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Sociedad

Tercer Milenio

Aragón se convierte en aula medioambiental

Más de 60 estudiantes y profesores de siete países europeos han conocido sobre el terreno los ecosistemas que convierten a Aragón en el territorio que presenta el mayor gradiente ambiental de Europa. Los acusados cambios ambientales de la geografía aragonesa, de los desiertos monegrinos al entorno alpino del Pirineo, permiten armar un temario muy rico en contenidos que conecta la naturaleza con la realidad socioeconómica, fundamentalmente del medio rural.

Jornada del curso Erasmus Sustmont en la zona del Aiguabarreig
AIGUABARREIG

CURSO ERASMUS SUSTMONT

El Aiguabarreig, donde confluyen el Segre, el Cinca y el Ebro, con Mequinenza al fondo, es un enclave perfecto para dar una clase de medio ambiente sobre el terreno y en total conexión con la sociedad y la economía de la zona. La actividad de La Carbonífera del Ebro da pie para hablar de cómo se restauran los taludes de la minería, mientras los estériles del carbón que van a parar al embalse conectan con el tema de la fauna que lo habita. Los alumnos conocen cómo el siluro, especie invasora cuya introducción supuso un desastre medioambiental en los años setenta, atrae hoy el turismo a Mequinenza. Desde allí también se divisa un parque eólico en construcción, por lo que se aborda el tema del impacto ambiental de estas instalaciones. Es solo un ejemplo de lo que puede dar de sí un lugar bien elegido en el marco de un curso universitario itinerante por diversos espacios naturales aragoneses.

Del 2 al 12 de junio, 36 estudiantes de Ciencias Ambientales, Agronomía e Ingeniería procedentes de siete países europeos han participado en el curso intensivo Erasmus Sustmont: ‘Herramientas de desarrollo rural sostenible en el marco del cambio climático en áreas de montaña europeas’. David Badía, profesor del Campus oscense de la Universidad de Zaragoza, es uno de los directores del curso junto a los investigadores Federico Fillat y Daniel Gómez, del CSIC, y otros tres colegas extranjeros. Explica que “el recorrido, que cruza el Valle del Ebro para acceder al Moncayo y terminar en el Pirineo central permite mostrar los valores naturales de cada escenario y los usos del territorio; también sirve de punto de partida del debate sobre los conflictos entre los diferentes usos y las alternativas sostenibles planteadas”. Las jornadas incluyen también actividades prácticas como el anillado de pájaros o mediciones de la salinidad. Cada día, se completan cerca de doce horas en pie, conociendo nuevas cosas. Veinticinco profesores, entre ponentes y coordinadores, bajo la dirección del investigador austríaco Alexander Cernusca, llevan adelante esta iniciativa.

Esta fórmula de curso itinerante, impartido en cada zona visitada por expertos que investigan allí, despierta gran interés: las solicitudes doblan las plazas. Este año se alcanza la décima edición. Entre los estudiantes, predominan los austríacos (14, de la Universidad de Innsbruck), seguidos de los italianos (diez de Trento y dos de Padua), también hay portugueses, estonios, eslovacos y españoles. ¿Qué les sorprende más de nuestros ecosistemas? Badía señala que “a un austríaco o un italiano de la zona de los Alpes no le impresiona un hayedo o un glaciar pero sí las condiciones climáticas tan áridas de los Monegros, especialmente las saladas o la posibilidad de ver ‘en crudo’ las capas de arcillas, algo que ellos no conocen porque en sus países todo está cubierto de verde”. Un simple riego por aspersión puede ser algo totalmente nuevo si se viene de un país donde llueve y no hay necesidad de regar. “Esta interacción con gentes y ecosistemas de otros países es muy positiva”, destaca Badía. “A lo mejor alguno de estos alumnos es el día de mañana comisario europeo de agricultura -comenta de forma distendida- y es bueno que conozcan la variedad de la problemática de la Unión Europea”.

UN ABANICO NATURAL

El escenario del curso Erasmus Sustmont no se ha elegido al azar. Su recorrido cubre el mayor gradiente ambiental de Europa. “En 200 kilómetros pasas de condiciones ambientales subdesérticas o esteparias a entornos alpinos, a 3.000 metros de altitud”. Tras unas primeras sesiones teóricas en Barcelona, el periplo comenzó en Fraga, para seguir por el Aiguabarreig, en el Bajo Cinca, los desiertos de los Monegros y Bardenas Reales, el Moncayo, las sierras prepirenaicas de Loarre y los Pirineos (valles de Hecho y Ordesa).

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