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Tercer Milenio

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A toda máquina... pero con el menor ruido

Convivimos con las máquinas y la normativa vela por que el ruido no nos dañe. Una jornada en Itainnova facilita su aplicación a los fabricantes.

Medida del ruido emitido al ambiente por una máquina elevadora
Medida del ruido emitido al ambiente por una máquina elevadora
Itainnova

¿Con cuántas máquinas se ha cruzado en su último trayecto urbano? Convivimos con ellas y con el ruido que generan. Dos directivas velan por que nunca superen los límites y perjudiquen nuestra salud ni la de quienes las manejan. Itainnova celebra hoy miércoles una jornada dedicada a facilitar a los fabricantes la interpretación y aplicación de esta legislación.

El motor de combustión, el sistema de refrigeración, los componentes hidráulicos, la herramienta utilizada o el tren de rodaje de una máquina tienen algo en común: hacen ruido. Un ruido que puede ser mucho más que una molestia.

El ruido de las máquinas «puede provocar problemas de salud, sobre todo pérdida de audición por exposición prolongada a niveles altos. También causan molestias las máquinas que se usan al aire libre tanto en obras de construcción como en trabajos de jardinería y limpieza de calles», detalla Ignacio Aínsa, responsable del Laboratorio de Acústica del Instituto Tecnológico de Aragón (Itainnova). Por ello, el ruido de las máquinas se considera un problema medioambiental. «La protección de la salud y el medio ambiente son las motivaciones para regular el ruido que emiten las máquinas», señala.

La maquinaria para construcción es una de las categorías que se encuentran más duramente reguladas, ya que suelen emitir niveles elevados de ruido y se utilizan mayoritariamente al aire libre, «lo que supone un riesgo para la salud no solo de los trabajadores que utilizan las máquinas, sino también para los ciudadanos que se encuentran próximos», indica Sergio Serrano, responsable técnico de la Asociación Española de Fabricantes Exportadores de Maquinaria para Construcción, Obras Públicas y Minería (ANMOPYC).

Por ello, en la Unión Europea, máquinas como excavadoras, cargadoras, dúmperes, compactadores, grúas torre, grúas móviles, carretillas elevadoras, compresores o grupos electrógenos están sujetas a valores límite de emisiones sonoras.

En el Laboratorio de Acústica y Vibraciones de Itainnova se realizan ensayos para obtener los valores de emisión de ruido y vibraciones que pide la normativa vigente. Además se hacen proyectos de reducción de ruido de máquinas y diseño de bajo ruido.

Dos directivas europeas y muchas dudas entre los fabricantes
¿Qué categorías de máquinas están sujetas a límites de ruido? ¿Cuál es el método de medición de ruido que debo utilizar? ¿Qué información ha de proporcionarse en el manual de instrucciones y en la declaración CE de conformidad? ¿Qué valor tengo que indicar en el marcado de la máquina? Son algunas de las dudas que se plantean los fabricantes a la hora de aplicar las dos directivas europeas que regulan el ruido emitido por las máquinas: la Directiva 2006/42/CE de máquinas –que establece requisitos de seguridad y salud para reducir los riesgos asociados a ellas, entre los que figura la exposición al ruido– y la Directiva 2000/14/CE, relativa al ruido emitido por máquinas de uso al aire libre.

Sus diferentes enfoques «conllevan que exista una cierta confusión a la hora de aplicarlas, especialmente por aquellos fabricantes que no están familiarizados con la normativa técnica», reconocen desde Anmopyc. Desde Itainnova, Ignacio Aínsa señala que «la interpretación y aplicación de estas directivas produce muchas dudas tanto a nivel administrativo como a nivel técnico». Los fabricantes se preguntan en qué casos deben acudir a un organismo notificado para hacer la certificación o si pueden medir el ruido de la máquina en sus instalaciones. Las dudas sobre los matices prácticos que venimos observando en el sector han motivado a Anmopyc e Itainnova a organizar la jornada sobre ‘Aplicación práctica de la normativa relacionada con el ruido producido por las máquinas’ que se celebra hoy miércoles a partir de las 10.00.

A este problema de interpretación, Sergio Serrano, de Anmopyc, añade la falta de un incentivo económico. «La reducción del nivel de ruido en máquinas, especialmente en aquellas que están sujetas a límites admisibles de ruido, supone a los fabricantes un coste considerable que no suele ser valorado por el mercado como cabría esperar».

En su opinión, «el hecho de que los usuarios no consideren el ruido como un factor significativo en la toma de decisiones de compra ha conducido a que fabricantes de máquinas no conformes hayan ganado cuota de mercado frente a fabricantes españoles que se esfuerzan por cumplir la normativa». Para eliminar esta competencia desleal reclama «una vigilancia de mercado más activa y coordinada en materia de ruido por parte de las autoridades competentes».

El silencio no existe
«Al pasar junto a una obra siempre escuchamos máquinas. Si su ruido es más alto de lo normal, molesta de inmediato; en cambio, las máquinas silenciosas se vuelven invisibles para los que pasan cerca y son geniales para el que las tiene que manejar». Pero no nos engañemos: el cero ruido «no existe, basta con bajar el ruido hasta situarlo a la par o por debajo del ruido del ambiente». Así lo explica Ignacio Aínsa.

Existen muy diversas tecnologías de reducción de ruido, «pero se basan en los mismos principios: reducción de emisiones en la fuente, aislamiento de ruido aéreo y de vibraciones y absorción. Los ejemplos pueden ir desde un sencillo silenciador de tubo de escape hasta un control activo de ruido: emitir otro ruido a contrafase que elimina el ruido original».

La fase de diseño es el momento de aplicar estas tecnologías y aplicar criterios para que la máquina sea más silenciosa. «Tras el ensayo de ruido sobre el prototipo ya construido también se está a tiempo de aplicar soluciones de reducción, pero entonces hay menos margen de mejora, cuestan más que en el diseño y retrasan el lanzamiento al mercado».

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