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Salud

Heraldo Saludable

"Durante 40 años he tenido calidad de vida y cercanía con el paciente"

José Luis Remartínez es el médico rural del Jiloca, una comarca que apura con él su último mes de consultas antes de que se jubile el próximo 26 de enero.

José Luis Remartínez entrando al consultorio médico de Ferreruela, en las antiguas escuelas.
José Luis Remartínez entrando al consultorio médico de Ferreruela, en las antiguas escuelas.
P. Berné

Un día antes de cumplir los 65, José Luis Remartínez, el médico rural que pasa consulta en siete pueblos del Jiloca, se habrá jubilado. Los vecinos tienen la fecha marcada en el calendario.

"El 26 de enero. ¡Que se nos jubila José Luis!", exclama Mari, vecina de Báguena, de camino al consultorio.

En este pequeño pueblo de la Comarca del Jiloca José Luis Remartínez comienza a pasar consulta cada miércoles. "Primero tomamos un café en el bar con la médica y luego hacemos siete pueblos: cinco yo, y la compañera dos", indica desde el consultorio.

Allí, los vecinos que apuran sus últimas consultas con este médico rural confiesan que no quieren que se jubile y se preguntan quién vendrá en su lugar. "La empatía que tenemos aquí hace que hagamos una medicina diferente. Durante 40 años yo he tenido calidad de vida y cercanía con el paciente, sobre todo en pueblos pequeños como estos", subraya José Luis.

Durante 40 años he tenido calidad de vida y cercanía con el paciente

José Luis Remartínez, el médico rural, atiende a Marcos Berné, "el abuelo del pueblo", como él lo llama, en su casa de Ferreruela.

Su próxima jubilación está siendo 'trending topic' en la comarca, pues los vecinos conocen de sobra el problema que hay para fijar población y atraer a médicos de la capital a plazas rurales como la que él deja. "Yo incentivaría que hubiera concurso de traslados cada dos años y, si formamos a la gente durante cuatro, que pasen unos mesecicos aquí en el medio rural, que rueden por plazas de estas que alguno se quedaría", defiende Remartínez. Isabel Rubio, su compañera, coincide con él en las dificultades que tienen los interinos para acceder a estas plazas y asegura que si hubiera concursos de traslados cada dos años vendría más gente a los pueblos a los que pueda optar con más facilidad para ocupar una plaza de mañanas. "Si no, te castigan toda la vida. Te quedas encasillado y no puedes optar a una plaza de Atención Primaria. Hacen falta concursos cada cierto tiempo y que oferten todas las plazas de la oposición", subraya ella.

Esta es precisamente una de las cuestiones que más preocupan a ambos. No comprenden que, ante la falta de médicos y especialistas que quieran irse al medio rural, saquen 70 plazas y aprueben 40 personas. "Quieren que haga el examen Ramón y Cajal porque ni ellos lo saben contestar. Si sacas 70, cúbrelas todas, con el problema que hay ahora. Los que salen son gente preparada, no como antes que éramos todos chamanes", bromea José Luis. "Si terminan la carrera y se van, cuando todavía no tienen la vida hecha, es más fácil que luego se queden en los pueblos. Pero yo que tengo tres hijos...", confiesa Isabel, que viene todos los días desde Cuarte de Huerva para pasar consulta en San Martín y Burbáguena. El primer día que vino a Báguena, el 1 de diciembre, fue con nieve. "Con José Luis nos vemos a primera hora, tomamos un café rápido y después cada uno lleva su ruta", explica esta médica que estuvo antes de interina en Belchite, aprobó las ultimas oposiciones y cogió esta plaza que, en comparación con otras, -matiza- era de las buenas.

"El Jiloca está muy bien, pero si te sales de la carretera estás perdido. En la zona de la Iglesuela y el Maestrazgo el silencio habla. Cada conversación teníamos él y yo...", ironiza José Luis.

