Sociedad

Verano, tiempo para reforzar la convivencia familiar

La flexibilidad de horarios y una mayor relajación nos permiten levantar el pie del acelerador y disfrutar de la familia con mayor sosiego y tranquilidad.

El descanso estival es muy propicio para buscar situaciones y escenarios que nos permitan apuntalar los vínculos afectivos y reforzar la convivencia familiar.
El descanso estival es muy propicio para buscar situaciones y escenarios que nos permitan apuntalar los vínculos afectivos y reforzar la convivencia familiar.
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Muchos padres sueñan con la llegada de las vacaciones de verano para dedicar a sus hijos todo el tiempo que no han podido ofrecerles el resto del año. Aunque este entusiasmo debería estar bien gestionado y repartido durante los 12 meses, es cierto que el descanso estival es muy propicio para buscar situaciones y escenarios –excursiones, acampadas, juegos, reuniones...–, que nos permitan apuntalar y renovar los vínculos afectivos, así como reforzar la convivencia familiar.

¿Pregúntales qué quieren hacer?

La flexibilidad de horarios y una mayor relajación nos permiten levantar el pie del acelerador y disfrutar de la familia con mayor sosiego y tranquilidad. Bajo estas premisas, podemos canalizar todo este raudal de tiempo libre para dar rienda suelta a la expresión de los sentimientos y hacer una buena puesta a punto del área emocional. Y para empezar con buen pie, ¿por qué no les preguntamos primero qué es lo que quieren hacer?; si se trata de potenciar la comunicación con nuestros hijos, merece la pena acercar posturas y no imponer solo nuestro criterio. Así evitamos posibles frustraciones y conflictos.

Es el momento de contar tus ‘batallitas’

Psicólogos y educadores recomiendan sacarle todo el jugo a esas distendidas comidas y cenas veraniegas en familia –con la televisión apagada, por favor– para conversar y charrar de nuestras cosas, para acercarnos a ellos, para conocernos mejor y para aprender los unos de los otros. Ahora, por ejemplo, es cuando procede sorprenderlos con esos episodios tan divertidos sobre los ya míticos veranos de nuestra infancia. Hay cosas que, afortunadamente, nunca cambian y las ‘batallitas’ siempre gozan del favor del público y refuerzan ese lazo familiar que tan fuertemente nos une.

A cada edad, lo suyo

Como en economía, se impone diversificar y saber darle a cada edad lo que le corresponde. En este contexto, algunos expertos juzgan muy acertado dedicar algo de tiempo –por ejemplo una tarde– a cada uno de los hijos, por separado. Esta estrategia funciona muy bien sobre todo con los adolescentes. Pero ahora toca escuchar, casi más que hablar. Tenemos una excelente oportunidad para conocer sus inquietudes e intentar aportar soluciones si de la conversación se desprende algún problema. Si nosotros nos abrimos, ellos también lo harán. Por imperativo generacional, la relación con los adolescentes suele ser tensa; aprovechemos pues este minuto de oro para limar asperezas y reconducir la relación; y, como estamos dialogando, lo peor que nos podría pasar es que esta conversación degenerara en una acalorada discusión.

Y si las vacaciones han servido a este proyecto de convivencia familiar, sería una lástima que terminara con ellas y no supiéramos darle solución de continuidad.

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