "Como sea, deben limpiarse bayetas y estropajos, por que es ahí donde encontramos uno de los focos más peligrosos de contagio, ya que se trata de elementos que pueden trasladar organismos que después entrarán en contacto con la comida", incide Alcolea.

En la cocina, además de la encimera, que debe desinfectarse cada día, deben correrse los electrodomésticos dos veces al año para limpiar por detrás. Los armarios también es conveniente vaciarlos dos veces, pero los pomos y manillas se tienen que limpiar cada día. "Pero más importante es aún prestar atención a las tablas de cortar y los utensilios que usamos –continúa Alcolea–. Un utensilio que ha estado en contacto con alimentos que vamos a cocinar (carnes) no debe luego entrar en contacto con otros que comeremos crudos (verduras). Es decir, que si cortamos trozos de carne en una bandeja no podremos luego volver a usar esa superficie o el cuchillo para cortar el tomate o la lechuga. Los organismos que pueda traer consigo la carne se eliminarán durante el cocinado, pero no será así si pasan a la verdura".

En general, para todo el hogar se recomienda una limpieza a tres niveles: cada día, hay que prestar atención a esas zonas de ‘contacto’, como las manillas y pomos, la puerta de la nevera, encimera, mesas.... En un segundo nivel estaría el resto del hogar, cocina y el baño tienen que limpiarse cada día y también hay que barrer el suelo y limpiar el polvo. Una vez a la semana, como mínimo, debe cambiarse la ropa de cama y prestar atención a los sofás y sillones, porque nos pasamos muchas horas tumbados en ellos. Y prestar atención al mando a distancia de la televisión, porque es uno de los mayores focos de infección en el hogar. Investigadores de la Universidad de Virginia hicieron hace un tiempo una prueba en la que participaron 50 hogares. Tras coger muestras de la superficie del mando a distancia encontraron en la mitad de ellos virus del resfriado. Y algo similar ocurre con los teclados del ordenador y los móviles. En un estudio de 2011, un equipo de especialistas de la Universidad Queen Mary de Londres viajó a 12 ciudades británicas y tomó muestras de 390 móviles y de las manos de sus usuarios: uno de cada seis móviles tenía restos de heces.

Duchas y grifos

Como experto en Salud Ambiental, Alberto Alcolea recuerda que los grifos y duchas del hogar pueden ser foco de cultivo de bacterias de legionella. "Por lo general el cloro en la depuradora elimina todo rastro de estas bacterias, pero puede ocurrir que el agua se deposite en un punto intermedio entre nuestro hogar y esa depuración. En ese caso, puede haber un riesgo de contagio. También si hay incrustaciones de colonias de esta bacteria que el cloro no es capaz de limpiar". La legionella es una bacteria que se desarrolla sobre todo en las aguas estancadas y su forma de propagación es por vía aérea. Para que nos contagie, tenemos que respirarla o bien han de alcanzar nuestros pulmones gotas en las que se encuentran. Hay que evitar los filtros en los grifos: pueden retirar la cal, pero crearán espacios donde se acumula el agua y que pueden ser hogar de estas bacterias. Y también hay que prestar atención en las segundas viviendas: en esos grifos de poco uso hay que dejar correr el agua unos minutos antes de utilizarla, para que llegue el líquido con cloro y mate las bacterias. "Y, por supuesto, hay que limpiar periódicamente boquillas de grifo, alcachofas de ducha..., meterlos en agua con un desinfectante (puede ser lejía) para cuidarnos en salud", destaca el técnico de la DGA.

Y, por supuesto, más allá de la limpieza del baño y de la cocina. De la desinfección de estropajos y bayetas y del cuidado de encimeras y mesas, están nuestras propias manos. Porque según el último Estudio de Hábitos Higiénicos, cuatro de cada diez niños aragoneses no se lava nunca las manos; en España, el 60% de los ciudadanos no se las limpia después de ir al baño y solo cuatro de cada diez lo hace después de toser. Desde la Sociedad Española de Microbiología recuerdan que el jabón supone una barrera contra las enfermedades.

La leyenda de los "cinco segundos"

Existe una teoría muy extendida que asegura que se puede coger un trozo de comida del suelo si no han trascurrido cinco segundos. ¿Verdadera o falsa? Experimentos científicos han demostrado que es errónea. El investigador Paul Dawnson, de la Universidad de Clemson, en Carolina del Sur (EE. UU.), demostró que las bacterias se transfieren del suelo a la comida de manera inmediata, aunque sí es cierto que cuanto más tiempo pasa más bacterias pueden transferirse.

Más que el tiempo, lo que influye es el tipo de suelo donde ha caído la comida. ¿Madera, baldosa, moqueta..., dónde habrá más gérmenes? El experimento de Dawnson dio otra sorpresa al señalar que había más gérmenes en la madera y la baldosa que en la moqueta. Aún así, poca diferencia hay, porque investigaciones de la Universidad de Nueva York destacan que en 6 cm2 de un suelo enmoquetado hay 4.000 veces más bacterias que en el inodoro, donde conviven unas 200.000 en esos seis centímetros. Y en un parqué o baldosa habrá todavía más.

En el móvil

Las pantallas de los ‘smartphones’ pueden contener 30 veces más bacterias que las que hay en la taza de un inodoro, según investigadores de la Universidad de Barcelona. En los hogares españoles hay una falta importante de desinfección en "zonas olvidadas", como bayetas, estropajos, vasos de cepillos de dientes y la goma de la nevera.

Nuestra nube personal

Las bacterias nos rodean. Hasta un millón de partículas biológicas emite un ser humano cada hora. La ‘nube’ bacteriana permite identificar a un individuo. Un experimento ha demostrado que cada uno de nosotros tiene un aura de bacterias, una especie de firma personal microbiana que nos podría identificar.

¿Son tan malas?

Esa nube de bacterias se transfiere a nuestro alrededor. En un contacto íntimo, a una velocidad de un millón cada hora. No son tantas: el cuerpo humano tiene unos 39 billones de bacterias y la gran mayoría son beneficiosas y necesarias para nuestra supervivencia. Otras son inocuas y solo unas pocas pueden resultar contagiosas.

En la barba

El vello facial está de moda, y tiene su contrapartida: investigadores del Reino Unido calcularon que una barba tiene hasta 20.000 bacterias. No supone un riesgo para la salud pero sí pueden acumular virus del resfriado, por ejemplo, que pasarían fácilmente a otra persona.

Lavarse es salud

Se calcula que hasta un 50% de los casos de gripe podrían prevenirse si la gente se lavara las manos cinco veces al día, según la OMS. La falta de higiene es la principal causa de contagio.

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