Aun con todo, este médico a punto de jubilarse reconoce que han cambiado mucho las cosas. Las carreteras que hay son mejores, pero todavía hay sitios que quedan muy aislados, lo que hace "evidente" que se incentive a aquellos médicos que cogen esas plazas. "El otro día nevó y, ¡catapum! Y eso que no nieva como antes... Ahora mismo voy a ir a un pueblo y me hago 46 kilómetros dejando el centro de salud libre... Me parece que hay que diferenciar entre un médico de Calamocha, que no se mueve de ahí, y uno de Mosqueruela. Al que tendrían que pagar es al pobre desgraciado que hay ahí. Lo más justo es que los incentivos fueran por plaza y no por centros de salud", reclama en solidaridad con otros compañeros del medio rural.

Cuando ocurre algo grave, José Luis llama al 061 y obedece al coordinador o a la familia para pedir el traslado a Teruel o Zaragoza. En la zona -dice- son unos 800 habitantes y hay dos doctores continuamente, cinco enfermeras y dos médicos de guardia. "El helicóptero y la uvimóvil en 20 minutos vienen. A una señora le dio un edema pulmonar hace poco y el helicóptero en diez minutos estaba aquí. Quitando el medio, esto es lo mejor que hay. Aquí el que se muere es porque se ha de morir", defiende José Luis, que no se cansa de repetir las grandes ventajas que tiene ser médico rural y poder disfrutar yendo de pueblo en pueblo. "Estamos de ruta turística. Conozca la provincia -le dice a un vecino-. Este el rato que mejor lo paso. Con mis abuelicos, que me ajuntan. Cuando vienes aquí ya sabes lo que tienes: tres a por recetas, uno por el ojo y alguna bronquitis ahora en invierno. Yo la artrosis no la curo, pero les quito el dolor. Salvar vidas tampoco salvamos todos los días, pero cariño y risas no faltan nunca", dice con una sonrisa.

Galería:De ruta con el mdico por siete pueblos del Jiloca
Él empezó como médico rural hace más de 30 años, en Mora de Rubielos, a la salida de Teruel. "Allí es donde aprendí a ser médico, que no tenía ni puñetera idea y la gente se fiaba de mí también", alardea. "Siempre he vivido en el pueblo en el que he estado. Yo me baje aquí por estar más cerca de mi mujer, que tenía un cáncer de mama, y mientras aguantó mi suegro me aguantaron mucho. Ahora llevo ya 12 años separado", detalla.

Mantener esta calidad asistencial en la zona reconoce que es "muy caro". José Luis, que aún piensa en pesetas, calcula que el gasto ronda los 12 millones (60.000 euros al mes) por consultorio, entre personal médico y de limpieza, calefacción y otros gastos de mantenimiento. El compromiso, no obstante, por parte de todos los que están es muy grande, y ahora que está a punto de jubilarse confiesa que esa "cercanía" y "confianza" con los vecinos (que hoy son amigos) la echará mucho de menos.

"Aquí me toca hacer de todo. Por quitar una uña del pie en Zaragoza cobran 150 euros y a mí me dan una docena de huevos y a correr. Eso sí, se van todo contentos", dice orgulloso antes de visitar a un paciente a domicilio. "Ahora vamos a ver al abuelo, Marcos Berné, un clásico del pueblo que se va a correr por ahí con 90 años y se fatiga...", bromea. "Le pisas la goma del oxígeno y, ¡ojo! Por su culpa, que tuve que venir a ver si respiraba bien, me di el golpe. La goma le tendría que haber pisado", dice de cachondeo en la consulta de Ferreruela, que se encuentra también en las antiguas escuelas.

- "¿Quién lo va a sustituir ahora?", le preguntan todos.

- "No lo sé, pero pienso venir todos los días a dar mal y a que me mire el azúcar el nuevo", dice poniéndose en el papel de paciente. En la mente de todos, cuando se despide y cierra el consultorio, suena una frase: "Por favor, José Luis, no se jubile".

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