Sociedad

Tercer Milenio

Percepción. Música y sabor

Hoy publicamos los resultados del 'ensayo on line' que Tercer Milenio ha realizado acerca de la influencia del ruido ambiental en la percepción de lo sabroso y crujiente que es un alimento. Comprueba si las experiencias que nos han contado nuestros lectores se parecen o no a las de los participantes en un estudio ¿serio¿ que se realizó en una universidad británica.

Para hacer tú mismo este experimento, necesitarás un aperitivo, dulce o salado, bien crujiente
snack
HERALDO

¿TE APETECE UN APERITIVO?

Para participar en el siguiente experimento solamente necesitas hacerte con un aperitivo, dulce o salado pero que sea crujiente, y disponer de un equipo de música. Come la mitad del ‘snack’ en el más completo de los silencios -o, al menos, en el mayor silencio que consigas- y valora la intensidad del sabor del alimento en una escala de 0 a 5, siendo el 0 lo más insulso y el 5, el máximo de intensidad de sabor. Valora también lo crujiente que te resulta en una escala análoga, donde el 0 signifique nada crujiente y el 5, lo más crujiente. A continuación, consume la otra mitad del ‘snack’ con la más estruendosa ‘banda sonora’ que tengas en tu discoteca como ruido de fondo y valora de nuevo, empleando la misma escala, la intensidad del sabor y lo crujiente que te resulta.

¿Has apreciado alguna diferencia entre la primera y la segunda ingesta? ¿Tal vez la realizada con ruido de fondo te resultó menos sabrosa, salada o dulce pero más crujiente (una propiedad relacionada con el sonido, al contrario que las anteriores? De ser así, has llegado a los mismos resultados alcanzados por investigadores de la británica Universidad de Manchester, en un estudio publicado en la revista especializada ‘Food Quality and Preference’.

En el estudio original, cuarenta y ocho voluntarios testaron lo dulce y lo salado, además de lo crujiente, que les resultaban unos bizcochos y unas patatas fritas en ausencia de ruido o con ruido de fondo, emitido a través de unos auriculares. Los resultados: los alimentos les resultaban menos salados o dulces, y en general menos sabrosos, en presencia del ruido. Y por el contrario los percibían más crujientes que cuando los ingerían en silencio.

Pero quizás lo más curioso es que este estudio atiende al intento de comprobar una corazonada sobre una cuestión de lo más anecdótica: ¿por qué la comida de los aviones nos resulta tan insulsa?

De paso, y dado que nosotros hemos planteado este ‘experimenten’ con música -mejor o peor, pero música al fin y al cabo- y no con ruido propiamente dicho, ya podemos aprovechar para avanzar en otra cuestión sobre la que se disponen a trabajar los investigadores: si lo mucho o poco que nos guste el ‘ruido’ de fondo afecta asimismo a nuestra percepción del sabor y de la textura del alimento.

Para profundizar en esta cuestión, hazte con otro ‘snack’ y repite el experimento, pero ahora ingiriendo la primera mitad con lo mejor que tengas en tu discoteca y la segunda con lo peor (¿tal vez una sesión de bakalao?) Y, por cierto, ¿intensificará la música bakalao el sabor salado?, ¿y escuchar el mítico tema ‘Sabor salado’ de Los Ronaldos?-.

ENSAYO 'ON LINE'

Hace unos días, pedimos a nuestros lectores que participaran en un ‘experimento’ divulgativo. Después de degustar el aperitivo de su elección, primero en un ambiente silencioso y después con música estruendosa, les pedimos que nos contaran su percepción respondiendo a las siguientes preguntas:

 

1. ¿El ‘snack’ te resulta más sabroso en silencio o con música ruidosa? 2. ¿El ‘snack’ te resulta más crujiente en silencio o con música ruidosa?
Los participantes en nuestro segundo ‘Experimenten’ tenían en ocasiones una teoría previa a la comprobación empírica. Ese era el caso de Cristina: “Antes de hacerlo, mi teoría es que tiene que saber mejor si oyes más el ‘crunch, crunch’. He oído a Arzak decir que busca incluir diversas texturas y también algo crujiente como algo que aporta un plus a un plato. Si, al estar en silencio, se potencia el carácter crujiente del alimento, disfrutaremos más de él. Además, al no distraerte con nada, te concentras plenamente en el sabor”.

Algunos participantes van un poco más allá. Teresa siempre ha pensado “que la acústica de una cafetería o un restaurante influye mucho en la opinión que tenemos del establecimiento. ¿Puede que sea no solo porque un ambiente poco ruidoso favorezca la conversación, sino también porque lo que degustemos, simplemente, nos sepa mejor?”, se pregunta. Pero basta de especulaciones, ¿qué resultado tuvo su experiencia? La torta de anís le supo a Cristina más sabrosa y crujiente en silencio que con la canción de Beyoncé que sonaba en la radio. En silencio, Teresa cuenta que “los aros de maíz llenan mi boca de sabor, pero también pienso que la sensación es más intensa ahora que estoy empezando la bolsa”. A continuación, elige ‘Living on a prayer’, de Bon Jovi, con cascos y, “para mi sorpresa, todo suena mucho más en mi cabeza. Un 5 para lo que cruje, pero el sabor ha palidecido un pelín. Baja de 5 a 4. Ahora intento probar mi teoría con el sabor. Dejo de comer un rato y vuelvo a la carga con ‘You give love a bad name’. ¡El sabor recupera el pódium!”, nos cuenta. Por su parte, Julia ha escogido ‘Eat the rich’, de Aerosmith, para la parte sonora. En su opinión, los conos de maíz crujen igual que en silencio, pero saben menos con música. No todos han percibido lo mismo. Manuel se concentra más en el sabor estando en silencio y también le resulta más crujiente sin música. Ana le da un 4 al sabor en silencio y un 2 con música. Su aperitivo le ha resultado más crujiente en silencio (5) que con música (3). Y, en resumen, prefiere algo de música pero con un volumen no muy alto.

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