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Sociedad

La galaxia pierde a su princesa más infeliz

Depresiva, adicta durante años a drogas diversas, la mítica Leia siempre defendió que la trilogía de George Lucas le arruinó la vida.

Carrie Fisher junto a George Lucas.
Carrie Fisher junto a George Lucas.
Afp Photo

"Debes ser buena escritora y tienes material de sobra. Tu madre es maniaco-depresiva, tu padre es gay, tu abuela baila claqué y tu abuelo ase inyectaba anfetaminas. Si esto te parece gracioso, te salvará la vida". Con esta clarividencia, Carrie Fisher aconsejaba a su hija Billie, que quería ser escritora. Era un resumen descarnado, clarividente y cruento de una actriz, hija de Hollywood, que vivió en un carrusel emocional durante toda su vida. Sesenta años que se apagaron después de que la actriz no superase las secuelas del infarto que tuvo en un vuelo entre Londres y Los Ángeles el pasado viernes.

El humor siempre fue la válvula de escape para este alma frágil, que relataba en su libro 'Wishful Drinking' -después pasó a ser una obra de teatro de éxito y un documental, 'La verdadera historia de la princesa Leia'- sus demonios, que comenzaron en el mismo momento de nacer. Su padre, el cantante Eddie Fisher, se desmayó al ver la placenta. El personal sanitario le fue a atender mientras dejaban a la recién nacida, sin que nadie se preocupara de ella. Sola estaba cuando probó el primer porro. Tenía 13 años y se lo ofreció su madre, la actriz Debbie Reynolds -una de las protagonistas de 'Cantando bajo la lluvia' o 'La conquista del Oeste' y todavía en activo a sus 84 años- . En principio dijo que no, pero luego se lo fumó en la casa del árbol.Fue adicta hasta los 19 hasta que tuvo "un mal viaje" y decidió "apostar por otras drogas". Eran los setenta y los alucinógenos estaban a la orden del día. Fisher los probó sin mesura, desconociendo sus problemas mentales.

Entonces llegó 'La guerra de las galaxias', su ascenso a a la cultura popular y global y puerta de entrada a sus infiernos más personales. "Me arruinó la vida", recordaba en numerosas ocasiones. Para conseguir el papel tuvo que adelgazar 30 kilos para imponerse a otras candidatas como Jodie Foster o Amy Irving. "Debes luchar por la ropa que vistas, no seas una esclava como lo fui yo", le dijo Fisher a Daisy Ridley cuando se encontraron en el set de 'El despertar de la Fuerza'. Fue el regreso de Fisher y Mark Hamill al mundo de 'Star Wars' tras años de abandono. La presencia testimonial de George Lucas fue uno de los motivos fundamentales para que dos de los tres protagonistas principales -junto a Harrison Ford- aceptaran volver al capítulo firmado por J. J. Adams.

La eclosión de 'La guerra de las galaxias' en 1977 coincidió con el inicio de su tumultuosa relación con Paul Simon. Siete años de relación, un año de casados y aventuras varias de ella de por medio. La más sonada, con Dan Aykroyd; la más desconocida, hasta la aparición de su biografía, con Harrison Ford. "Con Dan tenía todo preparado, hasta los papeles de la boda. Pero volví con Paul", recordaba en sus memorias. El fugaz matrimonio se rompió en 1984. Para entonces, Fisher ya había intentado desengancharse varias veces de las drogas. Durante el rodaje de 'El imperio contraataca' (1980), una sobredosis de cocaína casi acaba con su vida; y, tres años más tarde, en 'El retorno del Jedi', estaba enganchada al LSD. Entonces, su madre, que vivía puerta con puerta buscó ayuda para su hija. Lo encontró en Cary Grant.

La carrera de Carrie Fisher languidecía en películas menores, a lo que no ayudó Bryan Lourd. Después de tres años de relación y cuando iba a nacer Billie en 1992, él le declara su homosexualidad y se larga. Fisher se volvió a hundir, pero sacó algo positivo. Por fin tuvo un diagnóstico a sus problemas mentales: era bipolar. Y decidió escribir. Fue su válvula de escape y su mansión, el cobijo de compañeros y amigos. Hasta que encontró a Gregory Stevens, un asesor republicano, muerto en su casa. «Volví a estar chiflada y a tomar drogas», reconoció en 2008. Fisher volvió a luchar y a salir a flote gracias a los libros. Siempre con el humor como terapia.

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