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«La esquizofrenia es el diagnóstico que tengo, pero no es lo que soy»

La presidenta de Asapme, Ana Iritia, explica cómo es convivir con una enfermedad mental.

Ana Iritia, presidenta de Asapme.
Ana Iritia, presidenta de Asapme.

"No soy solo un diagnóstico médico, sino que soy una persona como las millones que viven en España con discapacidad". Así de decidida se muestra Ana Iritia a la hora de hablar de su enfermedad. Cuando los síntomas aparecieron todavía estaba en la universidad, tenía 24 años. "Yo estudiaba y sacaba buenas notas, pero llevaba un tiempo deprimida sin diagnosticar, tenía la autoestima por los suelos y, además, le detectaron una enfermedad a un familiar. Unos factores que hicieron que desencadenara una enfermedad mental", explica Iritia. 

Desde el primer brote hasta que le diagnosticaron esquizofrenia pasaron cinco años. Una época de miedos, visitas médicas constantes y en la que el apoyo de su familia fue fundamental. "Estaban pendientes de mi las 24 horas del día. Mi hermana me acompañaba a las clases, se quedaba esperándome y los días que iba más lenta por los efectos de la medicación se colaba en el aula para cogerme los apuntes", recuerda Iritia. Pero, pese a tener la ayuda incondicional de sus familiares, no fue fácil. "Al principio, un médico me dijo que en tres años ya no podría hacer nada. Por suerte, fui a otro que me animó a hacer cosas y a seguir con mi vida normal. Aun así fue muy duro. Me costó bastante porque, aunque yo sabía que tenía una enfermedad mental, es muy difícil asumir que tienes una discapacidad", explica. 

Pese a este impacto inicial, Ana consiguió romper todas las barreras que tenía impuestas y desmontar todas las etiquetas, porque, como ella misma reconoce, "la esquizofrenia es lo que tengo, pero no es lo que soy". En la actualidad, es la presidenta de la Asociación Aragonesa Pro Salud Mental, Asapme. "Entré en la asociación hace cinco o seis años y hace tres me propusieron ser vocal. Cuando yo entré ya había una persona con enfermedad mental en la junta directiva, pero nunca había habido un presidente, hasta que el año pasado fui elegida. Este es un reflejo del cambio que se ha producido en la asociación y en la sociedad, pues ahora podemos decidir y participar en los órganos directivos y eso es muy importante", argumenta. 

Su trabajo en la asociación y su propio esfuerzo personal fueron reconocidos el año pasado con el premio de Zaragozana Ejemplar. Un galardón que, según explica, no fue solo para ella, sino para "todas las personas que hay detrás, para Asapme y todas las mujeres luchadoras que acaban con los prejuicios".

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