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Sociedad

¿Por qué huele tan mal el sudor?

No se puede evitar la transpiración, pero sí hay maneras decontrolar el mal olor corporal.

El sudor, compañero inevitable de los calores veraniegos.
El sudor, compañero inevitable de los calores veraniegos.
Pixabay

Ay, el verano: con su calor, con el sol, con las axilas sudorosas... porque, admitámoslo, todos sudamos cuando las temperaturas son muy altas, aunque no todos vamos aromatizando el mundo con el mal olor de nuestro cuerpo.

Las axilas se llevan la palma, pero también los pies se convierten en ambientadores de lo más desagradables en estas fechas veraniegas.

En realidad, el sudor no huele. Lo hacen las bacterias y los hongos que se instalan en nuestra piel y se alimentan de las sustancias de deshecho del sudor. En ese proceso, se general el olor que tanto molesta.

Además, las características de las distintas zonas de cuerpo ayudan a que algunas sean más olorosas que otras.

Tenemos dos tipos de glándulas sudoríparas: las ecrinas y las apocrinas. Las primeras son las encargadas de la termorelgulación del cuerpo y segregan solo sudor (agua con sales disueltas). Las apocrinas están en zonas como las axilas o los genitales y, además, de sudor, excretan un fluido grasiento que aparece, sobre todo, en situaciones de estrés. Este último es un verdadero manjar para bacterias y hongos, que proliferan en esas zonas.

No olvidemos, además, que estas partes del cuerpo está menos ventiladas que otras, lo que genera un ambiente húmedo ideal para el desarrollo de microorganismos.

Lo mismo ocurre con los pies, en los que los principales culpables del mal olor son el calor y la humedad que se acumulan cuando llevamos muchos tiempo los zapatos puestos. O cuando usamos varios días seguidos el mismo calzado, sin dejar que se seque el sudor acumulado dentro.

Por eso, contra el sudor, nada como una buena higiene. No siempre podemos luchar contra los malos olores -también influye en ellos la alimentación, si tomamos alguna medicación o tenemos determinados problemas de salud-, pero con un cuerpo limpio y frecuentes cambios de ropa y de calzado minimizaremos las posibilidades de atufar a nuestros congéneres.

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